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Más allá de arrugas y canas
La vejez en Cuba es una carrera de supervivencia, con un final nada
alentador
Martes, julio 26, 2016 | Gladys Linares

LA HABANA, Cuba.- Cuba presenta la contradicción de ser un país del
tercer mundo con un envejecimiento poblacional comparable al de países
desarrollados. Asimismo, su tasa de fecundidad es la más baja de América
Latina

Al llegar a la edad de los achaques y el merecido descanso, en Cuba una
multitud de ancianos se ve obligada a trabajar duramente por su
supervivencia. Uno de ellos es Venancio, un señor de 82 años que se
dedica a limpiar patios y parterres para vivir, pues la pensión que
cobra, de 200 pesos, apenas le alcanza para las medicinas.

Oriundo de San Juan y Martínez, Pinar del Río, Venancio vino para La
Habana en 1954 y siempre se dedicó a labores agrícolas. Por eso, cuando
el gobierno intervino la finquita donde trabajaba para usar esas tierras
para el cordón de La Habana, se quedó trabajando en ese plan.

Cuenta que las cosas cambiaron considerablemente. Aquello era una
locura: tuvo que convivir con mucha gente en los albergues, y todos los
días un jefe distinto: no se ponían de acuerdo, y cada uno lo mandaba a
“dejar lo que estuviera haciendo para hacer otra cosa”. Por eso se fue
abriendo camino y vino para Lawton.

Hace poco lo buscaba para que me limpiara el patio. Le pregunté a Pilar,
pues él por las tardes acostumbra trabajar en el terreno de ella.
“Búscalo en casa de Abelino. Ellos son muy amigos y él casi siempre está
allá”. Abelino es otro anciano que sobrevive gracias a pequeños trabajos
de carpintería. Me comenta que en estos días Venancio está trabajando
hasta tarde, pero que le dará mi recado.

Hace algún tiempo que Venancio vive solo. No tiene hijos ni familiares
cercanos. Cuando su esposa empezó a perder la memoria, el hijo de esta
consiguió internarla en un asilo y vendió la casa. Con resignación el
anciano afirma: “Él no me dejó en la calle, pues llevo casi 30 años con
su mamá. Me repararon un cuartico en el patio, le pusieron techo de
fibrocemento, y aunque tiene un baño pequeño, y no tiene cocina ni
puerta, no estoy en la calle”.

Los domingos va a ver a su esposa al asilo de Marianao, y siempre le
lleva alguna cosita porque la no es buena. Cuando la esposa
empezó a perder la memoria consiguió que le dieran almuerzo y comida en
el asilo 28 de Enero, en Dolores entre 11 y 12. Luego, recluida ya en el
asilo de Marianao, él siguió yendo a buscar los alimentos, hasta que
pusieron la regla de que tenía que estar todo el día (de 8 am a 5 pm) y
tuvo que dejarlo, pues no podía parar de chapear. Entonces, como no
tiene dónde cocinar, hizo gestiones con la delegada y esta le resolvió
comprar la comida en un comedor del Sistema de Atención a la Familia
(SAF). Aunque no es gran cosa, la lleva para casa de Abelino, allí la
mejoran como pueden y con algo más que compren comen los dos.

Cuando por fin Venancio pasó por mi casa, me contó que tenía turno para
operarse el día 10 de un quiste en la cara, muy cerca del ojo, pero que
estaría trabajando hasta el 9, porque necesitaba reunir algún dinero
para los días que durase la convalecencia. En la fecha señalada se operó
en el policlínico de Dolores entre 10 y 11, y salió bien. A los dos
días, aún con los puntos, ya fue al comedor del SAF, y al día siguiente
de quitarle los puntos, ya estaba chapeando un jardín.

Le he preguntado a varios ancianos si creen que con la “actualización
del modelo económico” mejorará su situación. La inmensa mayoría no sabe
a ciencia cierta a qué se refiere la frase, pero lo cierto es que
ninguno se mostró esperanzado.

Source: Más allá de arrugas y canas | Cubanet –
www.cubanet.org/actualidad-destacados/mas-alla-de-arrugas-y-canas/

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