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¿Quiénes se están enriqueciendo en Cuba?
Pareciera que, según informes, la Isla comienza a enrumbar hacia un
“camino correcto”. Pero nada más lejos de la realidad
Viernes, junio 30, 2017 | Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba.- ¿Quiénes se están enriqueciendo en Cuba? ¿A dónde está
yendo a parar ese dinero? Son dos preguntas a las que no pueden
responder con exactitud ninguna de las estadísticas ofrecidas hasta el
momento, basadas en las noticias y en la observación “in situ” más que
en los datos reales, sobre el crecimiento del llamado “sector
cuentapropista”.

A todas luces existe un auge de los emprendedores cubanos. Incluso ya se
habla en algunos grupos de economistas sobre ganancias anuales que se
acercan a los 1000 millones de dólares tan solo en el sector
gastronómico (paladares, bares, centros nocturnos), así como de cifras
similares para negocios relacionados con la estética corporal (salones
de belleza, barberías, etcétera) más la renta de habitaciones a
extranjeros. La tríada de oro del cuentapropismo.

Pareciera que Cuba comienza a enrumbar hacia un “camino correcto” por
vez primera en su existencia como nación comunista y que esa prosperidad
del individuo, en apariencias independizado de la sociedad restrictiva
donde vive, finalmente habrá de lograr dar al traste con el viejo
sistema e instaurar un nuevo orden político, en resonancia con la
actualidad.

Pero nada más alejado de la realidad. Ninguna de las cifras ofrecidas
por los analistas puede decir nada real, objetivo, bien aterrizado,
sobre lo que sucede ahora, en este momento, y mucho menos sobre lo que
habrá de suceder en los próximos años.

Decir que el sector gastronómico independiente está generando ganancias
anuales considerables y ejemplarizar esa prosperidad con un listado de
sitios cada día en aumento, sin analizar los verdaderos fenómenos que no
solo están ocurriendo alrededor de esa “bonanza” sino que la generan e
impulsan, solo alcanza a distraer la atención sobre lo que está
ocurriendo y que, en corto plazo, puede hacer que toda la estructura se
derrumbe como un castillo de naipes.

¿Quiénes están disfrutando de los beneficios de esos cerca de 2000
millones de dólares anuales que se le calcula tan solo a las,
llamémosles, “tres puntas de lanza” de los emprendedores cubanos?

A muchos conviene responder que son los propios cubanos. Al gobierno de
la isla, por ejemplo, porque, entre otras cosas, eso lo ayuda a reforzar
la imagen de cambio que desea proyectar hacia el exterior; a los
principales protagonistas de ese sector privado incipiente, porque es lo
que se espera de ellos, al menos discursivamente, en algunos ambientes
de las políticas interna y externa donde son observados como un todo y
no como realmente son, es decir, un sector heterogéneo, profundo y muy
pero muy difícil de sondear por las relaciones que guardan con la
economía subterránea, el capital exterior, el tráfico de influencias
dentro del aparato estatal, más un largo etcétera que haría colocar
grandes comillas a las palabras “independiente”, “emprendedor” y
“cuentapropista”.

Inmediata a las cifras que sirven a algunos analistas para demostrar que
el “movimiento” de los emprendedores cubanos es exitoso, prometedor y
generador de cambios en potencia, debiera pegarse una extensa retahíla
de preguntas y dudas sobre todo que indaguen por quiénes son los dueños
de esos negocios, de dónde provino el capital inicial, de cuánto fue la
cifra y en qué tiempo fue amortizada, a cuánto asciende la ganancia real
y cuánto es la ganancia declarada, qué relaciones guardan los dueños de
estos negocios con el sector estatal y si realmente conviene, tanto a
algunas facciones del gobierno como a la mayoría de aquellos, la
existencia de un mercado desregulado, mayorista e incluso la libre
importación de mercancías, así como el reconocimiento de una
personalidad jurídica y la integración, sin mediación de instituciones
estatales, a mecanismos internacionales de comercio y de ayuda para el
desarrollo.

