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‘Botar no es una opción’
Los talleres de reparación de móviles han ganado en popularidad
Jueves, junio 15, 2017 | Orlando González

LA HABANA, Cuba.- “Pase más de diez meses reuniendo para comprar mi
teléfono, después de cuatro meses de uso comenzó a fallarle el táctil.
Es un smartphone chino marca BLU, por suerte acudí a un taller de
reparación y el arreglo me costó 10 CUC. No es lo mismo pagar esa suma
que comprar uno nuevo. Tardaría meses reuniendo otra vez para poder
tener otro teléfono”, dice Diana Barrios, una maestra de primaria que,
como muchos en la isla, acude a los talleres de reparación cuando la
tecnología falla.

Alan Hernández, un joven dueño de un taller de reparación de móviles que
ha aprendido el oficio como la mayoría, de forma empírica y “dando
cabezazos”, explica que tanto él como sus colegas “nos hemos
especializado en reemplazar o reparar cualquier pieza de cualquier
dispositivo sin importar la marca o el modelo. No importa si se trata
del gigante coreano Samsung o el más temido por los mecánicos cubanos:
el iPhone y su sistema operativo cerrado; nosotros siempre tratamos de
dar soluciones, aquí botar a la basura no es una opción”.

“Yo comencé mi negocio desde el año 2009, cuando aprobaron el trabajo
por cuenta propia, en ese entonces solamente instalaba aplicaciones en
los móviles y hacía pequeños trabajos de software y pirateo para
instalar aplicaciones en iPhone y iPod, que eran pocos por ese entonces.
Poco a poco fui aprendiendo, y estudiando en cada modelo nuevo
de teléfono que iba saliendo hasta que me metí en el mundo de la
electrónica y el hardware y ya aquí hoy en mi taller hacemos cualquier
trabajo de reemplazo de placas, cámaras, puertos de carga, incluso
cambio de bandas en algunos modelos de teléfonos móviles”, añadió Alan.

En Cuba la tecnología es difícil de adquirir. La mayoría de los
dispositivos que entran al país son importados y comercializados en el
mercado negro. Un teléfono móvil de gama baja y fabricación como
los BLU, muy abundantes en la Isla, puede costar unos 120 dólares, que
significan unos seis meses de salario completo para el cubano medio.

“En Cuba desechar un móvil o cualquier otro dispositivo cuando se rompe
no es una opción. Cuando esto ocurre lo primero es llevarlo a uno de
estos talleres de reparación para que los ‘especialistas’ den su
criterio y te digan si tiene arreglo, y lo principal: cuánto costará. De
no tener solución siempre se le saca algo porque los mismos técnicos del
taller te ofrecen algo de dinero por el dispositivo roto para aprovechar
alguna de sus partes”, comentó Junior López, un joven amante de la
tecnología.

Esta alternativa de trabajo por cuenta propia es una de las más
florecientes en toda la Isla; cada vez son más los talleres de
reparación que abren sus puertas al público, y cada vez más las opciones
que estos brindan a sus clientes. Muchos comercializan teléfonos móviles
importados de otros países y todo tipo de accesorios como fundas,
baterías, auriculares, entre otros. Aunque la comercialización de estos
productos no es permitida por el Estado cubano, esta actividad
constituye la mayor fuente de ingresos, según Alan.

“Donde obtenemos mayores ganancias es revendiendo todo tipo de
dispositivos y todo tipo de accesorios. Ese servicio no lo da ninguna
tienda del Estado y si en ellas encuentras algo no puede competir con
nuestros precios. Compramos de todo y muy barato a las personas que
viajan. Siempre nos cuidamos de los inspectores porque eso no está
permitido, aunque todo el mundo lo sabe y los inspectores y los policías
son los primeros que vienen a arreglar ‘gratis’ sus teléfonos a cambio
de hacerse los de la vista gorda”, explicó el joven emprendedor.

“Se gana dinero, pero lleva mucho sacrificio y horas de dedicación. Es
una carrera igual que la : hay que mantenerse todo el tiempo
estudiando porque si no la tecnología te aplasta; cada día salen más
dispositivos al mercado y hay que estar arriba de la bola (mantenerse
actualizado) para no quedarse atrás”, agregó.

“Aquí los talleres particulares casi siempre resuelven las roturas. Lo
mismo te cambian una placa completa de un Samsung Galaxy de último
modelo que le cambian la pantalla a un iPhone 7 plus”, dijo para este
trabajo un joven llamado Alexis González amante de los smartphones que
se encontraba en un taller en La Habana.

En los talleres de reparación, no importa la marca, el modelo ni el
fabricante del dispositivo dañado, se hacen adaptaciones de partes y
piezas entre marcas diferentes. Se llegan a reciclar baterías, pantallas
táctiles, cintas, altavoces, cámaras, y se reparan móviles con partes de
otros.

Algunos cuentan con tecnología de punta como microscopios electrónicos y
equipos de micro soldadura. La mayor parte de las piezas para trabajar
las obtienen de personas que viajan y las importan desde otros países.

“El reciclaje de piezas es la parte fundamental para mantener el
negocio”, según algunos entrevistados. El ingenio, sumado a la
necesidad, hace crecer la creatividad en un país donde botar tecnología
rota a la basura nunca es una opción.

Source: ‘Botar no es una opción’ CubanetCubanet –
www.cubanet.org/actualidad-destacados/botar-no-es-una-opcion/

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