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El lado oscuro de algunos negocios privados en Cuba
11 de julio de 2017 – 19:07 – Por IVÁN GARCÍA

Las leyes vigentes y el arbitrario capitalismo de Estado ejecutado por
la junta militar que gobierna el país, permite que haya negocios que
funcionen como latifundios feudales

LA HABANA.- En el barrio de la Víbora, al sur del centro de La Habana, a
poco más de cien metros de distancia uno del otro, funcionan dos
cafeterías particulares, pero las gestiones de sus negocios son
diametralmente opuestas.

En Los Ortiz, donde una ración abundante de frito, vegetales de
estación, fufú de plátano verde y masas de cerdo fritas cuesta 50 pesos
(2 dólares), sus 12 empleados llevan entre dos y tres años trabajando en
el negocio y están complacidos con el trato y el pago que les ofrece el
dueño.

“Trabajo en esta cafetería desde que abrió hace tres años. El pago
básico es de 6 cuc por jornada, unos 150 pesos (o seis dólares al
cambio), pero tenemos pagos extras si logramos vender más de 200 comidas
-casi siempre vendemos más- y las propinas las repartimos entre los
trabajadores. En un día puedo ganar 12 o 13 chavitos (cuc), a veces más.
Cuando trabajaba para el Estado como contable de una institución de
comercio devengaba un salario de mensual de 325 pesos al mes (unos 13
dólares). Además, nos otorgan 20 días de vacaciones al año”, dice Adela,
dependiente del negocio gastronómico.

En la cafetería se labora dos turnos de doce horas y se descansa dos
días. El negocio funciona en la propia casa del dueño quien además de
familiaridad en el trato brinda almuerzo y a sus trabajadores.

Otra cara

Muy cerca de Los Ortiz, funciona otro negocio de comida criolla. El
dueño ha reconvertido un local en desuso en una cafetería climatizada
con aire acondicionado. La calidad de la comida es buena. Pero sus
trabajadores se quejan de mal trato, mala paga, ausencia de derechos
laborales y groserías constantes del dueño. La inestabilidad laboral es
frecuente. En año y medio que lleva funcionando, más de diez
dependientes han sido despedidos.

“El dueño es un tramposo. Cuando te contrata te dice que te va pagar 120
pesos diarios, pero luego, alegando que las ventas estuvieron flojas, te
paga 60 o 70 pesos. Eso sin contar que acosa sexualmente a las mujeres.
Una tarde, mientras estaba cocinando, me tocó las nalgas y me dijo que
después que terminara el turno necesitaba verme. Me ofreció 20 cuc para
tener sexo conmigo. Al negarme, me cerró el contrato”, señala una
exempleada.

Los negocios privados en Cuba crecen en cantidad y calidad. A pesar de
las restricciones materiales, de no poder acceder a créditos razonables,
importar desde el extranjero y sin un mercado mayorista local donde
abastecerse, gracias a la creatividad y perseverancia, ofrecen un mejor
servicio que su contraparte estatal.

Pero con un marco regulatoria opaco y un código laboral ambiguo, algunos
dueños de negocios se comportan como capitalistas primitivos. “En 2014
entró en vigencia un nuevo Código Laboral, que aunque contempla los
deberes y derechos de dueños de negocios y sus contratados, no
profundiza ni crea un marco jurídico efectivo. Se especifica el derecho
a mantener el puesto laboral en caso de maternidad y la concesión de
vacaciones. Pero no resulta muy preciso y los inspectores estatales
están más preocupados en extorsionar a los (pequeños empresarios)
cuentapropistas que en velar porque se cumplan las leyes de trabajo”,
confiesa una funcionaria de la ONAT, organismo que rige el trabajo
privado en la Isla.

Según el sociólogo Carlos, “los negocios particulares navegan por un
limbo constitucional. La actual Constitución no contempla las pequeñas y
medianas empresas privadas ni que un dueño de negocio pueda tener en su
plantilla hasta cincuenta empleados. En un principio, esos negocios
estaban diseñados para que fueran chinchales familiares y en los cuales
se contrataba a parientes consanguíneos o amigos de confianza. Lo
primero que tiene que cambiar es la Constitución, y que las normas
laborales sean más abarcadoras y exactas en el tema del trabajo privado”.

Perspectivas

De momento, a falta de leyes modernas e idóneas, no pocos emprendedores
privados manejan sus negocios al estilo de una monarquía del Medio Oriente.

En paladares, dulcerías y cafeterías de calibre, asegura Diana,
psicóloga, “los dueños contratan a jóvenes blancas o mulatas bonitas de
buen cuerpo. Hay bares privados que les exigen ponerse shorts cortos y
blusas escotadas. Más que camareras, parecen jineteras. Y es que el
dueño les dice que mientras más carne enseñen, mayor propina le va dar
el cliente. Ya casi es normal que el dueño se acueste con la que le
gusta a cambio de mejor trato y salario. Los negros, si son grandes y
fuertes, siempre terminan de portero o lavando platos en la cocina”.

Aunque las leyes cubanas no discriminan a las personas por el color de
su piel -sí por su ideología-, en la práctica, en instituciones
estatales como el y en algunas particulares, de manera más o
menos sutil, existen comportamientos racistas.

“Para que a un chef de cocina de la raza negra lo contraten tiene que
ser muy famoso. Los dueños de muchas paladares ni siquiera te contratan
por un tiempo de prueba. Te dicen que no tienen plaza o te apuntan tu
teléfono y te prometen que te van a llamar. Pero nunca te llaman”,
señala Octavio, chef de cocina mestizo que lleva siete meses tratando de
conseguir trabajo en el sector gastronómico no estatal.

Daniela, ingeniera recién graduada, confiesa que dejó de trabajarle al
Estado “simplemente para ganar más dinero. Mi salario era de 500 pesos.
Ahora, en un negocio privado gano cuatro veces esa cantidad. Es verdad
que te encuentras con dueños de negocios que se afilan los dientes
cuando contratan a mujeres jóvenes, pues dan por hecho que vas a pasar
por su cama si quieres tener privilegios extras. Mi consejo es que no se
dejen acosar y sigan buscando. Siempre existen hombres que saben
respetar y valorar tu trabajo”.

El analfabetismo jurídico, sumado a un impreciso código laboral, permite
que ciertos propietarios de negocios establezcan prácticas discriminatorias.

“Hay establecimientos privados donde el dueño se abroga el derecho de
admisión y no deja entrar a homosexuales o negros que, en su opinión, no
tienen pinta de tener dinero. Eso es . Aunque el negocio sea suyo,
esos espacios se rigen por normas y no se puede impedir el acceso a
hoteles, bares o restaurantes, a ningún ciudadano sin importar su credo
o raza. Pero, claro, el primer transgresor fue el propio Gobierno, que
durante mucho tiempo violó el acápite cinco de la Carta Magna (cubana),
al practicar el en instalaciones turísticas. Hoy todavía
existen lugares turísticos como María la Gorda, en Pinar del Río, cotos
de caza y alquiler de embarcaciones donde los cubanos no tienen acceso”,
explica Regino, abogado.

En Cuba, donde el socialismo marxista de ordeno y mando no ha
funcionado, ante la opacidad de las leyes vigentes y el anticuado
capitalismo de Estado ejecutado por la junta militar que gobierna el
país, algunos negocios privados funcionan como latifundios feudales. Y
las mujeres que allí trabajan son un objeto de placer.

Source: El lado oscuro de algunos negocios privados en Cuba | Cuba –
www.diariolasamericas.com/america-latina/el-lado-oscuro-algunos-negocios-privados-cuba-n4126549

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