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¿Amenazas?
PEDRO ARMANDO JUNCO, Camagüey | Octubre 07, 2016

Llegan hasta mí comentarios, cuyos contenidos espero no sean ciertos, de
que hay a quienes no les agrada cuanto escribo y, sobre todo, en qué
medios lo hago. Tampoco agrada, al parecer, que reciba en mi casa amigos
que son considerados activistas de la oposición. Colocan la perspectiva
de una espada de Damocles, que en lenguaje moderno y muy cubanamente
actual se traduce en abrir operativos contra mi persona.

Es lamentable que se intente atacar con terror blanco a quien desde hace
ya bastante tiempo ha bebido el antídoto del miedo. Pero no deja de ser
preocupante para un viejo de casi 70 años lo lleven detenido a una
unidad o se le propine cualquier tipo de daño físico con resultados
irreversibles que hasta puedan conducirlo a la muerte. Es preocupante,
digo, porque no merezco alcanzar el título de mártir. Lo mínimo que
pueda sucederme lo conocerá el mundo apenas a los cinco minutos de ocurrido.

Pero veamos con mejor cara de qué se me acusa tras bambalinas: de
escribir artículos muy críticos en mi La furia de los vientos, en
el sitio digital Cubanos por el mundo y, últimamente, en 14ymedio,
portal “enemigo” este último que ni siquiera se puede leer en Cuba
gracias a la satanización que sufre tan solo por estar ligado
estrechamente a la bloguera más famosa de Cuba y a su esposo.

Al parecer, esa fue la gota que colmó la copa. Ahora pregunto: ¿lanzar
al ciberespacio la queja de unos vecinos que se opusieron en masa a que
el solar aledaño a su edificio fuera donado a una alta funcionaria del
Ministerio del Interior cuando desde hace 15 años han venido pidiendo al
Gobierno se utilice ese lugar como área pública es un delito? Si eso es
pecado, me gustaría saber con quiénes estamos: ¿con los indios o con los
cowboy? Porque el resultado de esta notificación por un medio
independiente –vale recalcar que ningún medio oficialista hizo caso a
las quejas de estos vecinos– fue quien logró salieran de la sombra las
ilegalidades en los trámites burocráticos de la donación y la violación
de la ley en lo exagerado del área asignada.

¿A quiénes pertenecen las Aberraciones incongruentes que desaprobé con
la mejor de las intenciones hace algunas semanas? De aberraciones y
errores garrafales está colmado el cotidiano vivir del pueblo cubano.
Ahora, sin ir más lejos, se devela una escultura en el centro histórico
de Camagüey a la poetisa Gertrudis Gómez de Avellaneda. Los que le
rinden tamaño homenaje, como si no bastaran una calle y un teatro a su
nombre, ignoran por completo el inmenso desprecio que esa dama sentía
por el hombre cubano o nunca han leído sus cartas al eterno amante
Ignacio de Cepeda. Sin , la estatua de Amalia Simoni, la patricia
valiente que respondió al oficial español “corte usted mi mano antes de
escribir a mi marido que sea traidor” brilla por su ausencia en la
ciudad que la vio nacer y morir. No causará extrañeza que en cualquier
momento se levante un obelisco al almirante Cervera en la entrada de la
bahía de Santiago de Cuba y se erija un busto a Pánfilo de Narváez en el
olvidado Caonao.

Quizás haya sido mi artículo Pueblo de esclavos el que soliviantó los
ánimos de algún comisario político cuando redacté las interrogantes de
un estudiante de nivel medio, o acaso mi comentario Cuba y la parábola
del elefante que no pasa de ser mera especulación de mi entelequia personal.

Escribir es un derecho inalienable del ser humano, refrendado no solo
por el artículo 19 de la Declaración Universal de los ,
sino por las inmortales palabras del Apóstol, que tantas veces he
repetido y ahora haré una vez más:

“Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que
piensa, no es un hombre honrado”. “Un hombre que obedece a un mal
gobierno, sin trabajar para que el gobierno sea bueno, no es un hombre
honrado”.

Mi otra actitud mortificante para ese ser omnipresente que vigila y
exige le seamos mansos y obedientes es recibir en casa a opositores,
como si no estuviera implícito en mi carácter mantener las puertas de mi
hogar abiertas a todo el que toque en ella sin importar color, edad,
sexo e ideología, siempre que lo haga con empatía y respeto.

Lo primero que habrá de tenerse en cuenta es el sentido bueno de esa
palabra que se pretende satanizar, porque oponerse a lo mal hecho es una
virtud, nunca un pecado. Gandhi fue el insigne opositor del colonialismo
británico en la India, los principales dirigentes que gobiernan hoy en
Cuba fueron irrestrictos opositores de la tiranía batistiana.

Puede que en el mismo saco quepan aquellos opositores que gritan
consignas contra el Gobierno en plena calle o escriben frases obscenas
en las paredes de la ciudad. Estos también son opositores, claro, cuya
impotencia solo les permite vislumbrar como señera fórmula injuriar a
quienes los oprimen, los explotan y los ignoran. Si alguno de estos
llegase a mi casa para invitarme a conformar un grupo y asaltar en mitin
de repudio al presidente de los o la secretaria de la FMC, gritarles
improperios y propinarles golpes, les cerraría las puertas de inmediato,
porque a quienes pretenden atropellar tienen tanto derecho a ser
revolucionarios como ellos a no serlo. Pero si el que toca a la puerta
de mi casa, aún proclamando las razones más justificadoras, me propone
realizar un sabotaje, un atentado o cualquier acto de por
pequeño que sea, de seguro seré yo el primero que ha de correr a
denunciarlo.

No obstante las opiniones discrepantes, mi casa está expedita a todo
forastero que llegue a dialogar con tolerancia, sea este un miembro del
Minint o del Partido, o un connotado representante de alguna
organización opositora pacífica; el respeto al otro ha de ser, y es, mi
línea de conducta a seguir según aprendí del más grande de todos los
cubanos. Como mi pequeñez no me permite alcanzar la magnanimidad del
cura Hidalgo, me he propuesto besarle las sandalias.

En mi último viaje a la capital, un amigo ilustre resumió en cuatro
palabras por qué y para qué trabajamos. Trabajamos para “despenalizar la
discrepancia política”. Trabajamos “para que el Gobierno sea bueno”.
Trabajamos para conseguir un cambio pacífico y armónico hacia la
prosperidad, donde nadie sufra la pena del atropello y la revancha y se
vea impelido a marcharse del país.

Trabajo para que dentro de muchos años, cuando de nosotros apenas queden
los huesos carcomidos, pueda decir mi nieto que acaba de nacer:

–Mi abuelo fue uno de los cubanos que trabajó para que yo viva realizado
en una patria próspera, democrática y pacífica.

Source: ¿Amenazas? –
www.14ymedio.com/opinion/Amenazas_0_2085991381.html

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