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Sobre Randy Alonso y los “interesados presagios”: ¿Por qué la situación
de hoy no es la de los 90?
[27-07-2016 00:15:12]
Elías Amor
Economista

(www.miscelaneasdecuba.net).- No hay nada peor que negar la realidad y
esconder la cabeza bajo el suelo cuando se advierte algún peligro. Al
avestruz le puede funcionar en la sabana africana, pero en el mundo real
es imposible actuar así. Tampoco es correcto comparar dos escenarios
diferentes si entrar de lleno en los hechos. En economía, es
conveniente debatir sobre hechos, datos y realidades objetivas, sin
manejos propagandísticos. De ese modo, la lectura del artículo de Randy
Alonso sobre los “interesados presagios” publicado en Cubadebate, me
interesó ofrecer una perspectiva alternativa.
Por ello, no puedo coincidir con su diagnóstico cuando señala “como
reconocía el General del Ejército Raúl Castro en la reciente sesión de
la Asamblea Nacional, el país está enfrentando dificultades temporales
derivadas de restricciones financieras externas, por una baja en los
ingresos provenientes de las exportaciones y limitaciones que enfrentan
varios de los principales socios comerciales de Cuba por la caída de los
precios del petróleo”. Para proseguir afirmando que “a ello se añade una
contracción en los suministros de combustibles acordados con ”.
Este diagnóstico inicial parte de la creencia que las “dificultades
temporales” tienen su origen en el exterior de la economía castrista, y
eso no es del todo cierto. Hay mucho más.

Y si el diagnóstico no puede ser compartido, tampoco existe acuerdo
sobre los efectos. Randy Alonso dijo, y cito textualmente sus palabras,
“señaló el Presidente cubano,… comienzan a aparecer especulaciones y
augurios de un inminente colapso de nuestra economía con el retorno a la
fase aguda del período especial que nos enfrentamos a inicios de la
década del 90 del pasado siglo y que supimos superar gracias a la
capacidad de resistencia del pueblo cubano y su confianza ilimitada en
Fidel y el Partido”.

La realidad es que lo que califica, utilizando términos de Raúl Castro,
como “especulaciones y augurios”, llevan apareciendo mucho tiempo antes
de que se detectaran los signos negativos de la coyuntura actual. De
hecho, durante un lustro hemos justificado que las reformas de los
llamados “Lineamientos” son un parche para ganar tiempo, que no resulta
posible atender a las urgencias de cambio estructural que reclama una
economía como la castrista con actuaciones puntuales, y que se necesita
una acción coherente y racional para enderezar su rumbo. En realidad, el
escenario lúgubre antes descrito tiene mucho más que ver con el fracaso
en la aplicación de los “lineamientos y la llamada actualización
económica” que con el escenario internacional. Y ellos lo saben.

Ciertamente, la economía castrista en 2016 no está en las mismas
condiciones que en 1990, pero concluir a partir de ahí que se presentan
en la actualidad “circunstancias más ventajosas para enfrentar las
dificultades”, es cuando menos, arriesgado. Vamos con los detalles sobre
las diferencias 1990 y 2016 siguiendo el guión de Randy Alonso.

Primero, el comercio exterior es distinto.
Falso. La diversificación comercial no garantiza mejores resultados del
comercio. Para que este sea ventajoso para la economía nacional tiene
que generar superávit (más exportaciones que importaciones), es decir,
trasvasar recursos del exterior al interior, con una tasa de cobertura
positiva y una relación real de intercambio igualmente favorable. Para
ello, la economía tiene que ser competitiva y eficiente, además de estar
especializada en bienes y servicios que tengan demanda en los mercados
internacionales. Cuando eso no ocurre, el déficit exterior genera
tensiones y falta de liquidez que es lo que realmente acusa la economía
castrista en el momento actual. Desde esta perspectiva, el comercio con
el bloque soviético era mucho más favorable, a pesar de su mayor
concentración geográfica que el actual.

