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Raúl Castro, el pato cojo y el tiempo que se agota
EUGENIO YÁÑEZ | Miami | 24 de Septiembre de 2016 – 11:10 CEST.

El 8 de noviembre el presidente Barack Obama se convertirá en pato cojo
(lame-duck). No es irrespetuosa esa denominación: así llaman en EEUU al
funcionario electo saliente que ocupa el cargo entre las elecciones y el
juramento del sucesor.

Como patos cojos, los presidentes salientes, si no existen emergencias,
prefieren que los sucesores tomen determinadas decisiones. Un pato cojo
piensa más en su “legado”: ¿qué recordará la historia y la nación de su
gobierno, logros y fallos? Abraham Lincoln es la abolición de la
esclavitud, Lyndon Johnson las leyes de derechos civiles, Richard Nixon
el hombre en la Luna y Watergate.

¿Y Barack Obama? Su mayor proyecto, el sistema de accesible,
“Obamacare”, ha experimentado numerosas dificultades y muchos desean
echarlo abajo o al menos modificarlo sustancialmente. En política
exterior sus logros son escasos: el terrorismo se recrudece, aunque se
hayan evitado numerosos ataques; Rusia prevaleció en Ucrania y Crimea;
al Asad continúa gobernando y masacrando sirios; el pacto con Irán está
muy cuestionado; pretende imponer sus condiciones geopolíticas en
el Pacífico Occidental.

La política exterior de Obama se inspira en controvertidas ideas que
Richard Kupchan, profesor de la de Georgetown, expuso en
2010 en el libro How Enemies Become Friends: The Sources of a Stable
Peace (Cómo los enemigos se convierten en amigos: las bases de una paz
estable), y se basa en hacer concesiones unilaterales al enemigo, sin
exigir o esperar algo a cambio, y sin intentar modificar la naturaleza
de los regímenes adversarios, para demostrar buena fe. A cambio, sería
de esperar que el enemigo adopte conductas más amigables.

Cuba podría ser una demostración, y de ahí la importancia del tema para
el legado de Obama, quien puso fin a la política de más de medio siglo
hacia la Isla, alegando que no dio resultados y que se necesitaba una
distinta. Eso condujo a negociaciones secretas con el castrismo que
culminaron en los anuncios de diciembre 17 del 2014 y el posterior
restablecimiento de las relaciones diplomáticas interrumpidas en 1961.
Después, la conocida retahíla de reuniones bipartitas, demandas
castristas desmesuradas, concesiones de la parte americana,
declaraciones abstractas de que todo avanza y mejorará, “sin prisa pero
sin pausa”. Todo buscando “normalizar” relaciones con una dictadura no
interesada en normalizarlas. Raúl Castro no tendrá prisa, pero un pato
cojo sabe que no puede perder tiempo: Obama necesita que Cuba sea parte
sustancial de su legado.

Castro sabe que al presidente estadounidense le queda poco tiempo, y
continuará apretando cada vez más, tratando que Obama ceda al máximo,
mientras La Habana no concedería nada, o en el peor caso, lo mínimo. El
problema para Obama es que, en determinado momento, ya sus concesiones
no tendrían tiempo de revertirse en eventuales pasos amistosos
castristas, y no aportarían nada al legado presidencial.

Obama necesita que el “deshielo” no tenga marcha atrás. Lo que dijo
Donald Trump en Miami de revertir determinadas acciones con relación a
Cuba es lo de siempre en todo candidato presidencial, aunque esta vez
sin croqueticas ni café cubano en el Versailles. Si ganara las
elecciones, habría que ver.

Lo que exige La Habana ni Obama ni ningún presidente puede imponérselo a
los legisladores, que son quienes deciden. Y para el Congreso, levantar
el , derogar la Ley de Ajuste Cubano, devolver al castrismo la
Base Naval de Guantánamo, cerrar Radio-TV Martí, o eliminar programas de
ayuda a los opositores, no son asuntos de análisis inmediato ni
decisiones a la carrera este año.

Entonces, ¿qué podría hacer Obama sin autorización del Congreso para
salvar la cara y reforzar lo que él considera su legado en las
relaciones con Cuba (en realidad con el castrismo)? Ya no le quedan
demasiadas opciones.

El paso más audaz sería anular la orden ejecutiva “Pies secos/pies
mojados”, que garantiza permanencia legal en EEUU al cubano que pise
territorio americano. Aunque no todos ven esto probable, tendría un
efecto práctico: si llegar a territorio americano no asegura el parole y
habría que entrar ilegalmente, desanimaría las oleadas de cubanos por
mar y tierra buscando “el sueño americano”.

Y podría indultar a la espía Ana Belén Montes y enviarla hacia La Habana
a cambio de nada o de algún delincuente americano protegido en la Isla.
Sin embargo, como en el caso anterior, ¿qué recibiría Obama desde La
Habana a cambio de sus gestos amistosos?

Si Raúl Castro desea más victorias “del pueblo” no tendrá más opción que
conceder algo a cambio.

Habrá que ver hasta donde serían capaces de llegar un
intransigente aferrado al poder y un pato cojo mucho más preocupado por
su legado que por afianzar determinados valores que caracterizan a esta
gran nación.

Source: Raúl Castro, el pato cojo y el tiempo que se agota | Diario de
Cuba – www.diariodecuba.com/cuba/1474651371_25512.html

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