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Baracoenses se pelean por la , claman por más ayuda
octubre 08, 2016
Agencias

Como en el resto de Cuba, en Baracoa el huracán Matthew no mató a nadie.
Pero la situación en la ciudad es catastrófica y los suministros de
emergencia no son suficientes. Los baracoenses se preguntan por qué Raúl
Castro no los ha visitado.
El huracán Matthew redujo gran parte de la población cubana de Baracoa a
escombros, levantando olas gigantescas que demolían los edificios de
mampostería, y vientos que arrancaban los techos. Pero una cosa no hizo
Matthew: cobrar vidas.

En gran medida gracias a un riguroso sistema de evacuación, Cuba logró
librarse del destino de la vecina Haití, donde se han reportado cerca de
900 muertes hasta el momento en la estela de la tormenta más fuerte en
golpear el Caribe en casi un decenio.

“Si nos hubiéramos quedado aquí, nos habría matado”, dice Arístides
Hernández, de 76 años, quien abandonó su apartamento con vista al mar en
un primer piso para irse a casa de un amigo en el interior.

“El mar entró por el frente y salió por la parte de atrás, y se llevó
todo con él”, señala.

Al regresar a su casa, encontró que las olas habían arrancado el balcón
de mampostería y arrasado con lo que había. También se llevaron las
puertas, ventanas y la escalera de madera del edificio.

Hernández dice que los voluntarios de la defensa civil en la ciudad,
situada en el al extremo oriental de Cuba, iban de puerta en puerta,
urgiendo a los residentes a evacuarse.

La televisión estatal cubana transmitió numerosos avisos sobre la
tormenta y funcionarios hacían advertencias desde vehículos con altavoces.

“La defensa civil no descansó … Gracias a eso, nadie murió”, dice
Hernández.

Los lugareños tratan de rescatar las pocas pertenencias que han podido
encontrar, y las ponen a secar en la calle. El paseo del Malecón ha
estado tapizado de prendas de ropa sujetadas con piedras para que no se
vuelen, y también de colchones, sillas y mesas.

“Lo hemos perdido todo”, dice Osvaldo Neira, de 57 años, hurgando por
los alrededores en busca de materiales para construirles un corral a los
tres pollos que le quedaron de 32 que tenía. En su casa de dos pisos
sólo queda en pie una habitación.

“Hasta tuve que pedir prestada esta camiseta”, dice. “Nos las vamos
arreglando, pero con dolor en el corazón”.

Otros arrastran escombros desde sus casas hasta la calle para que los
camiones se los lleven. Las ratas corren a través de la ciudad, que aún
carece de servicios de corriente y teléfono.

La ayuda no alcanza

Muchos en el sureste de Cuba han elogiado los planes de evacuación y los
refugios del gobierno, donde tantos aún permanecen. Las autoridades
pasan en caravanas, evaluando los daños.

Pero en Baracoa, donde el huracán fue aún más devastador de lo que se
esperaba, algunos se quejan de que el gobierno no está haciendo lo
suficiente. Los alimentos y el agua son escasos en los refugios, que
continúan atendiendo a gran parte de la población.

“Tenemos que pelearnos por la comida”, dice Sara Maceo, de 57 años, cuya
casa quedó destruida. La mitad de un televisor, ventiladores
desvencijados y pedazos de los muebles estaban esparcidos entre lo que
quedaba de las paredes de mampostería.

“Estamos esperando que llegue la ayuda”, dice.

Algunos en la ciudad más antigua de Cuba se sienten defraudados porque
el gobernante Raúl Castro aún no los ha visitado.

“Todos queremos saber dónde está el presidente y por qué no nos visita”,
dice Henri Valles, de 25 años, mientras una caravana de jeeps que los
locales especularon transportaba a Castro aceleraba, sin detenerse junto
a sus casas destruidas.

Aunque muchos tenían la esperanza de que el gobierno entregaría pronto
la ayuda necesaria, ahora que se ha despejado la carretera a Baracoa,
otros se muestran escépticos acerca de si el gobierno tendrá dinero para
eso.

La economía de Cuba está sufriendo el impacto de la crisis de su
principal aliado, , así como los bajos precios de las materias
primas a nivel mundial. ha hecho a los países asolados
por Matthew, incluida Cuba, una oferta de ayuda que comprendería carpas,
frazadas, alimentos, productos de higiene, agua embotellada, medicinas y
equipos de purificación de agua.

“Vamos a necesitar ayuda del exterior porque este país ya tiene
problemas”, dice, deambulando entre los escombros, Tamara Llorentes, de
50 años. “Esto no parecía un huracán, parecía un monstruo que vino a
devorarnos”.

Source: Baracoenses se pelean por la comida, claman por más ayuda –
www.martinoticias.com/a/baracoenses-se-pelean-por-la-comida-claman-por-ayuda-exterior/131339.html

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