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Un 26 de julio sin rebeldía ni autorías intelectuales
La figura inmaculada de José Martí debe ser rescatada de las
absurdidades de un socialismo que jamás asimiló
Lunes, julio 25, 2016 | Alberto Roteta Dorado

FORT PIERCE, .- Para la mayoría de las naciones, la fecha
de mayor significado es su día nacional, el que adoptan basados en
determinado hecho trascendente que generalmente coincide con su
independencia; aunque algunos países los asumen no solo de significación
para la nación, sino para la humanidad en general, como es el caso de la
Fiesta Nacional de , el 14 de julio, día que se recuerda la Toma
de la Bastilla, acto que se considera referencial para el inicio de la
Revolución Francesa, o la Fiesta Nacional Española, el 12 de octubre,
para evocar el descubrimiento de América en 1492.

En una lista de una respetable institución, actualizada hasta el 14 de
julio de 2016, Cuba no figura entre los países citados según el día de
su independencia. ¿Será que consideran que la isla caribeña aún no la ha
logrado? ¿Acaso el intento de la dictadura comunista cubana por eclipsar
la fecha considerada como el día nacional ha sido efectivo? ¿Resultará
difícil determinar cuál es en realidad el día nacional, considerando las
manipulaciones que hasta en la historia se empeña hacer el gobierno
cubano?

Con ese ímpetu de querer transformarlo todo, el
determinó no solo cambiar los designios del pueblo cubano; sino
transformar su historia. De esta forma, el 20 de mayo, verdadero día de
la independencia cubana a partir del nacimiento la República de Cuba,
quedaría sepultado y en su lugar se le dio un significado mayor al 10 de
octubre, que en realidad es el día del grito de Yara, considerado como
el inicio de las luchas independentistas de la nación.

Pero esto no le bastó al mandatario y, de manera cautelosa, fue
desplazando también la importancia de esta fecha y comenzó a aparecer un
nuevo día para la rebeldía nacional: el 26 de julio, fecha del fracasado
asaltado el Cuartel Moncada en 1953; pero como para el “viejo comandante
invicto” no existen las derrotas, lo convirtió en un “triunfo de las
ideas” y quiso coronar el suceso para la eternidad.

No obstante, también se celebra ?entre discursos y consignas? el día
primero de enero no como año nuevo, sino como el día del triunfo de la
revolución de 1959, por lo que ya a fuerza de tanta repetición de unas
cosas y olvido de otras, el sumiso pueblo dejó de saber sus fechas
históricas ?consideradas otrora verdaderos paradigmas? y las nuevas
generaciones se pierden entre la ignorancia y el desinterés por los
sucesos que determinaron realmente la nacionalidad cubana.

Actualmente, una considerable parte de los cubanos desconoce la
exactitud del día de su independencia y otros se dispersan entre
libertades y sublevaciones de esclavos, triunfos revolucionarios y
asaltos moncadistas. El pensamiento del maligno ser logró cambiar las
pautas que se establecían con el nacimiento de la república.

En medio de esta confusión de fechas el líder del comunismo cubano
utilizó la imagen del venerado apóstol de Cuba para que su invento sobre
el día de la rebeldía nacional cobrara ciertas dimensiones que lo
hicieran creíble, lo que en sus inicios resultó efectivo a fuerza de
tanta reiteración, así como de una predicación acentuada desde los
centros de enseñanza elemental hasta los de altos estudios, amén de su
difusión masiva entre los humildes hombres de pueblo, tan fáciles de
manipular.

Las masas lograron asimilar la descabellada idea de los vínculos entre
el pensamiento elevado de José Martí y la maldad del dictador. Martí
quedaba convertido en el “autor intelectual del Moncada“, lo que, dicho
cada día a través de los años, llegó a cobrar una legitimidad de
aparente autenticidad.

Al parecer Castro no llegó a profundizar en el pensamiento martiano, de
haberlo hecho no hubiera afirmado semejante incongruencia. En carta
dirigida a su amigo Fermín Valdés Domínguez José Martí expresó: “Por lo
noble se ha de juzgar una aspiración: y no por esta o aquella verruga
que le ponga la pasión humana. Dos peligros tiene la idea socialista,
como tantas otras; el de las lecturas extranjerizas, confusas e
incompletas, y el de la soberbia y la rabia disimulada de los
ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo, empiezan por fingirse,
para tener hombros en que alzarse como frenéticos defensores de los
desamparados”, siendo capaz de describir ?con aquella visión cuasi
profética? lo que han hecho todos los líderes comunistas de la historia,
desde Stalin y Lenin, hasta Castro y Chávez.

La matanza colectiva en los primeros años de la llamada revolución
socialista no encuentra cabida en la nobleza de aquel hombre ejemplar,
quien organizó una guerra que llamó necesaria e inevitable,
proponiéndose culminarla con brevedad para causar el menor daño posible.
Las palabras de Martí en este sentido demuestran la distancia abismal
entre la nobleza del gran pensador y la crueldad del dictador, cuya
concepción del llamado internacionalismo llevó a la muerte a miles de
jóvenes lanzados a las guerras de África: “La guerra no ha de ser para
el exterminio de los hombres buenos, sino para el triunfo necesario de
los que se oponen a su dicha”.

¿Cómo es que algunos aún pueden asimilar la disparatada idea acerca de
una autoría intelectual de hechos relacionados con las estrategias del
castrismo? Retomemos la sabia palabra del maestro que desde hace más de
un siglo trató de enseñarnos que “un pueblo no es una masa de criaturas
miserables y regidas: no tiene el derecho de ser respetado hasta que no
tenga la conciencia de ser regente: edúquense en los hombres los
conceptos de independencia y propia dignidad: es el organismo humano
compendio del organismo nacional”.

Para este día de la rebeldía nacional, el contexto histórico y social
cubano es muy diferente al de aquellos iniciales años de sumisión. Un
fuerte movimiento de oposición al régimen castrista, la desinhibición de
una parte considerable del pueblo ?que ya se lanza en son de protesta a
sus calles?, la pérdida de la confianza en los gobernantes, el éxodo
cada vez mayor, así como una crisis económica de la que jamás se saldrá,
distinguen el panorama cubano en la inmediatez del 26 de julio, la
“sagrada fecha” que establecieron como símbolo.

La figura inmaculada de aquel que se inmoló por la emancipación de su
patria, cual ángel tutelar de la nación cubana, debe ser rescatada de
las absurdidades de un socialismo que jamás asimiló. Su pureza,
justamente en las inmensidades de la infinitud, no admite relación
alguna con el pensamiento de quienes han pretendido adueñarse de la
nación cubana, cuya independencia debe celebrar un 20 de mayo y dejar
atrás aquellas fechas, que lejos de haber contribuido a la conformación
de la nacionalidad y la identidad, las han manchado con la maldad de
aquel que creyó que el pensamiento del “hombre de Dos Ríos” le serviría
para la perpetuación de su imagen.

Source: Un 26 de julio sin rebeldía ni autorías intelectuales | Cubanet

www.cubanet.org/colaboradores/un-26-de-julio-sin-rebeldia-ni-autorias-intelectuales/

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