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Triangulaciones
FRANCISCO ALMAGRO DOMÍNGUEZ | Miami | 6 de Junio de 2017 – 07:25 CEST.

Concluida la segunda sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional del
Poder Popular en su VIII Legislatura, sin propuestas novedosas o medidas
urgentes para reflotar el escorado barco que es la economía cubana,
siempre habrá más de uno preguntándose si no se trata de una estrategia
suicida, o por el contrario, el régimen confía en una potencial apertura
al mercado norteamericano, única y real vía para continuar navegando en
las procelosas aguas del siglo XXI. Confiada también parece estar La
Habana de que Caracas podrá contener una insurrección popular tras la
caída definitiva de la careta democrática bolivariana.

En contra de toda lógica, desde el Palacio de la Revolución se estimula
el atrincheramiento en Miraflores. Las pausas en el laberinto de espejos
llamado Conceptualización del Modelo parecen confirmar que no será otra
cosa que eso, un espacio cerrado, refractario, sin salida posible. Han
aplicado el freno económico en la Isla mientras en el país sudamericano
pisan el acelerador político hasta abajo con una Constituyente en apenas
60 días. ¿Cómo entender semejante sinsentido?

De la mano de la psicología podría venir una explicación. Hace varias
décadas los investigadores definieron el fenómeno de la triangulación:
cuando dos fuerzas entran en conflicto, una manera de aflojar la tensión
es “triangulando” hacia un tercero, culpable o aliado, hacia el cual
derivar pecados o bendiciones y evitar así la confrontación con el
enemigo real.

La triangulación podría ser llamada también “cortina de humo”, o
“tercero emergente”. Pero la representación geométrica del conflicto nos
permite comprender —y acaso prever— las causas y consecuencias de la
triangulación. Queda muy claro que el “bloqueo” es el modo de triangular
al Gobierno norteamericano como causa eficiente de todos los fracasos e
inoperancias. Que funcione o no, no es importante para el régimen. Que
exista permite delimitar quién es amigo y quién enemigo. De no existir,
el Gobierno cubano debería triangular otro vértice, pues el problema
real es su disfunción endógena, de arranque.

En el caso de , además de ser uno de los postes de la
sustentación económica de la Isla, su función triangular ideológica y
política es esencial para la sobrevivencia del régimen cubano. Los
muertos, los presos, los heridos y la miseria la ponen ellos. Y la
matriz de opinión castrista se encarga de vender la imagen de un pueblo
que lucha contra el “golpismo” y la oligarquía a pesar de que podemos
ver —quienes tenemos los ojos fuera de Cuba— que se trata de una
verdadera insurrección popular.

Lo básico desde el punto de vista comunicacional es que los “americanos”
sigan siendo “malos” y los venezolanos —rojos, rojitos— “buenos”. Antes,
los medios cubanos triangularon la guerra en , el golpe de Estado
en , las dictaduras sudamericanas, Angola, el conflicto en los
Balcanes, la sempiterna causa palestina, y hasta uno de nuestros
compatriotas sirvió para ocultar un pueblo agobiado, hambriento, puesto
a marchar todos los fines semana: el Niño Tótem Elián.

Parecería un absurdo, pero el drama venezolano está sirviendo para que
las miradas de todos se desplacen a Sudamérica y olviden que es en una
Isla del Caribe donde único se cuecen habas. La tesis de la
triangulación como vía para dirimir tensiones, también sirve para
comprender como “destriangular” a los implicados. No hay solución
posible a un conflicto político entre y Latinoamérica
excluyendo a los cubanos. Uno de los mayores éxitos de la Isla a nivel
internacional ha sido capitalizar toda la oposición al vecino del Norte
en este continente hace medio siglo.

Por lo tanto, los líderes del llamado mundo libre deberían comprender
que el enemigo a derrotar no es Maduro, ni Evo ni ahora el otro Lenin
—el ecuatoriano, no el infanticida. La solución está y estará en La
Habana, no en Caracas ni en Quito. Juan Manuel Santos pudo leerlo muy
bien. Es una pena que no sobreviva al error para contarlo.

Descartada cualquier acción militar o bloqueo real contra uno de esos
países, la administración Trump debe estar apreciando cuidadosamente
cómo recrudecer o flexibilizar aún más las sanciones al Gobierno cubano,
el vértice más importante de tan perniciosa geometría. Espacio de
ángulos variables, todo dependerá de cómo se muevan el Palacio de la
Revolución y la Casa Blanca: qué conversan o ya han conversado.

Todo parece indicar que las relaciones se moverán más en la cuerda de lo
pragmático, de lo “negociable” y menos en lo ideológico, lo tolerable.
De tal modo, el Gobierno norteamericano pudiera anunciar medidas para
“recrudecer” el como prohibir de nuevo el tabaco, el ron cubano
y las visitas de orquestas. Al mismo tiempo, estimular megainversiones
en “sectores no militares” (SIC). A cambio, y porque es muy malo para
los negocios, Estados Unidos pediría destriangular la Venezuela
chavista: “liberar de sus funciones” y “darles otras tareas” a los
compañeros Diosdado, Nicolás y otros. Mientras, el pueblo venezolano
continuará desangrándose en las calles si no surge un líder militar
dispuesto al martirio. Y los cubanos en una casa de espejos, golpeándose
unos contra otros en el laberinto sin salida llamado Conceptualización
del Modelo.

Source: Triangulaciones | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/internacional/1496661322_31654.html

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