Facts, not fiction
Calendar
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for more powerful servers. Thank you.
Translate
EnglishFrenchGermanItalianPortugueseRussianSpanish
Archives

‘No Borders’
DIANA RÍOS / FABIÁN ERAZO | Bogotá | 30 de Julio de 2016 – 05:59 CEST.

Sobre la costa del Caribe colombiano se encuentra el municipio de Turbo,
a pocos kilómetros de la frontera con Panamá. Desde el pasado 9 de mayo
sus habitantes acogen a cientos de cubanos que llegan persiguiendo un
sueño, una esperanza. Su meta es . Panamá ha militarizado
la frontera pero los cubanos no darán un paso atrás.

Yadira tiene 24 años, y seis meses de embarazo. Su cuerpo es robusto, el
sol ha dejado su cara, sus hombros y su pecho enrojecidos. En su rostro
predomina una expresión de incertidumbre. Habla poco. Su mirada
permanece quieta, pesarosa. Ella y su pareja, Odelky Hernández, un
hombre moreno y delgado que lleva un incipiente bigote sobre sus labios
secos, salieron de Cuba el 2 de noviembre del 2015 con el propósito de
establecerse en Estados Unidos. Ahora se encuentran varados en una
bodega de Turbo, junto a cientos de cubanos más.

La bodega, propiedad de un comerciante de Turbo, estuvo en arriendo
hasta el 18 de mayo del 2016. Ese día se puso a disposición de más de
200 migrantes, en su mayoría cubanos. Colombia es el principal centro de
conexión migratoria entre América del Sur y Centroamérica. El municipio
de Turbo siempre ha sido un punto de paso para migrantes de diversas
nacionalidades debido a su cercanía con Panamá.

Emélides Muñoz, secretario de Gobierno de Turbo, asegura que”el tema de
migrantes es histórico en el municipio”.

“Hemos hecho un recorrido muy grande… hubo momentos difíciles”, recuerda
Odelky cuando habla de su travesía hasta Turbo.

Selva, con esa palabra resumirían su viaje. Guyana fue el primer suelo
extranjero que pisaron. Caminaron dos días. A su alrededor solo veían
verde, la humedad, los insectos, los animales. Así atravesaron la selva
hasta Brasil, el segundo país del recorrido.

Pensaron que no llegarían más lejos. “Estuve cinco días ensuciando solo
sangre”, recuerda Odelky. Su no le permitió continuar. Gracias a
la caridad de dos indígenas brasileños logró recuperarse. Ahí
permanecieron casi ocho meses, reuniendo el dinero para continuar.

La migración irregular va acompañada de un negocio lucrativo e ilegal,
el tráfico de personas. Los migrantes pagan por ser trasladados en
ciertos tramos del recorrido, al mismo tiempo se convierten en víctimas
de delincuentes conocidos como “coyotes”. En ese punto pueden correr, o
no, con suerte. A menudo, a los migrantes les quitan su dinero, sus
pertenencias, y los abandonan en medio de la selva. Son golpeados,
violados, incluso son entregados para la trata de personas. En 2014 se
detectó que el 45% de las víctimas de tráfico humano en Colombia fueron
de nacionalidad cubana.

En el camino a Brasil a Yadira y Odelky les arrebataron todo; es una
escena que evitan mencionar.

Hay quienes prefieren no arriesgarse. Kelys Alvarez, una mujer morena,
de labios gruesos y ojos grandes, viaja con sus dos hijos y su madre.
“No me sometí a los peligros de la selva, estaba viajando con dos niños
pequeños”, dice. Al salir de Cuba intentaron establecerse en Ecuador,
allí les fue negada la visa profesional. La segunda opción era probar
suerte en EEUU. Han cruzado dos países por carretera y, si no se da un
puente aéreo, de la misma manera planean llegar a su destino.