Segundo, la ruptura de las fuentes de crédito.
Falso. La condonación de deudas conseguida en los últimos meses con
numerosos países puede suponer a corto plazo una entrada de oxígeno,
pero no resuelve el problema si no se capitaliza adecuadamente esa mejor
posición deudora en forma de proyectos de inversión en infraestructuras
a medio y largo plazo que generen empleos y riqueza. ¿Dónde están esos
proyectos? Nada se sabe de los mismos. Además, el acceso a las fuentes
de crédito internacional por parte de una economía, es decir a los
mercados de capitales, exige la adopción de una serie de medidas
concretas de ajuste y normalización que el régimen rechaza y niega. Hay
que situarse en el carril del Fondo Monetario Internacional o del Banco
Mundial cuanto antes para conseguir la financiación que la economía
castrista necesita, pero eso no se consigue con posiciones numantinas,
sino negociando. Y ahí queda mucho camino por recorrer.

Tercero, la inversión extranjera llega.
Falso. La política de captación de inversiones extranjeras, dirigista e
intervencionista, excluyente para los cubanos de a pie, ajena a los
principios básicos que regulan esta actividad en el mundo globalizado en
el que nos encontramos (imponiendo por ejemplo una “cartera de
proyectos” que los inversores extranjeros desdeñan por su escaso interés
y rentabilidad) no está dando los beneficios esperados, y lo que es
peor, no los dará. La inversión extranjera que llegó a Cuba en el
período especial, formada por numerosas pequeñas y medianas empresas que
terminaron cerrando sus proyectos por la falta de apoyos a comienzos de
siglo XXI con la recentralización económica, pudo haber sido, y de hecho
lo fue, un poderoso instrumento para la modernización de la economía,
pero llegó el petróleo de Venezuela y el comandante mandó a parar.

Cuarto, el en aumento.
Falso. Por lo mismo de antes. Puede haber un aumento del turismo y las
llegadas de viajeros, pero si el margen está fuera de control y es
limitado, si la venta del producto turístico se realiza por operadores
extranjeros en los países de origen y se cercena la actividad económica
nacional orientada al turismo en un reducido número de licencias y
negocios autorizados, o se frena el aumento de la escala de los
establecimientos existentes por la vía de inversiones, no hay nada que
hacer con el turismo y nunca se llegarán a alcanzar las cifras de países
de la zona como República Dominicana o Jamaica.

Quinto, la exportación de servicios proporciona ingresos.
Falso. El cambio de la situación económica en Venezuela y otros países
del ALBA está provocando un cierre de contratos con los profesionales de
servicios que el régimen “comercializa” en estos países, de modo que las
cifras de ingresos empezarán a bajar y pronto, con lo que ello supone de
menor poder adquisitivo interno para muchas familias que viven de esos
ingresos, en los que el estado interviene detrayendo una parte
importante. A habría que decirle que para que un país pueda
vivir de su “inteligencia cultivada” tienen que existir mecanismos e
instituciones jurídicas que permitan la apropiación de ese talento y su
capitalización en forma de proyectos emprendedores de alto valor
añadido. Lo otro es perder el tiempo.

Sexto, la biotecnología y la industria farmacéutica, el Grupo
BioCubaFarma como apuestas..
Falso. Cierto es que BioCubaFarma es una iniciativa interesante, pero su
rentabilidad a nivel internacional no está asegurada con la vía en
solitario que el régimen quiere que desarrolle. En un mundo global como
el que vivimos, las corporaciones que atesoran inteligencia y capital
humano tienen que desplegar lazos y redes de colaboración con otras
similares o con fondos de inversión que permitan aumentar sus
dimensiones y alcanzar niveles de rentabilidad superiores. El enfoque
para estas iniciativas debe cambiar y cuanto antes.

Séptimo, el petróleo que se produce.
Falso. La realidad es que las multinacionales españolas del petróleo
abandonaron sus planes al comprobar que las aguas del Golfo de México no
esconden las reservas añoradas por los Castro. Cuba sigue teniendo una
economía altamente dependiente del petróleo porque las inversiones en
infraestructura energética alternativa no se han realizado, ni están en
los planes de nadie, ya que pensar que los internacionales pueden
encargarse de ese negocio con empresas al 50% es una vez más, adoptar un
planteamiento poco realista.

Octavo, la generación eléctrica mejora en eficiencia.
Falso. Pensar que la dependencia energética es un freno a la capacidad
de desarrollo de un país es apostar por un modelo autárquico de mediados
del siglo XX que parece estar instalado en la oficialidad castrista. La
experiencia de los “dragones asiáticos” en los años 80 de ese siglo nos
mostró que los países pueden pasar al desarrollo, y hacerlo además de
forma acelerada, sin petróleo. La clave está en producir bienes y
servicios que permitan cubrir el coste de la factura petrolera. Es el
caso de , por ejemplo. Los responsables de la economía castrista,
obsesionados con la falta de petróleo en Cuba, son incapaces de asumir
que la responsabilidad de los límites de la energía se encuentra en sus
decisiones erróneas. Los apagones ya están ahí.

Noveno, el empleo se mantiene.
Falso. Recuerdo que los planes para la salida de trabajadores del estado
a las actividades privadas quedaron paralizados hace tiempo por las
protestas sociales, y que el sector del empleo privado sigue siendo
insuficiente frente a los 5,5 millones que trabajan para el estado. Los
cambios en la composición del empleo han sido mínimos, y gracias al
trabajo por cuenta propia, que está sometido a una presión fiscal
asfixiante, es por lo que muchas familias pueden sobrevivir.

Y décimo, si se me permite añadir algo nuevo y yendo un poco más allá,
me extraña que en su enunciado de diferencias con respecto a los años
90, ciertamente extenso, el señor Alonso no haya mencionado, siquiera de
paso, la importancia de las remesas de los cubanos que viven en el
exterior a sus familias en la isla. Aquí si se observan diferencias y
significativas, como algunos estudios recientes han venido a confirmar,
llegando las remesas a suponer un volumen de recursos superior a la
facturación del turismo.

Coincido con el señor Alonso que “no hay dudas de que tenemos y
tendremos dificultades en los próximos meses” al reconocer que los
problemas vendrán del exterior, lo que supone dejar el famoso argumento
del bloqueo en suspenso al señalar, y cito textualmente, “una economía
abierta como la cubana, con importante dependencia de sus intercambios
extrafrontera, está expuesta a los avatares poco halagüeños de la
economía y el comercio internacionales y a las dificultades de sus
principales socios”. A eso le suman el bloqueo, pero reconocer la
apertura de la economía castrista al exterior es un buen punto de partida.

Finalmente, un ruego. No vea como “fuentes interesadas cuentan nuestros
días” a aquellos que estamos convencidos que el momento es complicado.
Interés, ninguno. Además, en los análisis realizados no existe el menor
interés de mostrar pánico ni enterrar a nadie, ni tampoco sembrar el
desaliento. Tampoco hay oportunismo, ni aprovechamiento, ni tampoco
especulación o manipulación de oficio, utilizando la terminología que
emplea Randy Alonso.

Tan solo insistir en que no es cierto que “el país tiene hoy elementos
ventajosos respecto a los 90 para enfrentar las dificultades”. Ni la
actualización del modelo, ni las decisiones parciales que se han ido
adoptando, ni los tiras y aflojas, son buenos remedios para la gestión
de una economía que necesita un giro de 180º en sus estructuras para
poder funcionar. Los cubanos lo saben y por ello, reaccionarán en forma
de protestas sociales a los nuevos signos de estos tiempos que vuelven a
mostrar el fracaso económico del régimen.

La consecuencia es clara. El mercado, como instrumento de asignación de
recursos, y el respeto a un marco jurídico estable de derechos de
propiedad, deben abrir el camino de las reformas que permitan dejar
atrás un modelo económico obsoleto e ideologizado de mediados del siglo
pasado. Un arcaísmo que trata de sobrevivir en la sociedad del
conocimiento y la globalización, que no garantizan su continuidad.

Y si, hay algo en lo que coincido con Randy Alonso. Es la idea que
“trabajo, esfuerzo, ahorro, inteligencia” son valores fundamentales para
salir adelante, pero nunca gratis ni de manera colectiva, sino con
recompensas concretas, beneficios y capacidades reconocidas para
desarrollar proyectos individuales y también colectivos que mejoren el
bienestar del país, su nivel de empleo, renta y riqueza.

Ese modelo tiene en la empresa privada cubana su referencia fundamental
frente a un estado que se cae a pedazos. La República lo hizo realidad
en sus primeros 50 años de existencia, y volverá. Cuando todo esto que
ya acaba desaparezca para siempre.

Fuente:
www.cubadebate.cu/opinion/2016/07/22/cuba-y-los-interesados-presagios-por-que-la-situacion-de-hoy-no-es-la-de-los-90/#.V5HiADG3psA

Source: Sobre Randy Alonso y los “interesados presagios”: ¿Por qué la
situación de hoy no es la de los 90? – Misceláneas de Cuba –
www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/5797e0f03a682e11e0a96e9b#.V5ij2bh95h0

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