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El mal hábito de la esperanza
Ya lo dijo Obama en su discurso: el problema de Cuba concierne
únicamente a su pueblo
Viernes, octubre 14, 2016 | Ana León

LA HABANA, Cuba.- Aún no había amanecido del todo en este 14 de octubre
cuando ya era noticia comentada y criticada las nuevas regulaciones
dispuestas por el presidente Barack Obama para atenuar el
económico hacia Cuba. Las respuestas en contra no tardaron en hacerse
sentir, incluida la de Berta Soler ante las cámaras de la televisora CNN.

Coincidentemente, ayer José Daniel Ferrer publicó en CubaNet un artículo
titulado “La tercera opción”, cuya preocupación esencial es la mesa de
conversaciones entre los gobiernos de Cuba y acerca de
los en la isla.

Sería demasiado ingenuo confiar en que la tercera opción planteada por
Ferrer vaya a salir de la mesa de conversaciones. Estados Unidos no va a
hacer acopio ninguno de paciencia porque sus representantes ya saben de
antemano lo que la contraparte cubana va a decir. No es la primera vez
que se habla del tema y el gobierno continúa —de hecho ha agudizado— la
política de garrote en mano contra todo vestigio no ya de oposición,
sino de desacuerdo.

Las conversaciones que hoy acontecen no son otra cosa que mera
formalidad en una agenda sin sobresaltos, donde realmente importa lo que
siempre ha procurado el gobierno de los Estados Unidos: la consecución
de una relación comercial estable con Cuba. Esa “firmeza con que Estados
Unidos habla a los enemigos de la democracia” a la que alude Ferrer no
surtirá efecto alguno en las autoridades cubanas.

Estados Unidos no va a poner el carácter que debiéramos tener nosotros
como ciudadanos. Pero yendo más al grano: ¿por qué exigirle a Estados
Unidos lo que no se le exige de frente a ciertas organizaciones
independientes, creadas precisamente para “observar” y tomarle el pulso
a la cuestión de derechos humanos y de prensa en Cuba?

Las entidades de marras, que debieran al menos estar pendientes e
informando sobre abusos, detenciones y decomisos, no están mostrando un
protagonismo real de cara a las circunstancias. Prueba de ello es el mal
documentado Informe de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) donde
son reseñadas las detenciones de los reporteros.

En el caso del arresto y decomiso de medios a tres corresponsales de
CubaNet, entre los cuales estuvo esta autora, el pasado 22 de julio, los
redactores del Informe alegaron como causa de la detención que los tres
periodistas “se dirigían hacia la provincia de Sancti Spíritus para
cubrir el contexto en que se conmemoraba el acto oficial por el
aniversario del asalto al cuartel Moncada”, cuando en realidad se
dirigían a Trinidad para realizar una investigación sobre el impacto del
en las infraestructuras estatal y privada.

La detención se efectuó precisamente porque la policía acusó a los
periodistas de que planeaban cubrir la movilización por la sacrosanta
fecha, cosa que negaron reiteradamente durante los largos
interrogatorios. Es decir, que los observadores convirtieron la
acusación falsa —no por ello menos grave— en la causa real del arresto.
Ni siquiera leyeron con atención la nota que fue publicada en CubaNet el
1ro de agosto sobre el arresto en cuestión, donde cuidadosamente se
ofrecían todos los detalles. Lo peor es que el error ha llegado hasta la
72a Asamblea General de la SIP, que se está llevando a cabo en Ciudad
México, donde ha sido publicado el informe.

No basta con que el gobierno y sus órganos de difusión ataquen a los
periodistas independientes tachándolos de apátridas y mercenarios, como
si fueran gente sin decoro. Además, los encargados de documentar,
redactar y difundir con rigor los incidentes para ofrecer a la prensa
independiente un mínimo de voz y solidaridad en la arena internacional,
no son capaces de hacer bien ese trabajo.

Todos los que esperan que Estados Unidos tienda su manto protector sobre
los activistas y reporteros, deberían comenzar a exigir primero a
quienes desde dentro tienen un deber para con nosotros.

Los periodistas independientes tendrán que seguir enfrentando a la
policía política en tanto vean coartado el más esencial de sus derechos,
que es ganarse el sustento. Mientras la casi totalidad de los cubanos se
roba entre sí o al gobierno para subsistir, nosotros hemos elegido una
profesión honesta, que debe generar polémica e incomodidad para existir.
No nos queda sino evitar hasta donde sea posible los nefastos encuentros
con los oficiales de la Seguridad; pero al final habrá que enfrentar y
asumir la responsabilidad, porque es nuestro trabajo.

Más vale aguantar lo que venga que esperar solidaridad de un gobierno
ajeno que ha preparado el panorama de negociaciones conforme a sus fines
e intereses, sin tener en cuenta lo que necesitan o desean los cubanos.
Ya lo dijo Obama en su discurso: el problema de Cuba concierne
únicamente a su pueblo.

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Source: El mal hábito de la esperanza | Cubanet –
www.cubanet.org/opiniones/el-mal-habito-de-la-esperanza/

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