Encontrar militarizada la frontera

En los últimos años el flujo migratorio a través de Colombia se ha
disparado. Los habitantes de Turbo no se extrañan de ver caras nuevas,
de rasgos diferentes. A finales de 2012 el presidente estadounidense
Barack Obama anunció sus intenciones de reestablecer las relaciones con
Cuba. Esto podría significar la desaparición de la Ley de Ajuste Cubano.
Ante esa posibilidad, el éxodo cubano se multiplicó. Mientras que en
2006 se detectaron 43 migrantes irregulares en Colombia, en 2012 fueron
700, y en 2015 se llegó a 8.855 personas detectadas. Sin embargo, otros
cientos, quizá miles, atraviesan el país sin que las autoridades se enteren.

En el centro de Turbo, formado por cinco cuadras atiborradas de locales
repetitivos, solían verse muchos migrantes. El centro madruga y
trasnocha. Su bullicio es permanente. Los migrantes se hospedaban,
comían, y pagaban por el para seguir su ruta. Capurganá o
Sapzurro eran la siguiente y última parada en Colombia. Ahora se quedan
en la bodega.

Al aumentar los migrantes en condición de irregularidad, aumentan las
actividades delictivas a su alrededor. El secretario de Gobierno
Emélides Muñoz asegura que su mayor preocupación es la seguridad. Los
migrantes “son personas vulnerables con la esperanza de llegar a EEUU.
Fáciles de convencer por quienes ofrecen llevarlos a Panamá, Costa Rica
o EEUU. Ahí está el peligro, mientras ellos tengan la esperanza, habrá
quien les provea el servicio”. Por lo cual, el crecimiento, y
surgimiento, de grupos dedicados al tráfico de personas es la principal
amenaza para el orden público del municipio.

Hasta el momento, Yadira y Odelky han atravesado cinco países. Confiesan
que no lo creían fácil, pero no lo imaginaban tan difícil. Yadira pensó
que nunca tendría hijos. Es diabética y ha vivido tres abortos
involuntarios. “No podía tener bebés, Diosito me lo mandó en el camino”,
enfatiza Yadira, eleva la mirada y acaricia su panza. En Brasil supo que
estaba embarazada, de inmediato la internaron en un . Cambiaron
sus planes; retomaron su ruta. Esperan que el bebé sea ciudadano
estadounidense. Hasta Ecuador caminaron por el Amazonas, de nuevo se
enfrentaron a la selva, con las maletas al hombro. No hubo por
tres días. Los pies de Yadira se hincharon. “Vivimos una experiencia
dolorosa, triste. Decirle al grupo: avancen, sigan, que yo no puedo
seguir así con ella”, cuenta Odelky.

Antes de que Colombia se enfrentara a la situación de los migrantes
cubanos en Turbo, el hecho se presentó en Nicaragua, en Costa Rica y en
Panamá. Los tres países terminaron por cerrar sus fronteras, y negociar
puentes aéreos con México para permitir el tránsito de los cubanos.

El Gobierno panameño cerró la frontera con Colombia el 9 de mayo para
evitar una nueva oleada de inmigrantes. Su presidente, Juan Carlos
, aseguró que el país no está es condiciones de afrontar el
creciente flujo migratorio. La frontera fue militarizada a los ojos de
cientos de migrantes. Otros, como Yadira y Odelky, estaban en camino. Se
enteraron al llegar a Turbo.

“No solo con golpes se maltrata”

Al grupo de migrantes frenados por la decisión de Panamá se suman
integrantes día tras día. Llegan con su equipaje y con la sonrisa de
terminar un tramo más. Al recibirlos aplauden, se abrazan. Tal vez no se
conocen, pero se comprenden. Aylin Garicruz, una fotógrafa de 28 años,
salió de Cuba el 31 de agosto del 2014. Pensaba radicarse en Ecuador. No
logró conseguir la visa profesional y permaneció de manera ilegal por
más de un año. Siguió hasta Colombia, vivía y trabajaba en Medellín.
“Cuando me enteré de que el cuello de botella se había formado acá en
Turbo, decidí venir. Unirme a estos cubanos”, cuenta Aylin.

“Simplemente queremos seguir nuestro recorrido. Nada más pedimos eso.
Sin embargo, el Gobierno colombiano tiene que tomar partido. En Costa
Rica sucedió algo parecido y Costa Rica le dio solución. En Panamá
sucedió, y Panamá le dio solución. En Colombia nos han dejado ahí”, dice
Odelky.

