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Extranjera un día, extranjera para siempre – Diario de una repatriada 2
DOMINIQUE DELOY, La Habana | 22/08/2016

¿Cómo hacen los cubanos para saber que no soy de aquí? Llevo la misma
ropa que las cubanas (pantalón corto, camiseta y sandalias) y mi piel no
es tan blanca en este verano abrasador. Además, me jacto de hablar
bastante bien “cubano”… Entonces, ¿por qué sigo sintiendo como un
estigma perpetuo, como un “délit de faciès”, diríamos en para
referirnos a los controles callejeros que se hacen a los inmigrantes sin
mayor motivo que su aspecto físico? ¿Por qué estoy obligada a soportar
en la calle las continuas llamadas: “Hello, my friend, ¿quieres un taxi,
un buen , de dónde vienes? ¿Qué idioma hablas? ¿Quieres ir a la
?”.

¿Por qué no puedo parecer solo normal, una ciudadana como el resto y no
un ser casi extraterrestre? ¿Por qué esta etiqueta de pegada en
la frente, como si estuviera padeciendo una obsesión que consiste en
recorrer la Isla una y otra vez? ¿Dentro de diez años seguirán
ofreciéndome estatuillas de madera o boinas del Che? ¿Por qué nadie
piensa que puedo vivir aquí, incluso trabajar a cambio de un salario cubano?

Pero eso no es todo. Hace unos pocos días, en la Feria de Arte de la
Rampa, tuve que pagar 2 CUC para entrar (¡solo para tener el derecho de
comprar dentro!). En cambio, a mi pareja solo le cobraron 4 pesos
cubanos, o sea, doce veces menos que a mí.

Lo que más me molesta es que todo es implícito, natural, sin mediar
palabra, sin explicación, solo al verme la cara. Y así es en cualquier
evento cultural, excepto el cine, ¡gracias a Dios!: 2 pesos cubanos para
todo el mundo, el único momento en que vuelvo a ser una persona normal.

Creo que hace mucho tiempo, pese a la globalización, una barrera
invisible se ha levantado entre Cuba y los países normales, entre los
cubanos normales y los extranjeros “extraños”. Me cuesta saber si mi
estatus de extranjera es más bien positivo o negativo desde la
perspectiva de los cubanos, que se muestran generalmente bien dispuestos
hacia mí. Existe una barrera, invisible pero inalterable, y no logro
saber si los cubanos tienen aprecio por los extranjeros. Felizmente,
quedó atrás la época en que mi futuro esposo no tenía derecho a dormir
conmigo en un o una , y aún menos a bucear conmigo
en las aguas cristalinas que bañan esta isla, cuando, entonces sí, yo
era verdaderamente una turista.

Source: Extranjera un día, extranjera para siempre – Diario de una
repatriada 2 –
www.14ymedio.com/blogs/cajon_de_sastre/Diario-extranjera-repatriada-II-Extranjera_7_2056064375.html

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