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No hay que confiar en la bondad de los extraños
Bruselas lleva meses debatiendo el echar abajo una “posición común”, que
desde hace tiempo ha dejado de ser común
Redacción CE, Madrid | 24/09/2016 10:53 am

“Siempre he dependido de la amabilidad de los extraños”.
Blanche DuBois en un Tranvía llamado deseo.
Los exiliados cubanos, y también los opositores en la Isla, desde hace
décadas padecen de una especie de síndrome de Blanche DuBois. Una y otra
vez confían que un evento, un gobierno, un presidente extranjero le
devolverá la democracia a su país de origen o residencia —o participará
de forma decidida en el intento. Y una y otra vez, cuando ello no
ocurre, se sienten traicionados y alimentan su frustración con el desengaño.
En el caso de los exiliados la explicación es sencilla, porque el
expatriado trata de obligar al mundo a que acepte una visión que le es
propia, “que uno hace más inaceptable porque, de hecho, no está
dispuesto a que se acepte”, al decir de Edward W. Said. Y los opositores
también han hecho suyo ese credo.
Bruselas, Washington y La Habana apuestan al statu quo, al tiempo que
hacen “denuncias” y declaraciones en que se critican mutuamente. Pero
todos comparten un marcado interés en que la inutilidad de sus esfuerzos
sea todo un éxito. Lo han logrado.
La Casa Blanca despilfarra millones en planes sin sentido y sostiene
organizaciones que justifican sus ingresos con campañas que llaman la
atención solo en Miami.
En la Plaza de la Revolución no hay quien se atreva a proponer un poco
de flexibilización, que permita el mejoramiento de las condiciones de
vida de los habitantes de la Isla.
Bruselas lleva meses debatiendo el echar abajo una “posición común”, que
desde hace tiempo ha dejado de ser común. Es decir, arrojar al cesto de
papeles algo que en los países del área solo se menciona cuando algunos
de sus diputados acuden a ciertas reuniones parlamentarias europeas.
Hace poco, el 27 de julio de este año, el Observatorio Cubano de
pidió a la Unión Europea que reflexionara “ante la
persistencia de la violenta represión, las detenciones arbitrarias, los
allanamientos y confiscaciones en Cuba”, así como tuviera en cuenta que
“más de 20 activistas se encuentran en huelga de hambre, entre ellos
Guillermo Fariñas, Premio Sajarov 2010 a la de Conciencia del
Parlamento Europeo”. Por todo ello, instaban a que el respeto a los
derechos humanos fuera “una condición irrenunciable para avanzar con el
acuerdo de cooperación bilateral -Cuba”.
Pues bien, la petición de la organización no ha servido de nada. de
borrajas —¿no sería mejor decir agua de “Coco”?—, porque sus papeles
carecen de una condición elemental: no cuentan con fuerza política: ni
en Europa, ni en Madrid y mucho menos en Cuba. Así que quedan, de nuevo,
a “la bondad de los extraños” y en asuntos de Estado esa voluntad no existe.
Ni siquiera desde el punto de vista moral puede la organización
establecer una reclamación, cuando invoca una huelga de “20 activistas”
que fue abandonada por todos, incluido su opositor estrella.
El Observatorio ha pedido reiteradamente conocer el contenido de las
negociaciones, y se queja que la Unión Europea siempre ha respondido con
evasivas a esta exigencia. Por lo tanto, denuncia la “falta de
transparencia cuando se negocia el futuro de una nación es inaceptable,
y constituye un comportamiento connivente”.
No es que la organización carezca de razón, desde el punto de vista de
un idealismo ético —es decir, aquel código de conducta que considera a
los seres humanos como inherentemente inclinados hacia la bondad—,
cuando plantea que la transparencia debe regir los acuerdos políticos.
Pero se sabe que en la práctica la conveniencia política —o lo que es lo
mismo, las razones de Estado—, junto con las valoraciones económicas,
unido a un análisis sobre la utilidad de las normas, medidas o leyes,
determinan por encima de las declaraciones al uso y de buena voluntad.
Por lo que no es extraño preguntarse quién se encuentra tras un reclamo
idealista: ¿un ingenuo o un pícaro?
Sin , lo que llama la atención, cuando se leen declaraciones como
la del Observatorio Cubano de Derechos Humanos, o de las decenas de
organizaciones que pululan por Miami, y en las que se reprocha a
determinado gobierno —sea el de o uno cualquiera de
Europa— su actuación respecto al caso cubano, son dos puntos: uno es la
trascendencia que se concede al papel de la mencionada negociación para
el destino de Cuba: “se negocia el futuro de una nación”. Otro es la
importancia, que se conceden a sí mismo determinados actores, no para
influir directamente en “el futuro” de su país, sino en la acción de
otras naciones, que supuestamente dictan ese futuro. Presunción, con el
agravante de un medio interpuesto.
Esa mezcla, al mismo tiempo de arrogancia en las ínfulas e
insignificancia en la práctica, contribuye a un consecuente fracaso, que
no se asume como tal sino como “traición”: “El Observatorio considera
que si este acuerdo no impone un itinerario inapelable y verificable
hacia un espacio democrático de convivencia para los cubanos, la Unión
Europea habrá traicionado no solo a los cubanos sino a sus propios
principios fundacionales”.
Sin embargo, más allá del problema de que “otros” —naciones, gobiernos,
políticos— traicionen a los cubanos, hay que preguntarse cuánto hacen
los cubanos para evitar ser traicionados. Porque siempre el expediente
más fácil es recurrir a la culpa ajena. Y todo ello bajo la presunción
que determinado opositor, líder u organización habla en nombre de todos
los cubanos, con independencia de credo político o filiación
organizativo, lo cual por supuesto no es cierto.
Aferrarse a una estrategia solo se justifica mientras esta brinde
resultados. Un poco de cordura y sentido común bastaría para cambiar
este panorama, pero interés económicos permiten que continúe la
vanagloria de supuestos éxitos opositores como la aparente huelga de
Fariñas— “era mejor ir al Parlamento Europeo”, dijo el opositor—, que
cuando terminan en fracaso se saludan como “traiciones”.

Source: No hay que confiar en la bondad de los extraños – Noticias –
Cuba – Cuba Encuentro –
www.cubaencuentro.com/cuba/noticias/no-hay-que-confiar-en-la-bondad-de-los-extranos-326776

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