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Chibás: de la corrupción política a la corrupción generalizada
DIMAS CASTELLANOS | La Habana | 16 de Agosto de 2016 – 07:30 CEST.

El 16 de agosto de 1951, con 44 años de edad, el abogado, periodista y
político Eduardo René Chibás y Rivas se quitó la vida con un disparo. El
hecho conmocionó a la sociedad de los años 50 y repercutió negativamente
en el destino de Cuba.

Estudiante de Derecho de la de La Habana, Chibás había
integrado el Directorio Estudiantil Universitario (DEU) de 1927 y de
1930, durante la lucha contra la prórroga de poderes de Gerardo Machado.
Guardó prisión en cinco oportunidades y tuvo que marcharse dos veces al
exilio. Fue delegado a la Asamblea Constituyente de 1939, representante
a la Cámara en 1940, senador en 1944. Militó en el Partido
Revolucionario Cubano (Auténtico) desde 1934, fundó el Partido del
Pueblo Cubano (Ortodoxo) en 1947 y fue candidato a la presidencia de la
República en 1948.

Chibás, consciente del papel nefasto de la corrupción y convencido de la
imposibilidad del progreso social en ausencia de civismo, arribó a la
conclusión que en unpartido político, junto a las ideas
fundamentales,”tienen una importancia vital los hombres que van a
ponerlas en práctica”.

El líder ortodoxo simplificó la moral —conjunto de valores presentes en
toda actividad humana— a la honradez administrativa, para emplearla como
arma política. Su propósito lo condensó en la consigna “¡Vergüenza
contra Dinero!”, y en una escoba que simbolizaba la limpieza
administrativa. “Los malos políticos”, decía, “le roban al pueblo para
enriquecerse; todas las luchas políticas nacionales tienen su origen en
la falta de honradez; es indispensable por lo tanto, poner las riendas
de la República en manos limpias”.

Esa convicción, amalgamada con la herencia patriótica de la familia
Agramonte (Chibás era nieto de Luisa Agramonte y Piña) y con una
personalidad locuaz, osada, polémica, contradictoria y excéntrica,
explican lo qué hizo y cómo lo hizo.

Chibás inauguró un nuevo estilo en la política cubana mediante la
utilización de los medios informativos y la de prensa. Como
periodista fue cofundador en Nueva York del órgano de la Unión Cívica de
Exiliados Cubanos, escribió en El Mundo, en Bohemia, en El Crisol y
habló por las emisoras radiales CMW La Voz de las Antillas, CMQ y la COCO.

Polémicas y muerte

En mayo de 1939 acusó a Blas Roca de traidor. En julio de 1940, al
firmarse la Constitución en Guáimaro, denunció “que ya se estaba
violando su espíritu en provecho de algunos que la suscriben”. En 1942
culpó al jefe de la Policía de extralimitarse en sus funciones. En 1943
presentó dos mociones en la Cámara contra Fulgencio Batista y contra el
Congreso. En julio de 1945 acusó a Carlos Miguel de Céspedes por la
venta de un pedazo de la calle Paseo. En enero de 1947, en carta leída
por la radio, impugnó a Ramón Grau San Martín por supuestos intentos
reeleccionistas. En 1950 culpó al presidente Carlos Prío Socarrás por el
asalto a un juzgado correccional. Y en 1951 acusó a Rolando Masferrer de
una bomba que habían colocado en la casa de Roberto Agramonte.

Eddy, como le llamaban sus amigos, pasaba constantemente de defensas
altruistas a agresiones demoledoras. En enero de 1946 elogió la obra de
Grau con las siguientes palabras: “En el orden educacional, hemos hecho
efectivo, por primera vez en la historia de Cuba, lo que fue sueño de
Martí y anhelo de Estrada Palma: que la República cuente con más
maestros que soldados”. Dos años después, en junio de 1948, calificó a
Grau de “émulo de los Borgia, el mayor simulador que ha dado el mundo
desde los tiempos de Calígula, a cuyo lado he sacrificado 20 años de mi
vida, sin pedirle ni aceptarle nada”.

