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Los 90 otoños del
¿Cuánto odio y rencor puede caber en una sola persona?
Eugenio Yáñez, Miami | 11/08/2016 9:56 am

Noventa años de vida implican una edad venerable en la que se merece
amor, respeto y cariño de familiares, amigos y muchos más. Normalmente,
quienes conocen a la persona que cumple nueve décadas de vida cuentan
recuerdos agradables del festejado, anécdotas que vale la pena traer a
colación, o enseñanzas útiles para todos aquellos que pueden aprender
mucho del longevo anciano.
No es el caso de , que cumple 90 años cargado de odio,
rencores y desprecio hacia los cubanos y hacia todos aquellos que no
estén dispuestos a doblegarse ante su férula prepotente y despótica.
¿Alguien lo recuerda, aunque fuera una vez, hablando con sus hijos o
nietos, contando chistes, cantando o bailando?
Tal vez familiares muy cercanos abriguen sentimientos afectivos hacia el
impertinente nonagenario de Punto Cero, pero de acuerdo a lo que se ha
podido conocer con el paso de los años, ni siquiera todos sus hijos o
hermanos tienen la mejor opinión del nefasto personaje.
Naturalmente, las alabanzas oficiales son otra cosa, y esas están en
movimiento desde hace meses, destacando la “grandeza” y la “visión” del
supuestamente comandante invencible que siempre resultó vencido.
Mientras los verdaderos líderes convierten dificultades en
oportunidades, Fidel Castro siempre convirtió oportunidades en
problemas: típicas características de la mediocridad.
La “guataquería” oficial se ha desbordado en estos tiempos, alcanzando
niveles de cursilería que provocan nauseas. Sinfonías, poemas, ediciones
especiales de libelos, recopilación de frases y discursos —los que
pueden recordarse, porque muchos otros los esconden en lo más profundo
de los fosos de la infamia—, programas de radio y televisión,
felicitaciones de “organizaciones de masas”, dedicatorias de eventos, y
todo tipo de mentecatadas nacionales.
Que serán reforzadas por mensajes de felicitación por el onomástico que
enviarán personajes tan democráticos e iluminados como Nicolás Maduro,
Vladimir Putin, Xi Jinping, Kim Jong Un, Bashir al Assad, Evo Morales,
Rafael Correa, Daniel Ortega, Frei Beto, Noam Chomsky y Michael Moore,
entre otros ilustres componentes de la fauna “revolucionaria”. Habrá que
dispensar si no cumplen la correspondiente ceremonia a Lula y Dilma
Rouseff, enredados ante la justicia en estos momentos, y a Cristina
Fernández de Kirchner, ocupada escondiendo parte de los dineros
malversados durante sus mandatos.
La apología oficial hablará de muchas cosas, algunas ciertas y muchas
inventadas o maquilladas, para destacar la perínclita originalidad del
homenajeado y su condición de ejemplo permanente para las generaciones
futuras en Cuba, el continente americano, el planeta, el Sistema Solar y
el Universo. La baba estatal inundará las calles, y los cubanos
“felices” celebrarán la augusta fecha haciendo colas y con una sola
al día, como de costumbre, mientras los noticieros de la
televisión divinizan a Fidel Castro en el país de las maravillas, creado
por él a su imagen y semejanza.
Ninguna versión oficial del ensalzamiento resaltará o siquiera
mencionará determinados “detalles” de la vida y obra del tirano, que en
toda valoración seria y objetiva deberían destacarse, pero que los
libelos del régimen, apologistas y “troles” cibernéticos negarán o
tratarán de minimizar, intentando justificar a quien nunca podrán lavar
el rostro por toda su maldad. He aquí algunos de sus pecados, mortales
todos:
– Brutal represión, eliminación de las libertades individuales y
aniquilamiento de la sociedad civil cubana, enfrentamiento violento
desde antes de su llegada al poder hasta nuestros días contra todos los
que se opusieran —sangrienta o pacíficamente— a los úkases y fantasías
del alucinado en jefe.
– Destrucción antropológica de la nación cubana, la sociedad y la
familia, con millones de cubanos viviendo fuera de la isla, exiliados o
emigrantes, a quienes se intentó durante muchísimo tiempo separar y
alejar de familiares y amigos que quedaban en el país, y que, cuando
desean regresar de visita a su patria de nacimiento, se les prohíbe
hacerlo sin un vejatorio permiso, se les cobran abusivos cargos por
demorados trámites migratorios, y se les ha llamado gusanos, escoria, o
traidores, hasta que la crisis económica del régimen obligó a atenuar el
lenguaje, aunque no los criterios.
– Falsificación y tergiversación de la historia nacional y politización
de la educación en función del culto a la personalidad de un individuo a
quien presenta la propaganda oficial —única permitida— infalible como un
casi Dios, y a quien se le atribuyen visión y majestad supremas, al
mejor estilo norcoreano.
– Irresponsabilidad de permitir y facilitar instalar en Cuba misiles
nucleares apuntados contra , y pedirle al
soviético lanzar el primer golpe durante la Crisis de Octubre, mientras
él mismo se encontraba escondido en su refugio.
– Aventurerismo militar, bajo el manto de un abstracto internacionalismo
proletario inexistente, que envió a morir en tierras extrañas a miles de
cubanos para apoyar pandillas insurgentes antidemocráticas o gobiernos
dictatoriales y corruptos.
– Entregar la orden “José Martí”, la más alta condecoración cubana, a
criminales de la calaña de Mengistu Haile Marian, Nicolae Ceacescu y
Erich Honnecker, entre otros.
– Someter a los cubanos a un “período especial” cargado de miserias y
penurias extremas —económicas, de , sociales, psicológicas, y
morales— con la única finalidad de mantenerse en el poder cuando la
estafa del comunismo fracasaba en todo el mundo y ese sanguinario
sistema desaparecía en muchos países.
– Destruir la industria azucarera, la agricultura, la ganadería, la
infraestructura productiva, el , las comunicaciones, todos los
sectores económicos del país, tras haberlos confiscado por capricho y
pretender dirigirlos como si Cuba fuera una finca de su propiedad, de
espaldas a toda experiencia productiva, económica, social y tecnológica.

Por si fuera poco todo ese daño contra la nación cubana, desde que tuvo
que abandonar sus cargos por problemas de salud ha continuado haciendo
daño desde su retiro, negándose a admitir que su momento
histórico-biológico ya terminó y que hace mucho tiempo que nuevas
generaciones de cubanos deberían haberse hecho cargo del destino del
país, eligiendo libremente a quienes desean como líderes.
Como colofón a toda su macabra actuación histórica, no pueden ignorarse
sus obstrucciones y sabotaje contra la nueva política que el presidente
Barack Obama planteó hacia Cuba enterrando la guerra fría, así como
contra cualquier intento de reforma en los pasados sexto y séptimo
congresos del partido comunista, prolongando y exacerbando más aun las
calamidades de los cubanos.
Allá quienes piensen que este amargado megalómano algún día podrá ser
absuelto por la historia. Para muchos, ya ese veredicto fue dictado hace
mucho tiempo.
Y no es otro que “culpable” de infinidad de crímenes, todos con
premeditación y alevosía.

Source: Los 90 otoños del tirano – Artículos – Opinión – Cuba Encuentro

www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/los-90-otonos-del-tirano-326262

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