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Más deportaciones y un éxodo que no termina
Cuando narremos la verdadera historia de Cuba, el tema migratorio
ocupará su justo lugar
Miércoles, agosto 10, 2016 | Alberto Roteta Dorado

FORT PIERCE, .- Con el cierre de la frontera panameña —una
vez que el gobierno de este país solucionó la crisis de su territorio—
la travesía de los migrantes por Centroamérica hasta llegar a Estados
Unidos se vio gravemente afectada. Por un lado se empezaron a acumular
cientos de cubanos, haitianos, africanos y hasta asiáticos, que
normalmente cruzaban fronteras ascendiendo rumbo al norte para lograr su
objetivo, aun cuando esto presupone el riesgo de perder sus propias
vidas; por otra parte, algunos deciden atravesar la peligrosa selva
guiados por coyotes, a pesar de la vigilancia extrema de las fronteras
por parte de los agentes de migración.

En Turbo, pequeña localidad colombiana de la subregión de Urabá en el
departamento de Antioquia, cerca de la frontera con Panamá, se desató
otro conflicto migratorio, devenido en crisis humanitaria, tras la
llegada de más de dos mil cubanos, los que en su mayoría determinaron
quedarse en la espera de una posible solución.

Desde la reunión que tuvo lugar en Bogotá, a mediados de julio, la
ministra de Relaciones Exteriores María Ángela Holguín sostuvo con
firmeza la medida de la deportación, decisión que ya fue ratificada por
el presidente de Colombia Juan Manuel Santos; lo que es ya una realidad,
por cuanto se ha comenzado el proceso de deportación y ya han llegado a
La Habana los primeros cubanos. Esta disposición radical, junto a las
medidas que ya habían asumido los gobiernos de Panamá y Costa Rica,
hacen realmente imposible una salida adecuada para los migrantes cubanos
hacia los Estados Unidos como vía de escape ante su difícil situación.

Estos días transcurren en Turbo con manifestaciones de protesta por
parte no solo de cubanos, sino de colombianos que apoyan la causa de sus
hermanos, siendo las oficinas de inmigración el punto de concentración
para las protestas por las medidas adoptadas por el gobierno, además de
la salida masiva de cubanos hacia las temibles selvas del Darién.

No obstante, los cubanos son capaces de asumir cualquier peligro por tal
de poder continuar un éxodo que los alejará de las garras del comunismo.
Todo menos su retorno a Ecuador, el país del cual procede la mayoría, y
en el que recientemente sus coterráneos fueron golpeados, desalojados,
detenidos y deportados a Cuba, su país de origen, en el que tiene lugar
en este momento la más despiadada represión.

Cuando pasen los años algunos pondrán en duda la veracidad de estos
sucesos que son parte de la historia del continente, pero de manera
particular de los migrantes y del exilio cubano. Lo que han narrado
algunos sobre asaltos, estafas, chantajes, amenazas, agresiones,
violaciones, asesinatos y muertes, es una realidad que han tenido que
enfrentar centenares de hombres, los que, en su intento de alcanzar su
objetivo lo han asumido como parte de su destino.

Llamarles irresponsables, oportunistas, delincuentes, fracasados, entre
otros tantos calificativos que con frecuencia le dan sus propios
compatriotas, ya sea los que se quedaron en la isla o los que se
encuentran ya en el exilio, es una injusticia. Esa fue su determinación,
y debe ser respetada.

Las migraciones humanas son un fenómeno universal que la historia ha
reportado a través de los siglos, y cuando son encausadas como protesta
contra un régimen, constituyen un método de no-cooperación social, que
es el caso de los cubanos que han salido del país por motivos puramente
políticos a diferencia de otros migrantes que son afectados por el
hambre, las guerras o las epidemias.

La emigración como forma de protesta es, pues, lo que ha estado
ocurriendo en el actual contexto histórico cubano. Si tenían que haber
protestado o no en su suelo patrio, si se tenía que haber asumido la
lucha contra la dictadura en vez de emigrar, o si acaso resistir
estoicamente a pesar de la represión es lo que en realidad se debe
hacer, no somos quienes para juzgarles. Cada cual ha asumido su
responsabilidad, y los migrantes lo hacemos con dignidad, aun cuando
conocemos que ser un significa estar discriminado, algo con lo
que cargamos para el resto de la vida.

Las actitudes de aquellos gobiernos que se han pronunciado en contra del
fenómeno migratorio cubano, de manera particular el gobierno ecuatoriano
que dirige Rafael Correa —que recientemente cometió actos que no están
en correspondencia con estos tiempos, ni con aquellos principios que
tanto proclama su “famosa cancillería” —, y ahora el gobierno colombiano
que encabeza Juan Manuel Santos, quedarán también para la historia como
ejemplos de violaciones a la del hombre y a su derecho de
elegir dónde quiere vivir; pero ante todo, por haberse solidarizado con
la peor dictadura del continente americano.

No culpen más al gobierno de Estados Unidos con su política migratoria
—que sin duda favorece a los cubanos— como elemento que incentiva la
migración desde la isla. Si los cubanos encontraran aquello que todos
necesitamos y que constituye el ideal anhelado, aquella libertad de la
que ya poco se sabe ante la imposición de su contrapartida por más de
medio siglo, habría migraciones esporádicas como fenómeno inevitable de
todas las naciones; pero no éxodos masivos capaces de originar crisis en
otros territorios.

En las múltiples conferencias, reuniones y convenciones donde se aborda
el tema migratorio como conflicto continental, debe tratarse el
verdadero origen de todo conflicto migratorio cubano, y no dispersarse
en las hipócritas declaraciones de la cancillería de la isla respecto a
la idea de que los migrantes se conviertan en víctimas de traficantes y
de bandas regionales; se sabe que esto no es motivo de preocupación para
los gobernantes cubanos.

Basta de los continuos ataques a la Ley de Ajuste Cubano, a la política
de “pies secos, pies mojados” y al Programa de Parole para profesionales
médicos cubanos, como posibles desencadenantes del fenómeno migratorio.

Cuando narremos la verdadera historia de Cuba correspondiente a este
difícil momento, los sucesos relacionados con el tema migratorio
ocuparán su justo lugar. El sufrimiento, la frustración, el aislamiento,
la incomprensión y las múltiples muertes de aquellos que emprendieron
viajes a través de las selvas centroamericanas, tienen sus verdaderos
culpables. En primer lugar la dictadura comunista cubana, de manera
particular su líder, el despiadado y cruel Dr. y su
hermano, el actual presidente, y junto a ellos, aquellos que pudieron
haber hecho algo en pos del bien, pero prefirieron ser aliados de la
maldad, especialmente Daniel Ortega y Rafael Correa —gobernantes
corruptos de líneas izquierdistas— y Juan Manuel Santos, quien a pesar
de su postura política, nos ha sorprendido con su insólita respuesta.

Source: Más deportaciones y un éxodo que no termina | Cubanet –
www.cubanet.org/colaboradores/mas-deportaciones-y-un-exodo-que-no-termina/

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