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En Cuba no mandan los militares (III)
Entonces, ¿quién manda en el país?
Miércoles, julio 12, 2017 | Alexis Jardines Chacón

LA HABANA, Cuba.- A nivel de barrio, o antes bien, a nivel de cuadra,
controla el . En los centros de trabajo controla el Partido
Comunista. Imaginen por un momento que se han disuelto el Partido y los
Comités de Defensa de la Revolución. ¿Qué pasaría? Se termina el control
y, posiblemente, el régimen se venga abajo. No son los militares los que
desempeñan la función de contención y control. Incluso el Departamento
21 del MININT, cuyo objetivo son los opositores, no tendría a quién
recurrir en busca de esa información que, casa por casa, le proporciona
el CDR. Lo mismo puede decirse de todas las instituciones estatales,
desde los ministerios hasta el más modesto chinchal, sin la presencia de
los llamados núcleos del Partido. Y es el Partido, a fin de cuentas,
quien controla también a los CDR a nivel municipal, provincial y
nacional, puesto que solo los militantes del Partido pueden aspirar a
cargos de tal magnitud.

Por último, el artículo 5 de la Constitución de la República de Cuba
deja claro que el Partido “es la fuerza dirigente superior de la
sociedad y del Estado”. Pídanle a Raúl que en lugar de dejar La
presidencia de Cuba (es decir, la jefatura del Consejo de Estado y del
Consejo de Ministros) deje en manos de otro el cargo de Primer
Secretario del PCC y veremos qué contesta. Es obvio que si mantiene el
control del Partido, mantiene el poder.

Veamos, pues, cuáles serían los posibles movimientos del régimen de La
Habana tras la nueva política hacia Cuba del presidente Donald Trump.
Esto nos hará preguntarnos de nuevo por el lugar de los militares en
todo este entuerto.

Escenario 1

Consiste en la depresión deliberada del sector privado. Es este un
escenario diseñado para el exterior y tiene como objetivo culpar a Trump
de las penurias del país y recabar apoyo internacional para el
levantamiento del . En realidad se trata de algo que ya ha sido
anunciado por el canciller cubano y no pasa de ser más de lo mismo. Las
vías para llevarlo a efecto ya las conocemos: grupos de presión (sobre
todo en los ), cabildeo en organizaciones internacionales,
componendas con los gobiernos de la región, etc.

Escenario 2

Aquí hay que traer a colación las partes más visibles de la política de
Trump hacia Cuba:

Firma del Memorando Presidencial de Seguridad Nacional sobre el
fortalecimiento de la política de los Estados Unidos hacia Cuba.
Derogación de la Directiva Presidencial de Obama “Normalización delas
Relaciones entre Cuba y los Estados Unidos.
¿A qué conducen directamente estas dos acciones de Trump? Recordemos los
Lineamientos del VI Congreso del PCC, que son el reconocimiento tácito
del fracaso irreversible de la economía no ya fidelista, sino raulista.
¿Para qué se inventaron las reformas? Para obtener a toda costa
liquidez. Pero, precisamente, Trump apunta con su política a una
reducción significativa del y a la eliminación del comercio
entre las compañías norteamericanas y las empresas vinculadas a las FAR
y al MININT (en este último caso, se trata de los órganos de Seguridad e
Inteligencia). Naturalmente, ambas cosas se implican y entrañan una
drástica reducción de liquidez para el Gobierno cubano.

Sin embargo, desde la perspectiva estadounidense hay un punto oscuro,
relacionado con el alojamiento en los hoteles del Estado (no vinculados
al sector militar). Los militares no necesitan controlar nada, quien
controla en Cuba es el PCC. Y si bien no todos los militantes son
militares, todos los militares son militantes. Ahora bien, en Cuba el
PCC, FAR y MININT, de ser necesario, se convierten —al menos en papeles—
en una sola entidad. Cuando todo depende de la voluntad de un hombre
cualquier cosa puede desaparecer, aparecer o transmutar de la noche a la
mañana. No es el caso de la burocracia estadounidense. Así, pues, no hay
manera alguna de saber si un es controlado o no por los militares.

De los escenarios anteriores se desgajan, a su vez, dos sub escenarios.

Sub escenario 1

Este estaría relacionado con la falsa desmilitarización de la economía.
La misma estaría acompañada de una proliferación del sector privado
revolucionario (el cual debería capturar el dinero de las entidades
norteamericanas dispuestas a negociar con los cuentapropistas).

Sub escenario 2

Este estaría signado por el traspaso del poder a un civil (o la falsa
desmilitarización del mando). De ser necesario, Díaz-Canel abrirá
paulatinamente espacios a la fabricada oposición leal. En el contexto
acotado por el emergente sector privado revolucionario y la oposición
leal no habrá lugar para el auténtico emprendedor ni para el verdadero
opositor.

En suma, puede augurarse que vendrá una pseudoperestroika que
consistirá, básicamente, en el florecimiento de un sector privado
proveniente de las filas de los cuadros del Partido, así como el
reconocimiento de una oposición leal. Esto último es menos probable,
pues el régimen cubano es más dado a aplicar la fórmula de la apertura
económica con apretura política. Por otra parte, es más que posible que
se trate de engañar a Trump, utilizando su disponibilidad de empoderar
al pueblo cubano, para que él mimo construya ese sector privado (que no
cuentapropismo) con un empresariado revolucionario —que ya existe—
graduado por la de Ciencias de la Administración del PCC,
fundada en 2011 por Miguel Díaz-Canel Bermúdez quien, como cuadro de
Raúl Castro, deberá asumir la presidencia del país en 2018 a menos que
tras la muerte de Fidel alguna profunda desavenencia se haya instalado
entre los miembros del Buró Político o entre la familia Castro Espín.

Concluyo diciendo que en el modelo cubano, copia fiel del estalinismo,
el líder dirige a través del Partido (no a través del Estado, como lo
hacía Mussolini). Es decir, en Cuba manda el Primer Secretario del
Partido. Es risible escuchar que GAESA controla un 40, 60, 70 u 80 % de
la economía. Señores, el Partido controla el 100% de la economía, el
100% de la política y el 100% de la sociedad cubana. Y lo hace poniendo
todo el poder en las manos de su Primer Secretario: un asesino llamado Raúl.

¿Cuál es la moraleja de todos este recuento? Pues que Donald Trump no
debe negociar con el Gobierno cubano hasta que no se disuelvan los CDR y
el Partido Comunista de Cuba (PCC), los cuales controlan la sociedad, la
familia y a cada ciudadano.

(Tercera parte de tres artículos. Lea aquí las partes primera y segunda)

Source: En Cuba no mandan los militares (III) CubanetCubanet –
www.cubanet.org/opiniones/en-cuba-no-mandan-los-militares-iii/

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