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La proclama de , una lista de instrucciones sin cumplir
REINALDO ESCOBAR, La Habana | Julio 30, 2016

A diez años de la Proclama en la que Fidel Castro anunció su alejamiento
del poder, aquel documento sigue revelando rasgos distintivos de una
personalidad marcada por el afán de controlarlo todo. Más que un legado
ideológico, el texto es una simple lista de instrucciones y resulta poco
probable que los medios oficiales, tan adictos a las efemérides
cerradas, hagan por estos días un balance de su cumplimiento.

La emisión del noticiero estelar de la televisión nacional trajo una
enorme sorpresa el 31 de julio de 2006. Alrededor de las 9 de la noche
apareció ante las cámaras el miembro del Consejo de Estado Carlos
Valenciaga para leer la Proclama del Comandante en Jefe al pueblo de
Cuba donde anunciaba que debido a problemas de se veía obligado “a
permanecer varias semanas de reposo”, alejado de “responsabilidades y
cargos”.

Luego de dar su versión sobre las complicaciones que le aquejaban y las
causas que las habían producido, Fidel Castro expuso en este documento
seis puntos básicos y adicionalmente dejó instrucciones acerca de la
realización de la cumbre de No alineados y sobre la posposición de los
festejos por su 80 cumpleaños.

Los tres primeros puntos de la proclama están dedicados al traspaso de
poderes a su hermano Raúl Castro al frente del partido, el gobierno y
las fuerzas armadas. La orden de disponer estas transferencias era
absolutamente innecesaria, pues a su depositario le correspondía
realizar esas funciones dado que ocupaba entonces el segundo escalón en
el orden jerárquico, tanto partidista como gubernamental. Resulta
llamativo que en cada caso se reitera el “carácter provisional” de la
cesión de funciones.

En los tres puntos restantes delega (también con carácter provisional)
sus funciones “como impulsor principal del Programa Nacional e
Internacional de Salud Pública” en el entonces ministro de Salud Pública
José Ramón Balaguer; “como impulsor principal del Programa Nacional e
Internacional de Educación” en los miembros del Buró Político José Ramón
Machado Ventura y Esteban Lazo Hernández y como “impulsor principal del
Programa Nacional de la Revolución energética en Cuba y de colaboración
con otros países en ese ámbito” en Carlos Lage Dávila, que ejercía
entonces el cargo de secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de
Ministros.

En párrafo aparte aclaraba que los fondos correspondientes para estos
tres programas deberían seguir siendo gestionados y priorizados “como he
venido haciendo personalmente” por Carlos Lage, Francisco Soberón,
entonces ministro presidente del Banco Central de Cuba y Felipe Pérez
Roque, en ese momento ministro de Relaciones Exteriores.

Casi inmediatamente después de haberse leído aquella proclama se produjo
una enorme movilización militar en todo el país, llamada Operación
Caguairán. Poco tiempo después la otrora omnipresencia del máximo líder
se redujo a unas esporádicas Reflexiones del Comandante en Jefe
publicadas en todos los diarios y leídas en todos los noticieros. Veinte
meses más tarde el parlamento eligió a Raúl Castro de manera formal como
presidente de los Consejos de estado y de ministro y más adelante el
sexto Congreso del Partido realizado en 2011 lo eligió como su Primer
Secretario.

Desde su lecho de enfermo Fidel Castro afirmaba aquel 31 de julio no
albergar “la menor duda de que nuestro pueblo y nuestra Revolución
lucharán hasta la última gota de sangre para defender estas y otras
ideas y medidas” que él entendía necesarias para “salvaguardar este
proceso histórico”. En el propio texto pedía al Comité Central del
Partido y a la Asamblea Nacional del Poder Popular “el apoyo más firme a
esta proclama” aunque en anteriores líneas ya había dictaminado que el
partido “apoyado por las organizaciones de masas y todo el pueblo”
tenían la misión de asumir la tarea encomendada”.

Transcurrida una década, la ausencia provisional del “impulsor
principal” se hizo definitiva y cuatro de los siete hombres nombrados ya
no ocupan sus cargos. El lector de la proclama también fue defenestrado.
Los programas mencionados han pasado a ser parte de las funciones
naturales de los ministerios a cargo de esas tareas y “los fondos
correspondientes” (aunque nadie lo ha proclamado oficialmente) se
contabilizan ahora en el presupuesto de la nación.

Si bien aquel cumpleaños 80 tampoco pudo celebrarse con su presencia el
2 de diciembre de 2006, durante el 50 aniversario del desembarco del
Granma, como previó en su proclama, ahora en este 2016 todos los eventos
culturales, las conquistas del deporte, las hazañas productivas, han
sido consagradas al 90 cumpleaños.

La trascendencia final de aquella proclama no radica en el mensaje que
contiene, entre otras cosas porque su autor parecía estar persuadido de
que aquel no era su testamento político sino un “aguántame aquí, que
regreso en un rato”.

La consecuencia final de aquella proclama ha sido como un foco
enceguecedor que se apaga, un ruido permanente al que ya nos habíamos
acostumbrado y que de pronto deja de sonar, una voluntad que cesa de
impartir órdenes, la terminación de una omnipresencia. El vacío
ocasionado ha tenido más connotaciones de alivio que de zozobra. No hay
nostalgia. La ansiedad por el desenlace final se ha diluido en un
fastidioso tedio, como el que se siente frente a esos filmes que se
alargan innecesariamente.

Source: La proclama de Fidel Castro, una lista de instrucciones sin
cumplir –
www.14ymedio.com/nacional/proclama-Fidel-Castro-instrucciones-cumplir_0_2044595522.html

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