Más de 400 migrantes se encuentran recluidos en una bodega de 240 metros
cuadrados. Hileras de colchonetas forman los espacios por los que se
puede caminar dentro de la bodega. Abundan las cuerdas con ropa
extendida y maletas en el piso. Hay más personas en camino; están a lo
largo de Colombia, y en Ecuador, donde según el Gobierno hay alrededor
de 5.000 cubanos a la espera de continuar.

“Aquí nos están maltratando, no solo con golpes se maltrata”, afirma
Odelky ante la situación que vive en la bodega. Los mosquitos, el calor
que 300 cuerpos intensifican, y la humedad, son solo algunas de las
condiciones del albergue que ponen en riesgo la salud de las personas.
En la parte trasera, a metros del lugar en que preparan sus alimentos,
se pueden ver y oler, tan oscuras como espesas, las aguas residuales
estancadas. Un paraíso para la proliferación de mosquitos y roedores.

El Gobierno local, bajo la presión de cumplir con la garantía de los
del migrante, ha impulsado acciones para atender a
quienes se albergan en la bodega. El 26 de mayo se creó, de forma
excepcional, un equipo interdisciplinario del Hospital Francisco
Valderrama. A diario van al albergue para prestar atención médica e
inspeccionar las condiciones de higiene. Dos casos de malaria fueron
tratados, el resto de personas se sometieron a un examen para verificar
si había propagación.

La alimentación de los migrantes ha sido asumida por los habitantes de
Turbo, en un acto de solidaridad. La bodega y los enseres de los que
disponen también hacen parte de las ayudas de los ciudadanos. “La
mayoría de nuestros habitantes son víctimas de conflicto armado interno,
y entienden qué es vivir en situación de vulnerabilidad”, dice Emélides
Muñoz. El respaldo de la población de Turbo ha contribuido a hacer más
llevadera la espera.

A pesar de que los migrantes reciben una mínima atención médica, un
suministro de al día a través de Aguas Urabá, y comunicación
constante con el secretario de Gobierno de Turbo, las condiciones en que
se encuentran siguen siendo una violación a sus derechos. En el
“principio de coherencia” del CONPES 3603, documento que rige la
política migratoria en Colombia, se establece que el Gobierno debe
actuar de manera recíproca en el trato a los migrantes, asumir el
cubrimiento de sus necesidades básicas y tratarlos de manera digna y justa.

Los cubanos quieren dar a conocer su situación. Dicen que las
autoridades en Turbo se han desentendido. “Hicimos cartas, firmamos
todos los cubanos. Son para que lleguen al Canciller, o al Presidente.
Sin embargo, las cartas están guardadas”, dice Odelky. “Nos dijeron que
en Colombia todo es por escrito, y tiene 15 días para su respuesta.
Entonces nosotros los cubanos no tenemos derecho a nada, porque esa
carta está guardada. Ahorita tiene más de 15 días y todavía no ha salido
a la luz”.

El secretario de Gobierno de Turbo, Emélides Muñoz, tiene la carta en su
oficina. En una visita al albergue asegura a los cubanos que no la ha
diligenciado porque no estaba seguro de que fuese escrita por ellos, ya
que se la entregó alguien del pueblo. Los migrantes le piden que la
envíe, que los cuente y verifique que todos firmaron.

Niños, ancianos y embarazadas

También en el CONPES 3603 se encuentra el “principio de focalización”,
por el cual deben ser atendidas con prioridad las personas vulnerables
socialmente, como niños, ancianos y mujeres gestantes.

Hasta el 2 de junio se contaban siete niños, dos mujeres en embarazo, y
23 personas mayores de 50 años durmiendo en la bodega. Según un informe
del Hospital Francisco Valderrama, tras una valoración médica, a las dos
gestantes les entregaron multivitamínicos para garantizar la atención
integral.

“En estos momentos acabo de caerme, y nada, al hospital no quiero ir”,
dice Yadira. Piensa en su embarazo, pero no le interesa ir al hospital
de Turbo, pues su primera experiencia allí fue desastrosa.

