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Democracia y Constitución (IV)
julio 27, 2016 4:51 pm

Centro Habana, La Habana, Marta B. Roque, (PD) Durante la época en que
estuvieron en la Sierra Maestra, los alzados encabezados por Fidel
Castro, redactaron el Manifiesto de la Sierra Maestra en el que se
comprometían a celebrar elecciones generales en el término de un año,
bajo las normas de la Constitución del 40 y el Código Electoral del 43 y
entregarle el poder inmediatamente al candidato que resultara electo,
algo que como todos sabemos no cumplieron.

Los más viejos recuerdan la frase del , “elecciones ¿para qué?”,
que se convirtió en lo más antidemocrático que dijo.
.
En enero de 1959 la Comisión Depuradora bajo las órdenes del Che Guevara
(un extranjero), que era jefe de La Cabaña, llevó a cabo –a través de
juicios sumarísimos- más de 1 000 fusilamientos en el paredón (cifra no
determinada), muchos de los “ajusticiados” sin pruebas incriminatorias y
sin la posibilidad del ejercicio de una defensa justa. La opinión que
tenía este hombre, que murió con sus manos llenas de sangre de cubanos
inocentes, la expuso en la ONU el 11 de diciembre de 1964, cuando dijo:
“Nosotros tenemos que decir aquí lo que es una verdad conocida, que la
hemos expresado siempre ante el mundo: fusilamientos, sí, hemos
fusilado; fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario.
Nuestra lucha es una lucha a muerte. Nosotros sabemos cuál sería el
resultado de una batalla perdida y también tienen que saber los gusanos
cuál es el resultado de la batalla perdida hoy en Cuba”.

La primera alteración sufrida al régimen legal de la pena capital
ocurrió al promulgar el 7 de febrero de 1959 la Ley Fundamental,
derogatoria de la Constitución de 1940. En esa oportunidad se modificó
esencialmente la aplicación de dicha sanción al disponer que “no podría
imponerse la pena de muerte salvo en los casos de los miembros de las
fuerzas armadas, de los cuerpos represivos de la tiranía, de los grupos
auxiliares organizados por ésta, de los grupos armados privadamente
organizados para defenderla y de los confidentes, por delitos cometidos
en pro de la instauración o defensa de la tiranía (…) las personas
culpables de traición o subversión del orden institucional o de
espionaje en favor del enemigo en tiempo de guerra con nación extranjera”.

Durante los años de vigencia de la Ley Fundamental de 1959, la misma fue
objeto de continuas transformaciones; se le suprimían preceptos, se le
adicionaban otros o se modificaban. En ese sentido ocurrió con la pena
de muerte. Estos cambios se realizaban mediante leyes de reforma
constitucional promulgadas por el Consejo de Ministros.

O sea, que las promesas de gobernar bajo la Constitución de 1940 se
vieron incumplidas apenas al mes de estar en el poder.

Con posterioridad y dada la necesidad de tener un documento jurídico
aprobado por el pueblo y ajustarse a las normas del Consejo de Ayuda
Mutua Económica (CAME) del cual Cuba formaba parte, se comenzó a
elaborar una nueva Constitución cuyo anteproyecto fue redactada por una
comisión mixta del Partido y el Gobierno, en la cual participó de forma
activa Blas Roca Calderío, que también había sido parte de la Asamblea
Constituyente de 1940. En esos momentos existían las condiciones para
conformar el régimen estatal definitivo.

Al respecto, Fidel Castro dijo: “Y esto nos permitirá ponerle fin a la
provisionalidad del Estado revolucionario y dejar constituido un Estado
con carácter definitivo para el futuro.”

Habría que recordar que en esos momentos la “provisionalidad” ascendía a
la cantidad de 17 años.

También en aquel entonces dijo: “…nuestro propósito una vez que se haya
aprobado esta Constitución, luchar consecuentemente y tenazmente, para
que cada uno de los preceptos de esa Constitución se cumplan que nadie
le pueda imputar a la Revolución jamás, de que acordó leyes y principios
que después no se cumplieron…” Algo a lo que estamos acostumbrados
todos, a las mentiras del régimen, y en particular de Fidel Castro, ya
que se conoce cuántos aspectos de la vida cotidiana, incluyendo los de
índole económica, son inconstitucionales y no hay garantía ciudadana alguna.

Aquellas personas que están en contra del régimen, en específico los que
se oponen abiertamente, deberían poder enumerar todas y cada una de las
violaciones de la actual Constitución.

A partir del momento de su promulgación, la actual Constitución de la
República, ha sufrido 3 modificaciones.
La primera, mediante la cual se cambió el nombre de la Isla de Pinos por
el de Isla de la Juventud. La segunda en 1992, debido a la necesidad de
adecuar el texto constitucional a las nuevas condiciones económicas,
luego de la desintegración del campo socialista y la reinserción del
país en las relaciones de intercambio del mundo capitalista. La tercera
fue en el 2002, mediante la cual se proclamó la irreversibilidad del
carácter socialista de la revolución, algo que ha salido de nuevo al
tapete después de la visita del presidente Barack Obama y su discurso
dirigido al pueblo de Cuba.

Muchas personas –en particular extranjeras- piensan y se cuestionan cómo
ha sido posible que el régimen dictatorial que existe en el país haya
durado por 57 años. Para los cubanólogos es más fácil la explicación,
pues han estudiado la historia y comprenden que cuando llegó la
dictadura al poder se hizo cargo de un pueblo cansado de tantos
gobiernos corruptos y repartió un poco de miel, hasta el extremo que una
parte del pueblo, incluso creyentes en Dios, aplaudían los fusilamientos
y gritaban desenfrenadamente, ¡paredón, paredón!, en los momentos en que
Fidel Castro los azuzaba para tales fines.

Durante sus largos discursos y sus leyes de corte comunista, al
principio les quitó las casas a las personas con un estrato social
elevado, las repartió entre los pobres, no sin incluir en primer lugar a
los fieles a su régimen; rebajó la electricidad, el , convirtió la
y la educación en actividades gratuitas para el pueblo, etc., pero
paralelamente fue formando un ejército de subordinados dispuesto a la
represión en cualquiera de sus formas. Este proceso culminó con la
confiscación de todos los bienes extranjeros y nacionales y se convirtió
el régimen en un “Estado Todopoderoso”.

Ya han pasado tres generaciones de cubanos por estas desigualdades, y se
han perdido –entre otras cosas- la ética a nivel social, la educación
formal y el amor al prójimo.

Podemos afirmar que con un desconocimiento -casi total- de lo que puede
contar la historia, el grupo de cubanos que lucha contra el régimen de
manera abierta, no tiene los suficientes recursos, no solo materiales,
sino también intelectuales, políticos y prácticos, para conseguir llegar
al pueblo y propiciar un cambio.

Ninguno de los opositores que tiene el país ha vivido en democracia en
Cuba, por lo que resulta muy difícil conocer este término por
experiencia propia, a pesar de que algunos han podido viajar a países en
los que sus gobiernos son democráticos; pero la historia de cómo llegó a
consolidarse el régimen dictatorial en 1959 está muy vinculada a los
hechos anteriores y a los gobernantes a los que se vio sometido el país,
por eso es tan importante conocerlo, junto con la teoría de la democracia.

De la misma forma –es hasta irrespetuoso- plantear el hecho de que una
organización va a hacer una Constitución, en primer lugar, si no se
conoce la historia de la constitucionalidad en Cuba; pero sin tener la
anuencia del pueblo, con el que no se cuenta para nada, ni tampoco los
conocimientos necesarios para redactar un documento de tamaña dimensión.
Esto haría lo mismo que el régimen ha hecho arrebatar los derechos de
los ciudadanos, entre ellos la de expresión.

No es necesario rebuscar términos como “economía social de mercado” que
no pueden ser definidos ni por los mismos que lo inventaron, ni siquiera
pueden ser llevados a la práctica, porque se desconoce de qué forma hacerlo.

Para defender la democracia y redactar constituciones, hay que conocer
la historia de Cuba, tener una significativa idea de cómo se vive en
democracia y contar con el pueblo, al que de forma general se desconoce,
incluso cuando se habla de hostigamiento, de detenciones arbitrarias y
de presos políticos.

Si la batalla de la oposición es por el bienestar de la nación cubana,
hay que tenerla en consideración en primer término, para todo. Entonces
podremos decir que la lucha es exitosa.
marthabroque@gmail.com; Marta

Source: Democracia y Constitución (IV) | Primavera Digital –
primaveradigital.net/democracia-y-constitucion-iv/

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