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¿Ofensiva Revolucionaria o zarpazo fascista?
JOSÉ HUGO FERNÁNDEZ | Miami | 5 de Septiembre de 2016 – 07:51 CEST.

El acercamiento de los últimos tiempos entre el Gobierno de EEUU y la
dictadura cubana no parece acercar —como esperaban muchos— el día de las
compensaciones para los ciudadanos estadounidenses cuyas propiedades
fueron confiscadas en Cuba. Cada vez son más los que reclaman (suman ya
5.913, según la Comisión de Reclamaciones del Extranjero, FCSC), pero
cada vez parecen ser menos los que se muestran optimistas, ni aun ante
la siempre imprecisa y aun remota posibilidad de que el quede
eliminado por completo.

Sin embargo, no hay por qué dudar que menos tarde que nunca llegue a
cuajar algún arreglo, a pesar de que ahora mismo no se vislumbra ni con
telescopio. Si lo consiguió en el caso de otros regímenes
no menos recalcitrantes, como el de , no se puede descartar que
también lo consiga en Cuba, aunque no sea pronto. Tal vez allá por la
cuarta o quinta dinastía de los Castro.

En todo caso, la lógica elemental del intercambio entre países del mundo
civilizado indica que algo tendría que ocurrir al respecto. Y si
demorase, es de esperar que no sea por falta de gestiones de los
afectados y del Gobierno que los representa.

Menos esperanzas (ya que ni siquiera han iniciado gestiones en la
mayoría de los casos) deben tener los cubanos que fueron dueños de
pequeños negocios en la Isla, aquella humilde gente que se rompió el
lomo trabajando durante toda la vida, sin sospechar el irrespeto y la
cruel frialdad con que el Gobierno revolucionario iba a expropiarlos,
obligándoles incluso a que no se llevaran de sus establecimientos más
que la ropa que tenían puesta.

Con perdón de los grandes inversionistas nacionales y extranjeros que
sufrieron usurpación (y que merecen por ello las justas compensaciones),
a mí me parece mucho más escandalosa la tragedia de estos pequeños
negociantes. Y considero que ahora que nuestra dictadura puja por
hacerse un sitio entre la concurrencia de gobiernos “normales”, debiera
empezar por el intento de atenuar, ya que no puede borrar, tan
bochornoso capítulo, indemnizando al menos a sus descendientes.

Por suerte, constan las estadísticas y otros datos históricos. Así que
tendrían ahorrado ese trabajo. Se sabe que fueron 55.636 las pequeñas
empresas, pertenecientes a una o dos personas, que dispuso
expropiar con la cruel pretensión de dejar a sus dueños desamparados,
sin un centavo en el bolsillo ni de dónde sacarlo, para obligarles a
depender enteramente del Estado.

Tal vez no se haya insistido suficientemente en la naturaleza fascista
de esta medida, un desenmascaramiento en toda regla de Fidel Castro como
el primer y más sobresaliente contrarrevolucionario de la revolución de
1959. La expropiación de la única fuente de subsistencia de pequeños
comerciantes, gestores de servicios y productores del país contradijo
incluso las tesis sobre la construcción del socialismo, basadas en la
nacionalización de los medios fundamentales de producción.

Usurparle las tijeras a un sastre y el martillo a un carpintero, o
impedirle por ley a un plomero, a un electricista, a un albañil, que
ejercieran independientemente un oficio que era patrimonio cultural,
además de constituir el sustento de sus familias, podría haber servido
para cualquier otro propósito malsano y demencial, pero no para la
construcción del socialismo en Cuba.

No obstante, el proceso ha quedado registrado en la historia con el
paradójico nombre de “Ofensiva Revolucionaria”, tal como lo bautizó
Castro en aquel manipulador discurso del 13 de marzo de 1968, que fue
cuando empezó a entrarle el al coco de su dictadura totalitarista.
El camino le quedaba expedito al ser eliminada una de las pocas áreas de
autonomía social que aún sobrevivían en el país.

Después de aquella barrabasada solo se mantuvo ajeno al mangoneo
gubernamental un reducido grupo de campesinos, que poseían el 30% de la
tierra, no obstante lo cual eran capaces de cubrir alrededor del 70% de
la demanda de la población en materia de productos del agro. Pero a esos
también terminaría pasándoles por encima el cilindro del fidelismo.

¿Podremos confiar en que algún día, sabe Dios cuándo, los hijos o nietos
o bisnietos de todas esas pobres víctimas sean recompensados, cuando
menos simbólicamente? ¿Sería mucho pedir que antes de que muera el
último de los Castro resulte obligado por los tribunales a extenderles
al menos una excusa pública? La justicia se podría encontrar quizá en
otro mundo, porque en el nuestro solamente hay leyes, dijo alguien. ¿Nos
ayudarán las leyes de una Cuba futura en democracia a pasarles la cuenta
en justa justicia a estos rufianes?

Source: ¿Ofensiva Revolucionaria o zarpazo fascista? | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1472936210_25068.html

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