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Una pequeña historia de miedo, no de terror
Los mastines de la política cultural sabían bien que ‘Regreso a Ítaca’
no era una bomba
Viernes, julio 29, 2016 | Ernesto Santana Zaldívar

LA HABANA, Cuba.- Que anda por la calle una película sobre el miedo en
Cuba no es una noticia que valga la pena. En los puntos de venta
autorizados se pueden encontrar materiales fílmicos mucho más peligrosos
desde el punto de vista político. Eso no les preocupa a los vendedores
porque saben que tampoco le preocupa al gobierno.

Los mastines de la política cultural sabían bien que Regreso a Ítaca no
era una bomba. Pero no quisieron darle un recibimiento oficial, la
censuraron en el Festival de Cine de 2014 y solo permitieron exhibirla
un día en el Chaplin, sin pasarla en otras salas, aunque hubiera ganado
poco antes el premio de la sección informativa “Venice Days” en el
Festival de Cine de Venecia.

Ese pobre destino ha sido también el de muchas películas cubanas y casi
cubanas, incluso algunas producidas por el Instituto Cubano de Artes e
Industria Cinematográficas (ICAIC). Hoy, no obstante, Regreso a Ítaca
—como otros filmes cubanos censurados, algunos más desagradables aun
para el régimen y hasta con peores acusaciones— puede ser encontrada en
cualquier punto de venta de películas pirateadas. Y no pasa nada, claro,
porque lo asombroso, lo realmente asombroso es que a estas alturas una
película así pueda resultar asombrosa para algunos.

Y no hablo de la grosera izquierdocracia de rincón a la que por momentos
parece estar dirigida la historia —algo así como: “Miren, perdonen que
nos quejemos, pero es que a veces nuestros líderes no se han portado tan
bien con nosotros como ustedes piensan”—, sino de cubanos silenciados
durante decenios, gente que ha vivido lo peor y que, sedienta de verdad,
agradece una película como esta.

Puede parecer muy mezquino no agradecer algo que muchos buenos agradecen
—una obra que, por cierto, no se han atrevido a ofrecer otros
creadores—, pero en verdad no parece que el problema esté en agradecer o
no un regalo que viene a vindicarnos, o al menos a aliviarnos, de muchas
desdichas, de mucho silencio.

En primer lugar no estamos hablando de cine cubano, sino de una película
francesa basada en un episodio de una novela del escritor cubano
Leonardo Padura. Hasta qué punto Padura, el director Laurent Cantet o
Lucía López Coll son los máximos responsables del guion, tampoco es
determinante. Los tres ya habían colaborado en el guion de uno de los
cuentos de 7 días en La Habana, de 2012, pero este libreto es sin duda
superior.

“Es una historia muy fuerte sobre el amor, la fidelidad, la traición, el
exilio, todo con personajes de mi generación”, declaró Padura en una
ocasión al Café fuerte, añadiendo: “Con el cine nunca se sabe lo
que puede pasar hasta que no se confronta con el público, pero estoy muy
satisfecho con lo que vi y creo que va a ser una película impactante”.

También explicó el escritor que trataba sobre “una generación rota,
marcada por el desencanto y la frustración, pero también —y sobre todo—
es una historia de fidelidades a la amistad y los principios, una
crónica de la supervivencia”.

También pudiera verse como un producto concebido para aquellos, en el
extranjero, que no quieren una buena película, sino solo otra más que
“se atreva” con temas difíciles y poco atractivos para el gobierno
“atrincherado” de La Habana. O sea, esa visión light de cierta academia
y de cierta izquierda, en el arte cinematográfico, que se corresponde
con el reciclaje político que el mundo civilizado está haciendo del
último medio siglo cubano. Estrecho camino que, como sabemos, pasa entre
las dos grandes rocas de la hipocresía y del cinismo.

Se puede ver también como concebida para ese público cubano que con
frecuencia se reúne a tomar ron y a hablar mal del gobierno, en veladas
llenas de cuentos de horrores, traiciones y desastres sin cuento —valga
la expresión—, aunque, según testimonio de los vendedores de discos
piratas, es difícil saber si Regreso a Ítaca ha tenido buena aceptación,
pues siempre se vende en combos de varios filmes cubanos, o sea, cinco o
seis en el mismo DVD.

Por otra parte, sí está claro que no es de las que más buscan los
consumidores jóvenes. Y, en cualquier caso, se comprende que una
película digamos que minimalista, de casi hora y media en una azotea y
en un comedor, con cinco cincuentones frustrados hablando del pasado
—donde, para colmo, los más frustrados son un escritor y un pintor
maltratados por funcionarios del Ministerio de Cultura—, pueda parecer a
los de peor vida casi una novelita rosa.

O también parecer otro pequeño paso de esa arqueología que se ha lanzado
a explorar morosamente, el basurero revolucionario. Cada cinco años o
dos decenios, da igual, surge una revelación —“hubo homofobia”, “hubo
chivatería”, “hubo tremenda porquería”—, y resulta triste que el cine
cubano, en este caso, se dedique tanto a una huronería tan epidérmica, a
una búsqueda tan desmayada, a tan honda confesión de alta anemia.

Si esa es su misión —o sea, revelarnos la verdad de lo que ha ocurrido,
y que será siempre, claro, “una” verdad—, ¿cuándo nos descubrirá el
corazón del estercolero, que está a ojos vista? Obviamente, como ha
pasado con todas las dictaduras, hay que esperar a que esta termine.
Pero, mientras tanto, que nadie lo dude, en medio de una cinematografía
comatosa, puede hacerse un filme decente, como Conducta.

Porque no es que haya que exigirle a nadie que haga denuncias tremendas.
Es que a quien vaya con misión de denunciar no le deben temblar la mano
ni la voz, y no puede ofenderse, como si fuera asunto meramente
personal, cuando le exijan más entereza y cuando le pidan que no le
tiemblen ni la mano ni la voz.

Por otra parte, recordemos también que la película trata sobre el miedo.
Así que tampoco podemos pedirle al quien viene a denunciar el miedo que
no le tiemblen la mano ni la voz. Al final tenemos que agradecer
cualquier servicio, incluso temeroso, porque el miedo forma parte de una
pequeña historia empotrada en una historia mayor. Y terrible, a qué dudarlo.

Source: Una pequeña historia de miedo, no de terror | Cubanet –
www.cubanet.org/opiniones/una-pequena-historia-de-miedo-no-de-terror/

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