Yadira y Odelky llegaron a Turbo en un , propiedad de Sotraurbanarte
o Transporte Hernández, las dos únicas rutas que llegan hasta el
municipio. Ella alcanzaba los 40 grados de fiebre. Fue ingresada de
urgencia en el hospital. Su ingreso fue tan veloz como su expulsión,
nadie le dio razones. Yadira no tenía documentos, no tenía dinero.
Considera que por eso le negaron la atención. A causa de su delicada
condición la recibieron de nuevo, días después. Asegura que mientras
estuvo en el hospital nunca recibió alimentos, tampoco se le permitió
ver a su esposo. Le hacían exámenes, ultrasonidos y demás, pero al
regresar ya no era horario de visitas, ni de comida.

Aún se encontraba indispuesta cuando decidió pedir el alta voluntaria.
Al hacerlo, Yadira tomaba total responsabilidad sobre lo que pudiera
ocurrir con su salud. Ella no vio otra opción.

Este caso es una clara desatención al mencionado “principio de
focalización”. Más adelante Yadira fue atendida gracias a la creación
del equipo interdisciplinario. Sin embargo, la atención que le brindaron
previamente expone la situación a la que, con frecuencia, se enfrentan
los migrantes irregulares por fuera de una situación apremiante para el
Gobierno, como la que se vive en Turbo.

Kellys por su parte, ha tenido a sus dos hijos enfermos. El mayor llegó
con una fuerte tos, no dormía bien, y sudaba en medio de la fiebre.
Tenía bronquitis. En Turbo lo atendieron, le recetaron antibióticos y
otras medicinas. A Samuel, el bebé, se le empezaron a ver puntos rojizos
sobre la piel, en todo el cuerpo. Lloraba, y no se calmaba por la
comezón. Era un sarpullido producido por el brusco cambio de temperatura
y el calor excesivo en la bodega. Ahora una capa de maizena cubre el
cuerpo del pequeño varias veces por día, el sarpullido está por desaparecer.

En medio de las visitas del equipo interdisciplinario del Hospital
Francisco Valderrama algunos migrantes han solicitado, o requerido,
mayor atención médica. Ellos son trasladados a las instalaciones
hospitalarias. Una vez solucionado su caso, son regresados a la bodega,
acompañados por una funcionaria del equipo, encargada de garantizar que
el migrante regrese al lugar de albergue.

“Yo lo llamo un secuestro”

Los migrantes se pasan el día en la puerta, o en la zona trasera. No se
alejan más que unos metros. Temen salir y ser capturados por oficiales
de Migración Colombia. La posibilidad de ser deportados, perder el
dinero y el esfuerzo invertidos, los hace preferir la estrechez de la
bodega. “Yo lo llamo un secuestro. Aquí dicen que los cubanos no podemos
salir a la calle”, dice Odelky.

Migración Colombia tiene como funciones registrar, procesar, administrar
y analizar la información de carácter migratorio y de extranjería. Los
registros se efectúan cuando un migrante llega a una oficina de la
entidad, o es detenido por un oficial. Cuentan los cubanos que son
detenidos en pocos casos, ya que entre los gastos incluyen cierta
cantidad para pagar sobornos. Quienes han llegado a EEUU cuentan que
para la travesía ese dinero es tan importante como el de cada ticket de
avión, pasaje de bus, o traslado con coyote.

La Constitución colombiana permite el libre movimiento de extranjeros
por el territorio nacional solo si han ingresado de forma legal y su
documentación está al día. Los cubanos que se encuentran en Turbo, en su
mayoría, ingresaron al país sin reportarse con las autoridades. Los que
se reportaron al ingresar recibieron un documento de libre circulación
con una fecha de vencimiento. En general se dan diez días. Para la fecha
estos documentos carecen ya de validez.

Cuando un migrante irregular es detectado por Migración Colombia, debe
ser llevado a las oficinas de la entidad para iniciar un proceso
alrededor de su caso específico. El Estado colombiano debe evaluar las
razones de la migración; las condiciones bajo las que se realizó; y
entre otras cosas, los riesgos que esa persona asumiría si regresa a su
país de origen. Al final, se determina si el migrante debe ser aceptado
como refugiado en Colombia, o ser repatriado.

Se dice que los cubanos tienen libre movimiento en Turbo. Anthony
Cortes, integrante de la Veeduría Ciudadana del municipio, lo
contradice: “Si un oficial de Migración detiene a un migrante en la
calle, lo lleva al Departamento de Migración y le da un documento de
deportación”. En ese documento se explicitan la cantidad de días que la
persona tiene para salir de Colombia por el lugar que ingresó. Ninguno
de ellos ingresó por una frontera cercana a Turbo. Si Migración Colombia
maneja los casos de migración irregular de esta manera, ¿dónde quedan el
proceso y análisis del que deberían dar cuenta?

Los cubanos aseguran que días antes eran más. Un par de ellos salieron a
comprar un pañal o una bolsa de leche, y no regresaron. Se enteraron de
que han sido deportados. ¿Es posible llevar a cabo un proceso de
análisis con cada caso en cuestión de días, en menos de una semana?
Ellos sospechan que Migración Colombia fue negligente con sus
compatriotas y omitió el debido proceso, apelando tan solo a la
irregularidad de su ingreso al país.

La gestión de Migración Colombia es mínima e inefectiva en cuanto al
manejo de la migración irregular. “No creo que hagan seguimiento.
Supongo que la forma en que se dan cuenta si salieron o no, es cuando
llegan a otro punto de control de Migración Colombia con el
salvoconducto. Ahí se dan cuenta si está o no vigente”, dice el
secretario de Gobierno, Emélides Muñoz.

Ante los peligros de salir a recorrer el pueblo, algunos de los cubanos,
que no tienen smartphone ni , no hablan con sus familias desde
hace meses. “El único teléfono que existe en Turbo para llamadas
internacionales, supuestamente, está al lado de la Oficina de
Migración”, dice Odelky, recordando a sus hijas de 12 y 15 años, que
dejó en Cuba y de las que no sabe nada hace más de dos meses. Lo
tranquilizaría poder escucharlas, poder verlas. El internet que algunos
habitantes de Turbo pueden facilitarle es inútil. En Cuba la conexión a
internet es difícil y costosa, y las familias de Yadira y Odelky no
cuentan con los recursos económicos para acceder a internet.

WhatsApp para seguir en contacto

Las presiones económicas son uno de los principales motivos de
emigración. Los cubanos se sienten obstaculizados para progresar. Aun
siendo profesionales ven que sus aspiraciones no son realizables en la
sociedad cubana. “En Cuba el salario es muy bajo, no tenemos posibilidad
de ahorrar”, dice Juana Lina Torres, la madre de Kellys. Ella vendió su
casa y todo lo que tenía en Cuba para reunirse con su hija en Ecuador.

“Dicen que vamos a EEUU por la Ley de Ajuste Cubano. Pero es sobre todo
por el Gobierno, la política que tenemos en Cuba, ese régimen ha llevado
a la situación económica tan crítica que vive el país. Todo es una
cadena”, explica Kellys.

Yadira y Odelky recuerdan haber atravesado Colombia desde Ipiales,
pasando por Cali y Medellín hasta llegar a Turbo. El recorrido por toda
Colombia y parte de Perú lo hicieron por carretera, en bus. En
diferentes ocasiones se encontraron con las autoridades. “Solo quieren
dinero, sino nos deportan”, puntualiza Yadira. En la carretera de Perú
fueron detenidos. Un uniformado subió al bus y les comunicó que debían
bajar para una requisa. “A mí me quitaron la ropa, me quitaron los
zapatos, me revisaron la plantilla, todo, solo buscando dinero”,recuerda
Odelky. Yadira estaba junto al bus entre el montón de pasajeros,
vomitando al igual que todo el camino. A ella la requisaron de forma
breve, pero su estado de salud les fue indiferente.

En Colombia también fueron extorsionados por integrantes de la policía.
Allí no los desnudaron. Sin embargo, otros cubanos denuncian haber sido
víctimas del mismo trato que Odelky recibió en Perú, en territorio
colombiano.

Una vez en Turbo, confirmaron los rumores del camino. La frontera entre
Colombia y Panamá estaba cerrada indefinidamente. La pareja se sumó al
grupo de cubanos en la bodega.

