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Otra vez, nos sale hasta en la sopa
agosto 12, 2016
Iván García, desde La Habana

Tras diez años retirado, el Estado cubano organiza ahora veladas,
debates y fiestas, con el dinero público, para agasajar en sus 90 años
al otrora Máximo Líder. Pero el guateque tiene un leve tufillo a despedida.
LA HABANA, Cuba. La noche del 31 de julio de 2006, poco después de las
8:30, Cuba quedó en suspenso. “Como nuestro país se encuentra amenazado
por el Gobierno de , delego con carácter provisional mis
funciones como primer secretario del Comité Central del Partido
Comunista en el segundo secretario, compañero Raúl Castro Ruz”.

La histórica proclama de Fidel Castro, tras una enfermedad que lo tuvo
al borde de la muerte, fue leída al país por Carlos Valenciaga, en aquel
momento secretario del autócrata verde olivo y posteriormente purgado
por el sucesor.

Desde entonces las apariciones de Castro I en los medios oficiales son
milimétricamente calculadas. En su aparente retiro, escribió algunas
notas vaticinando una hecatombe nuclear del ‘imperialismo yanqui’ con
Irán o el Estado gamberro de Corea del Norte.

En determinados momentos, durante la excarcelación de disidentes
de la Primavera Negra (2010), el restablecimiento de relaciones con
Estados Unidos (2014) o la visita del presidente Barack Obama (2016), el
monopolio mediático del partido comunista lo rescató al estilo de un
padre de los dioses, con la intención de poner punto final al debate
intelectual o señalar el camino a seguir.

Fidel Castro es un futuro caso de estudio para psiquiatras y
politólogos. En igual proporción, despierta odio desmesurado en sus
adversarios o una idolatraría ridícula entre sus seguidores.

A los cubanos de a pie, le ha quedado la duda si el anciano ex
guerrillero, desde su residencia en Punto Cero, no continúa diseñando
las líneas maestras de la política nacional e internacional del país.

Los nacidos después del año 2000 están inmunizados del virus
‘fidelista’. Ellos crecieron bajo el gobierno de Raúl Castro, un tipo
casi invisible que ofrece un par de discursos al año y no ha sido tan
invasivo en sus vidas privadas como su hermano Fidel.

La desideologización de la sociedad cubana es proverbial. Casi ningún
joven ha leído obras marxistas, no cree en el Hombre Nuevo ni tampoco en
la construcción de un paraíso comunista.

Para un segmento de ciudadanos, Fidel Castro ya es un tipo lejano. Una
voz en fade. Un abuelo con demencia senil que cuando abre la boca se le
escucha por obediencia, pero luego olvidan sus monsergas.

Fidel Castro es el pasado incrustado en el presente e hipotecando el futuro.

Aparte de los idiotas de siempre, oportunistas, extremistas y amanuenses
comprometidos, cualquier persona sensata, al leer alguno de sus más de
dos mil extensos discursos, puede llegar a una conclusión demoledora:
más que un trastornado absolutista, fue un maestro del engaño y la
manipulación.

Los invito a ver el documental ‘FIEL’ CASTRO, del realizador Ricardo
Vega. La comparación con el nazismo alemán o la peor etapa del
franquismo español es inevitable.

?Esas imágenes en blanco y negro, de un Fidel Castro desde una tribuna
con su gestualidad intimidante, asegurando que la Isla exportaría carne
de res y detallando un plan para mejorar el ganado vacuno, lleva a
meditar a cualquier persona mayor de 40 años cuánto tiempo Castro nos
mintió y cuáles fueron las causas para qué aplaudiéramos a un tramposo.

Releer la obra discursiva de Fidel Castro es comprobar que el tipo fue
un mitómano. Probablemente padece del Síndrome de Münchhausen. Esta
enfermedad epónima toma su nombre del excéntrico Karl Friedrich
Hieronymus, “Barón de Münchhausen” (1720-1797), quien se hizo famoso por
contar historias de aventuras fantásticas que nunca le habían sucedido,
como haber bailado en el estómago de una ballena o haber viajado a la luna.

Desde luego que Fidel Castro tuvo talento político y astucia suficiente
para derrotar al ejército del Fulgencio Batista, seducir al
pueblo cubano, desmontar sin demasiada oposición las estructuras
institucionales, jurídicas y la prensa libre.

La mayoría del pueblo aplaudió el entierro simbólico de los medios
privados y gritaban paredón exigiendo castigo a sus oponentes. No es que
fuéramos una sociedad diferente. Es que los autócratas tienen la virtud
de robotizar a las masas.

, Italia, la antigua URSS -donde un pionero delató a sus padres
por traición- Corea del Norte o la de Mao, son ejemplos de
sociedades controladas por un ‘iluminado padre de la patria’.

Ahora, con motivo de su noventa onomástico, Fidel Castro aparece por
todos lados. Hasta en la sopa. Es parte de la narrativa de sociedades
autoritarias y absurdas. Al líder hay que adorarlo.

El Estado cubano, con el dinero del erario público, organiza veladas
culturales, debates y fiestas para agasajar al otrora máximo líder en
sus 90 años. Pero este guateque tiene un leve tufillo a despedida.

Source: Otra vez, Fidel Castro nos sale hasta en la sopa –
www.martinoticias.com/a/fidel-castro-sale-hasta-en-la-sopa/127842.html

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