Facts, not fiction
Calendar
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for more powerful servers. Thank you.
Translate
EnglishFrenchGermanItalianPortugueseRussianSpanish
Archives

Castro y Hitler, demasiadas coincidencias
Si no fuera porque el tenebroso cubano nació cuando el Führer aún vivía,
el Comandante parece ser su propia encarnación
Sábado, agosto 13, 2016 | Alberto Roteta Dorado

FORT PIERCE. .- Una figura puede alcanzar su notoriedad lo
mismo por sus obras en pos del bien que por todo el mal realizado; de
ahí que Adolf Hitler y —a pesar de sus conocidos crímenes y
desaciertos dentro de sus líneas políticas— han pasado a la posteridad,
aunque resulte difícil de admitir.

Adolf Hitler (1889-1945) se destacó en sus inicios como líder del
Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, precursor del Partido Nazi.
Fidel Castro (1926) estuvo vinculado a los partidos Ortodoxo y Unido de
la Revolución Socialista de Cuba, y desde 1965 al Partido Comunista de
Cuba, del cual fue su primer secretario hasta el 2011.

Ambos comenzaron su actividad política como opositores. Hitler intentó
una insurrección conocida como el Putsch de Múnich, en 1923, siendo
condenado a prisión tras su fracaso. Durante su estancia en la cárcel
redactó la primera parte de su libro Mein Kampf, en el que, además de
exponer su ideología, trata aspectos autobiográficos. Fidel Castro se
inició de igual forma como opositor y fue condenado a prisión después de
su fracasado asalto al Cuartel Moncada en 1953. También su texto La
historia me absolverá fue escrito en presidio, entre 1953 y 1954, a
partir de las ideas de su autodefensa ante el juicio en su contra por
los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. El
folleto, aunque no es precisamente autobiográfico, está en relación con
un acontecimiento clave en la vida del mandatario.

Las dos figuras llegaron al poder a través de la imposición. Ninguno fue
elegido. Hitler fue nombrado canciller imperial en 1933 y, un año
después, a la muerte del presidente Paul von Hindenburg, se autoproclamó
líder y canciller imperial, con lo que asumió el mando del Estado. De
manera similar Fidel Castro fue nombrado primer ministro en 1959 y tras
la premeditada reforma constitucional de 1976 se autoproclamó presidente
del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros, con lo que desaparecía
el simbólico puesto de Presidente de la República que ocupaba el Dr.
Osvaldo Dorticós.

Una vez que Hitler se ganó el apoyo popular, fue capaz de reorganizar
las fuerzas armadas alemanas y estableció una dictadura totalitaria.
Convirtió la República de Weimar en el Tercer Reich, gobernando con un
partido único, el que fundamentaba su existencia desde la autocracia de
la ideología nazi.

Fidel Castro emprendió una serie de transformaciones en la Cuba de los
años iniciales de la revolución, los que aparentemente favorecían a
ciertos sectores poblacionales que le ofrecieron a cambio su apoyo
incondicional. Su carisma como líder —al igual que el de Hitler— fue
determinante para que obsesionara a los hombres de pueblo, convertidos
ahora en sus súbditos. Instauró una dictadura totalitaria con un partido
único, el comunista, con un socialismo como equivalente de la hegemonía
alemana que impondría Adolf.

Tanto Hitler como Castro importaron planteamientos y concepciones desde
las experiencias de otros pueblos. Las características del nazismo
alemán tienen su origen a partir del fascismo italiano, como el
socialismo cubano resultó ser una copia del comunismo soviético.

Hitler pretendió dominar al mundo y logró una considerable expansión por
toda Europa. Fidel, desde una diminuta isla, no tuvo el mismo contexto
del Führer; no obstante dispersó a centenares de hombres de su ejército
por varios países de África y pretendió implantar el comunismo en varios
países de América.

En torno a la figura de ambos líderes se desarrolló un intenso culto a
la personalidad. A Hitler se le veneraba en sus tiempos iniciales,
propiciando de manera subliminal a través de sus dotes histriónicas
aquella adoración más allá de lo concebible. No obstante, a pesar de
haber participado en las dos guerras mundiales, en las batallas de
Somme, de Arrás, de Kaiserschlacht y de Marne, solo se le otorgó la Cruz
de Hierro en 1914 por haber resultado herido.

En Cuba la imagen del hombre barbudo y con gorra convertido en el nuevo
mesías, junto a sus disparatadas frases, aparecen por doquier. Su
onomástico lo mismo se celebra en guarderías infantiles y centros
educacionales, que en las sedes del gobierno. Posee centenares de
condecoraciones que van desde la Orden Georgi Dimitrov —entre otras
tantas distinciones conferidas por el antiguo campo socialista— hasta
las más insólitas dadas por el Comité Olímpico o la Organización Mundial
de la , y hasta la Sociedad Abakuá lo hizo miembro honorario.

Ambos líderes se han caracterizado por tener serios trastornos de su
personalidad. Las ideas delirantes de Hitler lo llevaron a vivir en un
mundo de irrealidad que lo impulsaban a la búsqueda del Santo Grial, a
convertir antiguos castillos medievales en sedes de movimientos
espiritualistas y ocultistas, a mezclar el misticismo y las tradiciones
precristianas con el simbolismo primitivo de las religiones y filosofías
orientales y de la antigua Europa del Norte, y hasta a incorporar
aspectos de los rituales de los templarios y otras sectas con un ideal
de contemporaneidad. Fidel Castro fue al otro extremo y negó todo
sentimiento de espiritualidad, lo que lo condujo a adoptar para Cuba el
marxismo-leninismo, una forma de ideología hasta entonces jamás vista en
un país que practicaba el cristianismo.

Estos rasgos histéricos expresados a través del egocentrismo resultan
patentes cuando observamos la gestualidad y la expresión facial de
ambos. La ambición, la prepotencia, la irascibilidad, y ante todo
aquella infinita maldad pueden apreciarse en sus rostros, lo que unido a
una exageración premeditada —como elemento para afianzar el poder— en
los ademanes, los convierten en figuras ideales para protagonizar
leyendas draculianas.

Cada uno ha estado dominado por un delirio, cual reflejo de posibles
traumas en etapas tempranas de sus vidas. En el caso de Hitler, el de
exterminar a los judíos lo llevó a ejecutar los más atroces crímenes.
Todos conocen las aniquilaciones masivas en los campos de concentración,
lo que fue motivado por la delirante idea de un pangermanismo y la
existencia de una raza superior, la aria, que debía “prevalecer”.

En el caso del Fidel, su delirio ha estado centralizado en un enemigo
fantasma que intenta asediarlo eternamente. Lo que Hitler encontró en
los judíos, Fidel lo ha hallado en el “imperialismo yanqui”, lo que
Hitler asumió como una cuestión étnico-racial, Fidel lo materializa en
el terreno político a través de una pretensión de expansión y una serie
infinita de posibles invasiones, sabotajes y agresiones por parte de su
enemigo fantasma, lo que demuestra un estado de paranoia permanente.

Considerando las ideas de Hitler en torno a los misterios de la vida y
la muerte, si no fuera porque el tenebroso cubano nació cuando el Führer
aún vivía, y porque conceptualmente no parece ser posible, el maligno
comandante cubano, cuyos noventa años se están celebrando, parece ser su
propia encarnación. Al menos estas similitudes así lo sugieren.

Source: Castro y Hitler, demasiadas coincidencias | Cubanet –
www.cubanet.org/colaboradores/castro-y-hitler-demasiadas-coincidencias/

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *