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‘Farewell’, Míster Obama
FRANCISCO ALMAGRO DOMÍNGUEZ | Miami | 21 de Octubre de 2016 – 07:35 CEST.

Faltan pocos días para que la administración Obama sea historia. Más
allá de consideraciones partidistas e ideológicas, siempre se podrá
decir que ha sido el Gobierno que mayor interés —y capital político— ha
puesto en normalizar relaciones con el régimen cubano. Incluso ahora,
cuando apenas quedan semanas para elegir otro presidente, una directiva
con su firma trata de blindar las medidas tomadas, añade otras, y niega
cualquier intención de provocar un cambio político en la Isla.
Finalmente, Obama podrá escribir sus memorias y hablar de su paseo por
la Habana Vieja sin temer a la crítica de amigos y enemigos.

Porque Barack Obama ha tenido la virtud, respecto a Cuba, de unir a los
enemigos y enemistar a los amigos. Tanto el Gobierno cubano como los
líderes políticos del exilio coinciden en que el presidente pudo haber
hecho mucho más por los cubanos; unos porque no liquidó el ,
otros porque lo aflojó demasiado. Para los políticos de ambas orillas,
el resultado de la gestión de Obama ha sido casi nula, e incluso
contraproducente. Quienes lo defendían al principio han terminado
criticándolo, y sus críticos ahora lo tienen como un mal menor frente a
la tormenta electoral que se avecina.

Con sus directivas y órdenes ejecutivas el presidente ha echado a pelear
a los anticastristas del llamado exilio histórico con los políticos
bisoños y los hombres de negocio cubanoamericanos. Y también con sus
acciones, al interior de la Isla, ha enemistado a la oposición, ha
fracturado metas y estrategias. Y algo más: ha logrado que la oposición
pierda terreno allí donde antes era un interlocutor válido, como en el
Parlamento Europeo; como resultado hay prisa y no hay casi impedimento
para echar abajo la llamada Posición Común. De tantas golpizas y
detenciones domingo tras domingo, los disidentes ya no son noticia ni
siquiera en el sur de la Florida. Por supuesto, todo comenzó hace casi
tres años, y un dato revelador del nivel conspirativo: ni los propios
congresistas cubanoamericanos estaban al tanto de las negociaciones.

Obama no ha entendido nada. Cuando el régimen dice que no se moverá un
milímetro de sus posiciones, y que los que defiende son
diferentes a los de los demás, y que no habrá normalización hasta que
los EEUU quiten el “bloqueo”, no hay otras intenciones, no hay dobleces
ni disimulo. Cuando dice que apoya a y al Irán expansionista,
y que Coreo del Norte en amigo tire el cohete que tire, tampoco miente,
y es capaz de probarlo. Cuando quiere inversiones, dinero fresco, acceso
a préstamos de bancos sin que medien restricciones, no está loco ni es
iluso; cree, de verdad, merecerlo, y que es factible lograrlo.

El problema no lo tiene el régimen; sus metas y objetivos están muy
claros: sobrevivir. El problema lo tiene Obama: no saber lidiar con los
sobrevivientes. Un sobreviviente al que, por cierto, le queda todavía
muchísimos recursos, y el mejor de todos, curiosamente, es su emigración
a los propios . En el sur de la Florida florecen ya
decenas y tal vez cientos de inversiones castristas en bienes raíces y
otros negocios. Y eso lo sabe muy bien el Gobierno norteamericano.

Al mismo tiempo, puede parecer grotesco, pero es muy serio: Josefina
Vidal, la misma persona que conversa con los diplomáticos
norteamericanos para “normalizar” las relaciones, está sentada en el
medio del “avispero universitario” diciendo que el presidente no ha
hecho lo suficiente para mejorar esas relaciones; un abogado de la
cancillería, versado en Derecho Internacional, afirma que los derechos
humanos que defiende Cuba —sin ratificar los pactos correspondientes—
son distintos a los de otros países; una brigada de constructores indios
remodela un antiguo edificio de La Habana —mi Habana, la suya, mi amigo,
construida casi toda en menos de 50 años— porque no hay nacionales que
hagan el trabajo como ellos; a unos pasos, a solo unas pocas cuadras, el
Gran Teatro de la Habana, el Sevilla, el increíble Edificio
BacardÍ, diseñados, construidos por cubanos. De verdad, Míster Barack
Obama, ¿usted creyó poder con tanta “cosa”?

El presidente número 44, un hombre listo, ético, un ejemplo del sueño
americano, está a punto de abandonar la Casa Blanca sin aprender muy
bien las lecciones que esa diminuta Isla ha tratado —consta en actas— de
enseñarle durante los últimos años. Al régimen se le podrá acusar de
cualquier cosa menos de tonto o ambiguo. En fin, cualquier inquilino que
ocupe la Casa Blanca el 20 de enero de 2017 podrá encontrar olvidado en
una gaveta un mapa de la Habana, o el menú de un “”, escrito de
puño y letra del anterior presidente de Estados Unidos. Y podría leer
algo así como un epitafio:

“Por aquí pase tratando de hacer el bien… sin saber muy bien de que se
trataba”.

Source: ‘Farewell’, Míster Obama | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1476910362_26127.html

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