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A 50 años de ‘Biografía de un cimarrón’
Va y aprendió Miguel Barnet con Esteban Montejo alguna brujería para
contrarrestar la “oleada colonizadora global”
Viernes, agosto 26, 2016 | Luis Cino Álvarez

LA HABANA, Cuba.- En este año se cumple el medio siglo de la
publicación, en 1966, por el Instituto de Etnología y Folklore de la
Academia de Ciencias de Cuba, de Biografía de un cimarrón, de Miguel Barnet.

El libro, que fue una especie de best seller en la Cuba de la segunda
mitad de los 60 y posteriormente ha sido traducido a varios idiomas, es
una novela-testimonio, escrita en primera persona, basada en las
entrevistas que le hizo Barnet a Esteban Montejo, que por entonces tenía
106 años y quien en su muy extensa vida había sido esclavo, cimarrón y
mambí.

Miguel Barnet, que por entonces era muy joven, trabajaba como etnólogo
en la Academia de Ciencias y hacía sus pininos como escritor, supo de la
existencia de Esteban Montejo a mediados de 1963, gracias a la lectura
de un artículo periodístico que trataba sobre dos de las personas más
longevas por entonces en Cuba, ambas con más de 100 años.

Barnet logró dar con Montejo, que estaba asilado en el Hogar de
Veteranos, sito en la Avenida Acosta, en La Víbora, donde el anciano
esperaba la muerte, dándose sillón y aburriéndose soberanamente, pero
con bastante buena para su avanzada edad. Más difícil fue vencer
su recelo. Pero como el anciano no era demasiado huraño, sino más bien
jocoso, Barnet logró ganarse su confianza y hacer que le perdiera el
miedo a la de notas y la grabadora y se soltara a hablar,
gracias, entre otras cosas, a los tabacos que le llevaba de regalo al asilo.

Según contó Barnet en la introducción del libro, las entrevistas a
Montejo, que duraban hasta cinco horas, fueron seis y bastante fluidas.

Evidentemente, el escritor, además de parafrasear los giros del lenguaje
de Montejo, acentuó el toque político conveniente para agradar a los
comisarios culturales que podían sentirse disgustados por tantas
alusiones a las por entonces muy denostadas creencias religiosas
afrocubanas: el antiamericanismo del anciano, su militancia en el
Partido Socialista Popular, su identificación con la revolución de Fidel
Castro, hasta el punto de declarar en el último párrafo que no quería
morirse, para con su machete “echar todas las batallas que vengan”.

Y no dudo que, para enganchar al lector, la imaginación de Barnet se
haya sumado a las supercherías de Montejo al evocar a los congos
musundis y las brujas canarias que se iban volando a su tierra, en las
recetas para preparar prendas judías o criar diablitos color de camaleón
empollados en tres viernes consecutivos, los güijes, y las competencias
de longitud y dureza de vergas, demostrada partiendo galletas sobre una
mesa.

Barnet no será Cabrera Infante, ni siquiera alcanza a Lisandro Otero,
pero es un buen escritor. Pero pocos dudarán que Biografía de un
cimarrón fue sobrevalorada en su momento por la cultura oficial. Era
como si para el conocimiento de la esclavitud, Barnet con su libro
hubiese superado al mismísimo Moreno Fraginals con El Ingenio.

El momento era propicio en el continente para las novelas-testimonio:
Casa de las Américas publicaba lo mismo testimonios de guerrilleros que
de favelados o exhabitantes del barrio de Las Yaguas. Y recordemos que
era también la época de las películas del ICAIC de esclavos y mambises.

Tal vez por eso los comisarios culturales se disgustaron tanto con
Barnet cuando unos años más tarde, en pleno Decenio Gris, en vez de
seguir en la cuerda de la esclavitud, los cimarrones apalencados y los
mambises, se apeó con aquella frívola historia de una corista encuerusa
del periodo republicano, titulada Canción de Rachel.

Aquello, sumado a sus modales, que resultaban demasiado blanditos para
el homofóbico gusto oficial, casi le cuestan el ostracismo; pero Barnet,
de tanto que se arrastró ante los jefes y sus jefecillos, en unos años
logró rehabilitarse y de qué manera. Como intelectual orgánico y
alabardero destacado donde los hay, no paró hasta ser miembro del Comité
Central del Partido Comunista, diputado a la Asamblea Nacional del Poder
Popular, y lo que fue su consagración: la presidencia de la Unión de
Escritores y Artistas.

Por estos días en que la UNEAC acaba de cumplir los 55 años, el
barnizado Barnet, que no ha dudado en expresar su desconfianza hacia la
política de Obama hacia Cuba y en seguir con las alabanzas al
Comandante, debe estar enfrascado en el enfrentamiento a los “proyectos
subversivos” y la “oleada colonizadora global” de que hablara hace unos
días, a propósito del aniversario de la organización, el general Raúl
Castro. Va y aprendió Barnet con Esteban Montejo alguna brujería para
contrarrestar esos maleficios. ¡Brrr, siá, carajo!

luicino2012@gmail.com

Source: A 50 años de ‘Biografía de un cimarrón’ | Cubanet –
www.cubanet.org/destacados/a-50-anos-de-biografia-de-un-cimarron/

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