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¿Cielos despejados?
FRANCISCO ALMAGRO DOMÍNGUEZ | Miami | 31 de Agosto de 2016 – 09:54 CEST.

Lo que parecía imposible hace pocos años está a punto de hacerse
realidad: la aerolínea JetBlue inicia hoy la ruta Fort Lauderdale-Santa
Clara esta semana. De ese modo, los vuelos regulares entre varias
ciudades estadounidenses y cubanas —exceptuando La Habana por el
momento— quedaran abiertos. Según también ha comunicado la empresa de
bajo costo y con sede en Nueva York, tendrán rutas diarias a Camagüey
y Holguín desde el mismo floridano.

American Airlines, ahora probablemente la mayor compañía área del mundo,
se prepara para competir en rutas desde Miami a Cienfuegos, Holguín y
Varadero, este último destino, en septiembre. Se sabe que hay otras
empresas norteamericanas en la puja por los “cielos de Cuba” pero nada
oficial se ha anunciado aún. El olfato de los directivos del
por aire huele el pastel a a solo unas millas, y este miércoles serán
los primeros en romper el cerco económico que por más de medio siglo se
le ha dispensado a la Isla.

La noticia de los vuelos directos, en Miami y en La Habana, ha
encontrado, como ya es habitual, opiniones favorables, menos y nada
favorables. Si hiciéramos abstracción de los factores políticos que
rodean el restablecimiento de los vuelos comerciales entre los dos
países, nada mejor para ambos. La Habana, llamada Llave del Golfo, es el
sitio de escala natural de Las Américas. Lo fue cuando la navegación por
mar era el único medio de transporte, y lo siguió siendo cuando la
aviación comenzó a sustituir el transporte comercial marítimo.

Miami es el primer aeropuerto de carga de EEUU. Uno de los primeros en
pasajeros. La Habana, Varadero, Santa Clara y Santiago de Cuba tienen
condiciones climatológicas excelentes todo el año y, a pesar de su muy
golpeada infraestructura, todavía hay mucho terreno para construir. Por
otra parte, el personal de tierra, cuando ha sido debidamente entrenado
y bien remunerado, ha demostrado profesionalismo. A pesar de no pocos
accidentes graves en los últimos tiempos, no olvidemos que Cubana de
Aviación, fundada hace casi 90 años, fue la primera línea
latinoamericana en enlazarse con Norteamérica y Europa.

Los vuelos directos sin duda benefician al pasajero ordinario. Las
compañías chárter y las compañías cubanas que operan los aeródromos han
explotado al máximo durante cinco décadas el bolsillo de los viajeros.
Se podrá argüir que muchos cubanos regresan a Cuba porque quieren, pero
hay una buena cantidad que lo hace y lo hará porque allá quedaron hijos,
padres y hermanos, y como dice una amiga, hay que bajar la cabeza porque
el amor filial está por encima de cualquier consideración. Se podrá
decir que las empresas de viajes a Cuba “lucran” con estos viajes, y
están “confabuladas” con el régimen de La Habana. Pero habría que
exigirle también a las leyes estadounidenses flexibilidad en los
impuestos y los riesgos por permitir tales compañías.

De tal modo, el dilema de los vuelos regulares no es siquiera económico.
Se beneficia el viajero cubano que va y viene de la Isla; ingresa más
dinero la empresa estadounidense al aumentar los vuelos diarios —se
calculan casi 30 diarios a más de una docena de ciudades cubanas—, y
lógicamente, el Gobierno de la Isla, que recibiría no solo cubanos sino
turistas en tránsito, y tendría que reparar y modernizar todas sus
terminales aéreas para cumplir con los requisitos —muy exigentes— de la
aviación civil norteña y las “nueve libertades del aire”.

Sin , como sucedió con los famosos cruceros a Cuba, el ámbito de
la polémica sigue siendo político-legal y ético. Y va en las dos
direcciones. Para comenzar valdría la pregunta al Gobierno de EEUU:
¿Puede JetBlue, American o Delta negarle un pasaje a un cubano por
razones políticas, o sea, que no es bienvenido en Santa Clara o La
Habana? ¿Estaría la compañía dispuesta a reembolsar el dinero, como
sucede con relativa frecuencia, cuando un pasajero es imposibilitado de
bajarse del avión u obligado regresar en el mismo vuelo porque su nombre
“aparece en la computadora”? ¿Qué hará la empresa estadounidense al
percatarse de que en la Cuba actual nada funciona, hay desánimo en los
trabajadores, y no se respetan reglas y horarios? ¿Y cómo queda la Ley
Helms-Burton, y los viajeros estadounidenses que no caben en las 12
categorías de viajeros autorizados?

También habría preguntas para el Gobierno cubano. ¿Podríamos viajar a
nuestra patria con solo sacar un pasaje en JetBlue, American o Delta y
con el pasaporte estadounidense? ¿En caso de estar nuestros nombres en
una “lista negra” del Gobierno cubano este enviaría ese listado a dichas
compañías para que no pierdan el dinero? ¿O bastaría que no tuviéramos
la “habilitación”, especie de marca al ganado que aún pertenece al
redil, para negarnos un pasaje? Antes de ir por el pasaje,
¿”habilitarían” algún buro para saber a quiénes y por cuáles delitos,
como escribir en esta publicación, nos impiden viajar a Cuba?

Puede que no haya dudas de que el presidente Obama ha tenido toda la
buena intención del mundo para dirimir el conflicto. Pero se ha
equivocado de actores. El problema no es con EEUU ni con sus
presidentes. El problema es con los propios cubanos. Y tal vez Obama ha
hecho bien en echarse a un lado, como poder ejecutivo. Pero desde el
punto de vista ético y legal ha dejado muchos nubarrones en el aire. Los
cielos de Cuba y de EEUU no están despejados. Increíble. A menos de 30
minutos de distancia en vuelo directo.

Source: ¿Cielos despejados? | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1472630056_24976.html

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