Su conducta moral constituyó una de las raras excepciones en los
políticos de la época. El 10 de octubre de 1944 explicaba: “Yo entraba
en el poder tildado de millonario, pero salía del poder, dos años
después, más pobre de lo que entré. En cambio ellos entraban en el
Gobierno sin bienes de fortuna, pero hoy disfrutan de muchos millones de
pesos de capital…” Y en un discurso suyo publicado en El Crisol, el 12
de febrero de 1951, planteó: “La página de honor que he conquistado en
la historia de Cuba como líder de esta revolución moral no la cambio por
una presidencia de la república”.

En las comicios de 1948 enfrentó la candidatura de Carlos Prío Socarrás
y alcanzó el tercer lugar. El resultado —según explica Rafael Rojas en
Historia mínima de la Revolución Cubana— convenció a Chibás de que era
posible ganar las elecciones presidenciales. En esa oportunidad, como
parte de la disputa electoral, Prío dijo: “Chibás no sabe donde tiene el
corazón”.

Resultado de su quehacer y de su estilo, en una encuesta realizada en
junio de 1950, Chibás resultó el candidato de mayor fuerza para la
presidencia, lo que se confirmó con otra realizada el 20 de mayo de
1951, en la que aparecía con el 29,7% de los votos frente a 19,03% de
Fulgencio Batista, lo que auguraba su posible victoria en las elecciones
de 1952.

La muerte, como en José Martí, anidaba en su idea y su discurso. En una
oportunidad, al referirse a sus antepasados, expresó: “Yo también, como
ellos, he ofrendado a Cuba patrimonio y sosiego. Menos afortunado que
mis mayores, no he podido ofrendarle la vida”.

En noviembre de 1939, mientras transitaba en su auto por el reparto
Miramar resultó herido de bala. En el , cuando le preguntaron
quiénes habían sido los agresores, respondió: “No se preocupen por
averiguar; muero por la revolución, voten por Grau San Martín”; pero la
popularidad alcanzada por el disparo le dio el segundo lugar en las
elecciones de delegados a la Asamblea Constituyente de ese año.

En enero de 1948, en una asamblea del Partido Ortodoxo saltó sobre la
mesa presidencial y se puso a gritar: “¡Tiren al corazón! ¡La Ortodoxia
necesita un mártir!”. Y en mayo de ese mismo año, acompañado entre otros
por , dijo sobre sí mismo: “El día que Chibás crea advertir
una extinción o una merma en el amor ciudadano, se parte de un balazo el
corazón, no por cobardía ante el fracaso, sí para que su inmolación
conduzca a la victoria de sus discípulos”.

La libertad y la participación ciudadana

Según sus palabras:”No se puede construir una nación sobre cimientos
podridos. Por eso hay que talar y destruir primero para desecar el
pantano y edificar después sobre una base sana”. Chibás se propuso
expulsar a los ladrones y situar en su lugar a un hombre honrado,
servidor de la nación. Pero en un medio caracterizado por la corrupción
política y administrativa, ese hombre tenía que ser su propia persona,
que no apetecía ni necesitaba del patrimonio nacional.

La inmediatez, característica de los cambios revolucionarios, le impidió
elaborar un proyecto dirigido a cambiar las condiciones existentes y la
psicología social del cubano. “Nuestro pueblo”, decía, “se informa del
latrocinio de los gobernantes con la misma calma que lee las páginas de
los muñequitos de colores o escucha los programas de radio”.

El 5 de agosto de 1951, al no poder probar una acusación contra el
ministro de Educación, Aureliano Sánchez Arango, atentó contra su vida y
falleció el 16 del propio mes. “¡Pueblo de Cuba, levántate y anda!
¡Pueblo cubano, despierta!”, fue su “último aldabonazo a la conciencia
cubana”.

Su inmolación es un ejemplo paradigmático de la imposibilidad de
realizar cambios sociales sin la correspondiente cultura cívica y la
participación ciudadana. Una transformación que tiene su punto de
partida en la formación cívica y la implementación de las libertades.

Las consecuencias trajeron el golpe de Estado de 1952 y la revolución de
1959. El mal de la corrupción, limitado antes a la conducta de la elite
política se generalizó a partir de 1959 como necesidad para sobrevivir.
Y las causas de la actual corrupción están en el desmontaje de la
sociedad civil, la estatización de la propiedad, la ineficiencia
productiva derivada de lo anterior y los salarios insuficientes para
satisfacer las necesidades más elementales.

Source: Chibás: de la corrupción política a la corrupción generalizada |
Diario de Cuba – www.diariodecuba.com/cuba/1471270161_24608.html

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