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¿Para qué ir a las urnas en un país donde el proceso electoral está
diseñado para legitimar al Gobierno?
DDC | La Habana | 8 de Julio de 2017 – 10:53 CEST.

Muchos cubanos se quejan de que el día de las “elecciones”, si no han
ejercido su “derecho al voto” en cierto plazo de tiempo, alguien se
presenta en su casa a preguntarles cuándo van a hacerlo. Es por eso que
muchos creen que el voto es obligatorio. Pero no es así.

El Artículo 3 de la Ley Electoral vigente establece que “el voto es
libre, igual y secreto y cada elector tiene derecho a un solo voto”.
Como se explica en el capítulo dedicado al proceso electoral del Anuario
Estadístico publicado por la Oficina Nacional de Estadísticas e
Información (ONEI), “se trata de un derecho constitucional. Es un
derecho y un deber cívico que se ejerce de manera voluntaria y por no
hacerlo nadie puede ser sancionado…”.

Por tanto, quien va a la casa de un ciudadano a cuestionarle si votará o
no es quien viola la ley, y no la persona que, por el motivo que sea,
decide no acudir a las urnas.

Si, de acuerdo con la ley, dejar de votar no puede ser motivo de
sanción, tampoco debería ser motivo de invalidación de un ciudadano para
ocupar algún puesto de trabajo.

Pero en la práctica los cubanos sabemos que “si no votamos, nos
señalamos”. En un país con un solo partido político legal, que “no
propone, ni nomina, ni promueve candidatos”, según se describe en el
Anuario Estadístico, pero que “es la fuerza dirigente superior de la
sociedad y del Estado”, según la Constitución vigente, las elecciones
cumplen la función de legitimar al Gobierno y al sistema político. No
votar es legal… e inconveniente.

Por eso, si usted desea ocupar una plaza laboral en el codiciado sector
turístico, o de profesor en una , no participar en las
elecciones es un punto en su contra. En casi cualquier centro donde
usted se proponga trabajar, le solicitarán una carta del presidente de
su , o enviarán a alguien a verificar su conducta social. Se da por
sentado que usted pertenece a la organización y además ejerce su deber
cívico de votar, porque lo contrario equivale a cerrarse muchas puertas.

Así se logra que usted no deje de ejercer ese “derecho” garantizado por
la Constitución. “Vote por quien usted quiera, pero vote”, parece ser el
mensaje subliminal. “Vote, no para que las cosas cambien, sino
justamente para que todo siga igual”.

Y funciona. La edición de 2015 del Anuario Estadístico dice que “en
todos los procesos electorales que se han celebrado desde el año 1976 ha
participado más del 95% de los electores”.

Pero una lectura del propio Anuario, muestra que en las “elecciones”
para delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular, aunque la
participación ha sido alta, ha habido oscilaciones e incluso una
disminución en el año 2012, último registrado.

En 1981, el porcentaje de participación a nivel nacional fue del 97,2;
en 1984 subió al 98,2%; en 1986, fue del 97,7%; en 1989, alcanzó el
98,3%. Luego, durante 1992y 1995, estuvo un poco por encima del 97%. En
1997 y 2000 subió al 97,6 y 98,1, respectivamente.

En 2002, cayó al 95,8%. Durante 2005 y 2007 se acercó al 96,7%. Pero en
2010, fue del 95,9% y en 2012 cayó hasta el 94,2 a nivel nacional. La
participación más baja se registró en Santiago de Cuba y Camagüey, con
un 93,0%, y La Habana, con un 93,1%.

¿Qué ha ocurrido?

El Anuario Estadístico ofrece datos, pero no un análisis de las causas
de la caída en la participación. Tampoco permite conocer qué porciento
dentro de este 94,2% de 2012 votó en blanco, ni qué porciento anuló su
boleta, opciones que también son absolutamente legales.

Pero en un país donde votar no cambia nada, dejar de hacerlo es al menos
una forma de expresar desacuerdo con el sistema, de no refrendar un
proceso electoral en el que no se cree.

¿Por qué votar entonces?

En primer lugar, porque es nuestro derecho. En segundo, porque podría
ser un medio para que las cosas no sigan exactamente igual.

Con la presencia de ciudadanos no afines al Gobierno ni al sistema
político que aspiran a ser candidatos a delegados a las Asambleas
Municipales del Poder Popular para representar a sus comunidades, cada
voto puede marcar la diferencia.

En este contexto, el mensaje subliminal de las autoridades ya no puede
ser “vote por quien quiera, pero vote”. Aún cuando hay un solo partido
político legal en Cuba nuestro voto esta vez puede servir para algo más
que legitimar al Gobierno y al sistema.

Source: ¿Para qué ir a las urnas en un país donde el proceso electoral
está diseñado para legitimar al Gobierno? | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1499504023_32424.html

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