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Aquel que dejó cenizas
El desenlace se esperaba desde hacía tiempo
Martes, noviembre 29, 2016 | Miriam Leiva

LA HABANA, Cuba.- falleció el 25 de noviembre a las 10:29
de la noche y, por voluntad propia, sus restos serían cremados, según el
breve comunicado leído por Raúl Castro en la televisión cubana a las 12
de la media noche.

Como difunto, el exgobernante merece respeto. Seguramente expiró en un
mullido lecho, rodeado de sus familiares más cercanos; quizás dejó las
orientaciones para sus funerales. José Martí, el Apóstol de Cuba, lo
acogería en su monumento de la Plaza de la Revolución y en el Cementerio
Santa Ifigenia de Santiago de Cuba.

El gobierno decretó duelo oficial de nueve días y un recorrido desde La
Habana a Santiago del cortejo fúnebre, siguiendo inversamente la ruta de
la “Caravana de la ” del jefe guerrillero en enero de 1959. El
Comandante legó su predilección por el simbolismo en las fechas: el
deceso coincidente con el 60 aniversario del inicio de la revolución por
la salida del yate Granma de México en 1956, y el entierro el 4 de
diciembre, día de Santa Bárbara, Shangó en el sincretismo religioso,
venerados con grandes ofrendas. Toques de tambor y todos los rituales
desde la madrugada serían suspendidos en esta solemne ocasión para
disgusto de muchos miles de creyentes.

Gran parte de los cubanos dentro del archipiélago reaccionaron con el
silencio, el comentario apagado, sin congoja. El desenlace se esperaba
desde hacía tiempo. El alegre, chistoso, jovial y bullicioso cubano se
protege en la concha cuando siente peligro por opinar distinto de la
línea oficial, teme las consecuencias en su vida, y desencantado de las
promesas incumplidas cuida su endeble status o atisba el horizonte para
saltar al extranjero.

Respetuoso alivio flota en el ambiente, porque ya el Comandante
permitirá descansar a todos, al no temer su interferencia en los cambios
imprescindibles. Cada foto y cada escrito resultaban sobrecogedores. La
impresionante presencia verde olivo y la voz atronadora se convirtieron
en apariencia lastimosa y frases delirantes. Él aseveró: “la historia me
absolverá”, al concluir el juicio por el ataque al Cuartel Moncada en
1953. Mucho acumuló durante 63 años, y su historia demorará en
escribirse objetivamente, según se conozcan los secretos de todas las
partes involucradas. Sin , resulta imposible eximirlo del
precario estado actual de Cuba, porque durante 47 años todo lo decidió y
prohibió.

En 1959, Fidel Castro líquido una dictadura sangrienta, fue el político
más popular de todos los tiempos en Cuba y aglutinó el poder con las
falsas promesas de democracia y apego a la religión. Será recordado por
desmembrar las familias y enviar sus hijos a escuelas en el campo, el
éxodo de más de dos millones de cubanos, las penurias de un pueblo
obnubilado y dispuesto a inmensos sacrificios; por el despojo inicial a
los grandes propietarios, continuado con los pequeños durante la
Ofensiva Revolucionaria de 1968; por sus inmensas obras improductivas:
la fallida Zafra de 1970, la destrucción de la industria azucarera
forjadora de la nacionalidad cubana y de toda la agricultura con el
desarraigo del hombre de campo; por la dilapidación de los recursos
llegados de la Unión Soviética y el campo socialista; por no haber
invertido los petrodólares de Hugo Chávez en la capitalización de la
destruida o anticuada industria.

Fidel Castro coartó los derechos, aduciendo las dádivas estatales de
educación y sanidad universales, en realidad provenientes del aporte de
todos los trabajadores. Legó una economía enclenque, salarios y
pensiones de miseria, la dualidad monetaria, las grandes deudas
acumuladas desde 1986, y un tejido social desprovisto de los elevados
valores éticos y morales, orgullo de los cubanos durante siglos.

Fidel Castro será recordado por los fusilamientos y largas condenas de
prisión; por el castigo con trabajo agrícola y la expulsión de los
puestos laborales a causa de opiniones distintas a las oficiales; por el
acecho de la Seguridad del Estado, los informantes y los Comités de
Defensa de la Revolución; por la imposibilidad de acceder a una
“solo para los revolucionarios”.

El tiempo no hará olvidar que estuvo a punto de provocar una
conflagración nuclear en octubre de 1962, el fomento de las guerrillas
en América Latina y las guerras en el extranjero, la persecución a
homosexuales, la prohibición de las minifaldas y los Beatles hasta
finales de los años 1980, y de la práctica religiosa y el hasta
1992.

Raúl Castro heredó las ruinas que él mismo ayudó a crear. Mencionó la
necesidad de cambios estructurales y de conceptos en 2007, que redujo a
la actualización del sistema económico y social fidelista fracasado.
Pero reconoció que “el obstáculo fundamental que hemos enfrentado, tal y
como previmos, es el lastre de una mentalidad obsoleta, que conforma una
actitud de inercia, o de ausencia de confianza en el futuro”, en su
Informe al VII Congreso del PCC del 16 de abril de 2016.

Diez años después de abandonar inevitablemente el poder absoluto, fuera
del archipiélago cubano, de Fidel Castro se destaca la colaboración
positiva de médicos, maestros y técnicos en el extranjero; y los
elevados índices de y educación, logrados con el sacrificio y la
baja calidad de vida de los cubanos durante 57 años. El ancianito
desgastado se visualiza amablemente, gracias al proceso de limpieza de
la nefasta imagen realizado por Raúl Castro con las oportunidades
brindadas por la comunidad internacional, los papas y eminencias de
diversas religiones, el vuelco en las relaciones con , la
colaboración con la Unión Europea, y la condonación de las deudas. Los
intereses económicos han jugado un importante papel, pero también el
general presidente tiene el espacio para abrir la participación
ciudadana en la toma de decisiones.

La compulsión a los cubanos para firmar un Juramento a las palabras del
Comandante podría buscar el fortalecimiento del inmovilismo o
utilizarlas para revertirlo: “Revolución es sentido del momento
histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y
libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres
humanos”, discurso del 1 de mayo de 2000.

La elevada asistencia de la población a las dilatadas pompas fúnebres
denota la usual compulsión a los estudiantes, trabajadores, campesinos y
miembros de las llamadas organizaciones de masas y de la sociedad civil,
así como la movilización de los cientos de miles de militantes del
partido y la juventud comunistas, los organismos militares, los
excombatientes y personas que realmente lo admiran. Sin embargo, las
autoridades deberían reconocer los sentimientos reales de la mayoría de
los cubanos y acometer cambios radicales.

Source: Aquel que dejó cenizas | Cubanet –
www.cubanet.org/opiniones/aquel-que-dejo-cenizas/

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