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Y después de las banderas, ¿qué?
ALBERTO MÉNDEZ CASTELLÓ | Puerto Padre | 26 de Julio de 2016 – 05:29 CEST.

Cuba está lejos de ser la potencia médica que un día
anunció. Y todavía más distante de cumplir con el artículo 3 de la
Constitución: “En la República de Cuba la soberanía reside en el pueblo”.

El pasado lunes 21 de julio, a un año de la reapertura de relaciones con
EEUU, un grupo de personas aguardaba desde la madrugada por turnos de
servicios médicos en el policlínico de Puerto Padre. Contaban el número
de presentes para conocer sus posibilidades, porque en el caso de
ultrasonidos, como aseguró uno de ellos, nada más eran diez turnos.

Una mujer residente en una zona rural apenas había dormido esa noche.
Antes de llegar a la cola por un turno para ultrasonidos de mamas, había
estado ya a las cuatro de las mañanas en Epidemiología por un tubo de
ensayo para un análisis de cultivo que le indicara su médico.

“Allí también la gente amanece haciendo cola”, dijo.

Pero ella, que había tenido éxito con aquel recipiente para su análisis,
iba ahora al fracaso con lo de su ultrasonido.

“No hay turnos para ultrasonidos”, anunció la empleada cuando llegó con
sus carpetas.

“¡¿Cómo que no hay turnos?!”, exclamó la mujer.

“No, no se están haciendo ultrasonidos de partes blandas por
dificultades con el equipo”, explicó la empleada, mientras la cola de
mujeres, quizás algunas incubando tumores cancerígenos, se deshacía.

Presencié esta escena de personas enfermas buscando infructuosamente
asistencia médica y, bajando a la calle, comenté: “De este mismo modo he
visto gente que inútilmente busca pan o huevos o hace colas por un poco
de pollo o unos plátanos rebajados de precio”.

“Y en esos casos los necesitados no solo son enfermos, también son los
médicos y las enfermeras, el pueblo todo que no tiene los privilegios de
los dirigentes, que usan la patria, el escudo y la bandera como tarjetas
de crédito”, dijo alguien con bata blanca a mi lado, haciéndome recordar
al canciller Bruno Rodríguez Parrilla con su mención de la bandera.

“La bandera que honramos a la entrada de esta sala es la misma que aquí
fue arriada hace 54 años, conservada celosamente en la Florida por una
familia de libertadores y luego por el museo de nuestra ciudad oriental
de Las Tunas, como anticipación de que este día tendría que llegar”,
dijo Rodríguez Parrilla en la reapertura de la Embajada de Cuba en
Washington el 20 de julio de 2015.

Un historiador confirmó: “Como una paradoja histórica en esta época de
aldea global, la bandera había sido donada por un cubanoamericano,
descendiente del general mambí oriundo de Las Tunas Vicente García, a
quien se le habían imputado actitudes ‘regionalistas’ durante la Guerra
de los Diez Años”.

En esa tarde de hace un año, en conferencia de prensa a propósito del
restablecimiento de las relaciones diplomáticas Cuba-EEUU, el secretario
de Estado John Kerry consideró: “Nuestra esperanza es que en el
transcurso de esta relación a lo largo de las próximas semanas, meses,
años —esperemos que no sean años— la gente empiece a ver los beneficios
que surgen en ambos países como resultado de este cambio el día de hoy”.

“¿Y los cambios cuándo llegaran a nosotros?”, pregunta una peluquera,
precisamente cuando se cumple un año de las palabras de Kerry.

“¿Cuándo cambiaremos los cubanos para ser congruentes con quiénes
pretendemos que cambien con nosotros?”, comenta un jurista ante la
pregunta de la peluquera. Y añade: “Las restricciones impuestas por el
Gobierno cubano a su población, mientras arguye que es la Administración
estadounidense quien bloquea a la nación cubana abarcan todo el quehacer
en la Isla, pero respondemos aplaudiendo; con las manos, enmascarando la
hipocresía; o con los pies, huyendo”.

Y la residencia de la soberanía en el pueblo, ¿dónde queda? Basta
mencionar este ejemplo de servidumbre. El pasado 5 de mayo, repudiando
la autorización del Departamento de Estado para que productores privados
cubanos exportaran café a EEUU, el Buró Nacional de la Asociación de
Agricultores Pequeños (ANAP) sostuvo: “Nadie puede pensar que un
pequeño productor agrícola puede exportar directamente a los Estados
Unidos. Para que esto sea posible tienen que participar empresas
(estatales) cubanas de comercio exterior y tienen que producirse
transacciones financieras en dólares (en bancos estatales cubanos) que
hasta ahora no se han podido concretar”.

“¿Y ahora quién impide a los agricultores cubanos exportar café, el
Gobierno de Cuba o el de EEUU?”, pregunta un campesino.

Quienes quieran ver cambios en Cuba deberán ejercitar sus derechos, y no
precisamente esperando buena fe: históricamente en la confrontación
entre el mundo libre y las dictaduras comunistas, ha sido la
descalificación del adversario el arma predilecta de los regímenes
totalitarios. Y esta vez no será diferente aunque ahora una bandera
cubana ondee en Washington y otra de EEUU en La Habana.

Source: Y después de las banderas, ¿qué? | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1469462325_24111.html

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