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Randy Alonso, un ‘cubano de verdad’ que vive en una isla-prisión
FABIOLA SANTIAGO
fsantiago@miamiherald.com

Querido Randy:

Qué nombre tan tierno para un personaje tan desagradable.

Me recuerda la risa sonora y contagiosa de un jugador de football que
conocí en la secundaria, que fue mi amigo en un momento en que yo
llevaba por dentro el sufrimiento del haber perdido país y familia, pero
disfrutaba de la aventura de convertirme en estadounidense.

Ver a un soldado comprometido con la fallida revolución cubana con un
nombre inglés como Randy no es algo que se ve todos los días. Es un eco
de la época en que la cultura cubana coqueteaba con todo lo
estadounidense, que era, ah, fabulosamente chic. Con ese nombre, Randy
Alonso, habrás tenido que trabajar muy duro para escalar en tu carrera
de propagandista del gobierno cubano hasta llegar a moderador de la Mesa
redonda, el programa de debate de la televisión nacional que se usa para
adoctrinar a los cubanos sobre lo que se supone que tienen que creer.

Nombrar para degradar es tu talento único. Nos has puesto el nombrete de
“la mafia cubana de Miami”, y te refieres a nosotros como gusanos, pero
nunca como las mariposas en que nos convertimos cuando empezamos a
visitar la isla cargados de regalos y a subsidiar familias gastando
cientos de millones de dólares al año. Fue el pueblo cubano el que nos
puso ese nuevo sobrenombre, con su humor y su ingenio intactos a pesar
de las venenosas mentiras inculcadas a su psiquis.

Y ahora que las derrotas en las Olimpiadas te han dejado sufriendo, has
acuñado un nuevo término para disminuir a los exiliados, los
inmigrantes, los desertores y los cubanos nacionalizados en otras partes
del mundo: “excubano”.

¿El motivo de tu perreta y tu odioso comentario? El corredor Orlando
Ortega, nacido en Cuba, quien ganó medalla de plata para España, y que,
victorioso, se negó a dejarse envolver en la bandera cubana. Tu desdén
siguió creciendo a medida que más atletas cubanos que viven en lugares
tan lejanos como Turquía y Azerbaiyán ganaron más medallas para sus
países adoptivos, y no tuvieron otra cosa que elogios y agradecimientos
por el refugio y la aceptación recibidos en los mismos. No hubo una
victoria más dulce que las dos medallas de plata en gimnástica para
de Danell Leyva, que lo perdió Matanzas y lo ganó Miami y
me hizo sentir una dosis doble de orgullo.

Aceptar como nuestros a países que nos dieron refugio contra la opresión
no nos hace menos cubanos. ¿No fue el cubano más celebrado de todos,
José Martí, un exiliado en Estados Unidos por muchos años?

Qué poco nos conoces, Randy.

Si la medida de ser cubano es sucumbir a la categoría subhumana que el
gobierno cubano ha creado para ti, entonces no, por suerte, yo no soy
ese tipo de cubana. Yo vivo en un país donde no me prohíben entrar a los
hoteles y a las playas, como se le hace a los nativos en Cuba. Yo vivo
en una ciudad donde puedo comprar un boleto para navegar por la Bahía de
Biscayne en una lancha llena de turistas que esperan impacientes a parar
frente a una residencia de Star Island para saludar y gritar: “¡Gloria!
¡Gloria!” Saludan a la cubanaza Gloria Estefan, quien ha llevado la
música cubana a Broadway y las listas de Billboard. Créeme, ella no es
ex-cubana.

Tú, por desgracia, tienes que vivir en una isla donde los extranjeros
son reyes. Ellos disfrutan tus hoteles, tus giras por ese archipiélago
de hermosos cayos en la costa de Camagüey, ese que ni siquiera la cubana
que vende los boletos de la gira puede visitar. Tú, “cubano de verdad”,
vives en una prisión nacional donde tus músicos tienen que rendir
tributo al comandante si quieren conseguir buenos lugares donde tocar su
música en su propio país. El gobierno represivo que defiendes es el amo
de todo, hasta de la cultura que te permiten consumir.

Cuando apoyas a un gobierno que degrada a los cubanos que no piensan
como ellos, cuando tratas de hacernos ver como el enemigo en un momento
en que tantos cubanoamericanos están construyendo aún más puentes, tú,
Randy, eres el mendigo que les sirve a ellos.

Cuando viajo al extranjero y la gente me pregunta de dónde soy, yo digo
con orgullo: de la República Independiente de Miami. Ellos enseguida
quieren saber más: ¿de dónde soy de verdad? Soy cubana, digo con el
mismo orgullo.

Pero, ¿tú quieres saber de verdad cuán cubana soy, Randy?

Soy tan cubana que, el otro día, hice enojar a alguna de mi gente cuando
dije que los partidarios cubanos de Donald Trump sufren del síndrome de
la supremacía, y ellos me fueron arriba. Me regalaron una de esas cosas
horrendas que ustedes inventaron en la isla, el “”. El
acto de repudio en contra mía, no obstante, tuvo algo del que el tuyo
carece: acceso a , cero y caché internacional, el
glamour que viene con que te insulten desde tan lejos como París. Ser
digna del repudio de la autora de una novela cubana clásica –una
escritora a quien yo había defendido cuando otros cubanos la llamaron
una comunista vulgar– es la máxima experiencia cubana.

Esa es la gloria de la democracia. Hay lugar para todo, algo que una
persona reprimida como tú, que acepta a su amo sin cuestionarlo, no
puedes entender. Soy tan puñeteramente cubana que me siento con poder
para criticarnos a nosotros mismos –sin perder una gota de mi cubanía–
cuando perdemos el camino y apoyamos a un cretino desquiciado. Y tan
norteamericana que estoy dispuesta a morir defendiendo el derecho de
ellos de no estar de acuerdo conmigo.

Si no fuera tan cubana, me hubiera reservado eso, y hubiera escrito
estas líneas con la serenidad intelectual de la mitad americana de mi
personalidad.

Pero, Randy, tú me sacas la cubana que llevo dentro.

Yo soy tan cubana –y estoy rodeada de tanta cubanía cada día de mi vida
americana en Miami, la capital del exilio cubano– que a veces, a decirte
verdad, me asfixia.

Pero, para mi gran fortuna, yo soy cubana y algo más, y, lo mismo que
los atletas olímpicos, soy libre de escapar hacia el abrazo de otra
tierra que amo.

Fabiola Santiago: fsantiago@miamiherald.com, @fabiolasantiago

Source: El calificativo de ex-cubanos que dio Randy Alonso a atleta
levanta ola de rechazo entre exiliados cubanos | El Nuevo Herald –
www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/fabiola-santiago-es/article98636317.html

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