La semana que siguió a la militarización de la frontera, en las calles
de Turbo dormían cubanos, nepalís, africanos, haitianos y demás. Al cabo
de unos días quedaron los cubanos y un par de otras nacionalidades. El
resto decidió aventurarse en la selva del Darién; la alternativa que
ofrecieron los “coyotes”.

Antes de irse, los migrantes compartieron sus números de WhatsApp y
crearon un grupo para mantener el contacto entre los que se quedaban y
los que partían. Al grupo lo llamaron “No Borders”, en inglés porque es
el idioma que para ellos simboliza la , el idioma del país al
que sueñan llegar y pertenecer. La idea del grupo siempre fue saber cómo
se encontraban los migrantes que continuaron.

Algunos migrantes escribieron desde Panamá y Costa Rica. En los
mensajes, quienes pasaron dicen que la trayectoria es la más difícil que
han hecho, debido a las piedras, montañas, y ríos que atravesaron. Uno
de los migrantes cuenta que caminaron por casi siete días en medio de la
selva, durmiendo en cualquier lugar y con escasa comida. En el chat les
recomiendan a los cubanos que no tomen esa ruta, porque tienen niños y
personas mayores que, según su experiencia, no la resistirían. Pero una
historia sobresale en los mensajes, dice que seis personas murieron
ahogadas intentando cruzar un río; también murió un niño de dos años,
iba con su padre y ambos fueron arrastrados por la corriente. La esposa
y madre sobrevivió. Quien lo escribe no especifica la nacionalidad de
las víctimas y desconoce el paradero de la mujer.

“Muchos han llegado a su sueño americano, pero muchos han tenido que
pagar el sueño con su propia vida. Eso es lo que estos cubanos que
estamos en Colombia no queremos hacer”, dice Aylin Garicruz.

Los cubanos que están en la bodega tienen muy claro que a Cuba no
regresan, pero tampoco están dispuestos a pasar por la selva del Darién.
En especial conociendo la suerte que corrieron algunos de los que una
vez estuvieron en Turbo y eligieron seguir sin escuchar razones.

Varados como están en Turbo, aseguran que su derecho a salir libremente
de cualquier país, establecido en el Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos, está siendo vulnerado al no permitirles salir por
la frontera con Panamá. Sin embargo, la misma ley asegura que ese
derecho puede “ser objeto de restricciones cuando se hallen previstas en
la ley, sean necesarias para proteger la seguridad nacional, el orden
público, la salud o la moral públicas o los derechos y libertades de
terceros”. El efecto dominó en el cierre de las fronteras de Nicaragua,
Costa Rica y Panamá es debido a que el flujo migratorio les representa
un problema de orden público y seguridad social. Estos países están en
todo el derecho de cerrar sus fronteras. A pesar de ello, las demás
fronteras de Colombia están abiertas; el derecho de los migrantes a
salir del país está garantizado.

Yadira y Odelky han emprendido un viaje de meses, mientras que al tomar
un avión desde La Habana, Cuba hasta Miami, Florida se puede llegar a
EEUU en más o menos 28 minutos. En lugar de cruzar los 370 kilómetros
que separan a La Habana de Miami, la pareja ha recorrido 7.321
kilómetros por América del Sur para llegar a Turbo. Apenas llevan un
poco más que la mitad del camino y ya han hecho 19 veces la distancia de
un vuelo directo entre su origen y su destino.

La pareja espera que el Gobierno colombiano les permita continuar su
recorrido. No les interesa si es por avión o por tierra, solo quieren
seguir. En su camino a EEUU los esperan todavía Panamá, Costa Rica,
Nicaragua y México. Si los atraviesan de manera sencilla y rápida, la
distancia que les falta está alrededor de los 1.974 kilómetros. Una vez
lleguen a su destino, suponiendo que ingresen por Reynosa, frontera
entre México y EEUU, habrán recorrido más de 9.250 kilómetros. Lo que
equivaldría a 13 idas y regresos entre La Habana y Miami.

Source: ‘No Borders’ | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1469794699_24224.html

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *