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Diálogos, monólogos y otras flatulencias
Nuestra olvidada y convulsa vida republicana lo demuestra, los pocos
ejemplos contrarios solo confirman lo dicho
Waldo Acebo Meireles, Miami | 12/07/2017 9:40 am

Creo que debo empezar por una declaración de principios: No creo que los
cubanos estén condicionados genéticamente para el diálogo. El mal es de
raíz, no tiene arreglo, mi pesimismo al respecto es definitivo y no
estoy dispuesto a cambiar de idea, así que pueden decir lo que les dé la
gana, pero si no están de acuerdo conmigo son unos ignorantes, o tienen
alguna falla cerebral, o están buscando problemas.
Quien se haya leído las actas de las patrióticas asambleas de Guaimaro,
Jimaguayú y similares me entenderán de inmediato, los que no las
conozcan no tiene nada que discutir conmigo. La exaltación, la
bravuconería, el disparate convertido en pronunciamiento político se
mantuvo en la Asamblea del Cerro y en su continuación buscando la
definición de la constitución republicana. Máximo Gómez, el mismo
incapaz del diálogo, fue víctima transitoria de patrióticas y exaltadas
demandas.
Las fórmulas parlamentarias en el suelo criollo no florecen, podemos
producir grandes oradores, pero somos incapaces de crear figuras
políticas que manejen las sutilezas del diálogo político. El escarnio,
el sopapo, el gaznatón, o la amenaza del mismo, estaban entre los más
usados instrumentos en el arsenal parlamentario criollo, sin olvidar la
pistola sacada de vez en cuando, o el ¡te espero afuera!
Adonde más llegamos fue al “tira y encoge” en caso del reparto de alguna
prebenda de menor cuantía, pero si el botín era más sustancioso pues ni
eso. Nuestra olvidada y convulsa vida republicana lo demuestra, los
pocos ejemplos contrarios solo confirman lo dicho.
Terminada, más bien asesinada, la república, se eliminó cualquier
disfraz que escondiese el alma real del cubano, ahora ni caray de
diálogo, llegó la apoteosis del monólogo, la consagración del discurso
sin discusión, la tesis sin antitesis y sin hipótesis, la palabra
sagrada, la infalibilidad papal sin la curia pontificia, la acusación
sin defensa, el ataque sin posible respuesta.
Llegamos al estado natural del ser cubano, el ser perfecto, el ser capaz
de comprender los más complejos problemas con nada más ser mencionados.
El florecimiento de la arrogancia ilimitada e incontrolada se hizo
consustancial con el diario pergeñar del cubano, ya estábamos en nuestro
caldo, en el nos salcochamos.
Cualquier funcionario de décimo tercera categoría, se considera
omnipotente y omnisapiente, su opinión no discutida es aceptada por los
que quedan en el escalón inferior, y el resto de la humanidad, y así
ocurre de escalón en escalón sea hacia arriba o hacia abajo. Aunque en
ocasiones ocurre que memos departamentales echan abajo circulares
ministeriales y estas a su vez modifican o invalidan leyes vigentes y
estas, a su vez, contradicen la espuria constitución.
La trompetilla, órgano civil de la discrepancia, quedó abolida de
inmediato, por grosera imitación de una flatulencia de carácter
contrarrevolucionario; la misma discrepancia desapareció de plano, ya
nadie discrepa, la unanimidad es imprescindible y el más ligero desliz
puede ocasionar que te tilden de gusano, lo cual lo podemos considerar
como un insulto, pero peor aún de agente del enemigo, o anexionista, y
ya eso no es un insulto sino una amenaza con posibles y rápidas
consecuencias, por cierto bastante desagradables.
¿Nunca han visto los hermosos monólogos que se producen en la Asamblea
Nacional? ¿No se han percatado de la unanimidad de los ‘acuerdos’ que se
toman? ¿Qué más quieren? Es por ello que me sonrío cuando alguien de por
acá, e incluso de por allá, sin lugar a dudas con las mejores
intenciones, hablan del diálogo, de qué diablos hablan. No sé.
Pero no piensen que por acá la cosas andan de otra manera. Los cubanos
son cubanos en donde quiera que estén, lo que, de signo contrario, o más
o menos contrario, que nada es absoluto, salvo mi opinión. Intenta
discrepar con los próceres de por acá, y los no tan próceres, y la
andanada que te espera es violenta lo menos que te toca es la de ser
agente castrista o cripto-comunista. McCarthy se debe revolcar de
alegría en su cripta.
Los años que han vivido por estas tierras los cubanos, disfrutando,
aunque sea de lejos del diálogo democrático, civilizado y constructivo,
de nada ha servido. Siguen siendo cubanos y a mucha honra.
¡Y el que no esté de acuerdo es un tarado mental!

Source: Diálogos, monólogos y otras flatulencias – Artículos – Opinión –
Cuba Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/dialogos-monologos-y-otras-flatulencias-329977

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