Según me ha confesado el “administrador” de un exitoso centro nocturno
de la Habana Vieja, que pudiera ser ejemplo de otra decena de sitios
similares en la capital, su establecimiento genera diariamente unos 5
mil dólares (hablo de CUC, que al cambio es casi similar al USD).

Incluso en las jornadas más desastrosas (días lluviosos, dificultades
con la oferta o los servicios, baja afluencia de turistas), la ganancia
neta nunca ha sido inferior a los 3 mil dólares.

Sin , este “administrador”, que figura como beneficiario de la
licencia otorgada por la Oficina Nacional de Administración Tributaria
(ONAT), apenas recibe unos 500 dólares diarios (una verdadera fortuna en
Cuba) ya que, de los 5 mil que tiene como plan regular, la mitad debe
llegar, todos los días, religiosamente, sin mediación del banco
nacional, a las manos del verdadero dueño del club nocturno, un cubano
residente en los , quien invirtió unos 150 mil dólares en
la ejecución de este proyecto, así como ha invertido en otras empresas
análogas que existen en la isla.

Del dinero que ha generado el establecimiento del que hablamos, solo ha
quedado en Cuba una mínima parte y, tengamos en cuenta, no toda ha ido a
parar a las arcas del Estado, o al menos no a aquella “parte más
transparente” de tal agujero negro.

Me explica un amigo, exfuncionario de la ONAT y actualmente “tenedor de
libros” por cuenta propia, que la inmensa mayoría de los negocios
particulares que generan grandes ganancias no las declaran. Se llega a
un arreglo entre funcionarios corruptos de las instituciones impositivas
y los “licenciatarios” (imposible hablar de “dueños”, debido a que casi
la totalidad son mediadores que desempeñan el papel de propietarios), y
este acuerdo “por la izquierda” se realiza regularmente a través de
intermediarios que casi siempre son los propios “tenedores de libros”,
antiguos fiscales de la ONAT o familiarizados con esta, expertos en el
entramado legal y, por tanto, en cómo burlarlo exitosamente.

Mientras el capital fluye hacia el exterior, quizás hasta generando
cambios fuera de Cuba, solo una parte muy mínima de las ganancias se
traduce en beneficio directo para el ciudadano común y, por tanto, jamás
surgirán clases sociales diferentes a las ya establecidas por el grado
de cercanía al poder político.

Apenas unos 2 mil dólares mensuales invierte el administrador del club
nocturno mencionado líneas atrás en el pago a unos trabajadores
entrenados (por vivir tantos años sin derecho a la protesta ni a las
demandas judiciales) en el arte de aguantar callados ante cualquier
atropello.

Al grueso de los productos que integran el menú gastronómico tampoco
dedica demasiado este gerente emprendedor cubano, puesto que adquiere la
mayoría en el mercado negro (fuertemente conectado a la empresa estatal
socialista), con lo cual nunca se le ha creado la necesidad de la
existencia de un almacén mayorista estatal porque, como él mismo afirma
entre risas, “¿acaso no ha existido siempre?”.

El total de las inversiones en los negocios “privados” que actualmente
existen en Cuba ha llegado desde el exterior y, por tanto, no será en la
isla que termine la mayor parte de las ganancias generadas. En
principio, porque el sistema bancario cubano no fue diseñado para
funcionar como tal y, en consecuencia, existe poca confianza en él,
pero, además, porque lo que apreciamos como fenómeno a través de cifras,
en cuando al movimiento de los emprendedores en la isla, es solo la
parte visible de un iceberg que contiene en su masa gigantesca cientos
de anomalías económicas, sociales, políticas donde se ocultan desde
esquemas fraudulentos que afectan a más de una nación y hasta mucho de
aventurerismo del malo, es decir, del que gusta que las cosas se
mantengan tal cual por los siglos de los siglos.

Source: ¿Quiénes se están enriqueciendo en Cuba? CubanetCubanet –
www.cubanet.org/destacados/quienes-se-estan-enriqueciendo-en-cuba/

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