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Activismo antirracista crece en Cuba pero falta debate público
Por Ivet González

LA HABANA, 29 jul 2016 (IPS) – Apenas se habla de ellos en los medios de
comunicación, casi todos estatales, pero más mujeres y hombres crean
proyectos ciudadanos para enfrentar la discriminación racial en Cuba,
que según aseguran empeora por el silencio sobre el problema.

“El activismo tiene mejor cara en los últimos tiempos porque hay un
compromiso y expansión del trabajo con la base”, dijo a IPS el ensayista
Roberto Zurbano, que destacó nuevas iniciativas enfocadas a áreas nunca
antes atendidas como la incidencia comunitaria y asesoría legal para las
víctimas de esa discriminación.

El investigador de la fundación cultural Casa de las Américas remarcó
que existen avances, pero sigue siendo “muy mal visto (el activismo
antirracista) porque compartió el tabú y el silencio durante más de 40
años sobre la problemática racial en Cuba”.

En este país caribeño de 11,2 millones de personas, 64 por ciento de
ellas son blancas, 26 por ciento mestizas y nueve por ciento negras.

Pero la sociedad ve la discriminación por el color de la piel como algo
que provoca desunión nacional, remarcó la periodista Gisela Arandia
sobre las causas de la fuerte resistencia a abordar el asunto.

“Y no se puede transformar la conciencia social si no hay un discurso
público sobre el problema”, reflexionó la promotora de debates al
respecto en el sector cultural, quien califica de “muy pobre” aún el
reconocimiento por parte de las autoridades de la persistencia y
consecuencias de la discriminación racial.

“Este tema evidentemente produce miedo todavía hoy, aquí y ahora”, sostuvo.

IPS entrevistó a 11 activistas, Arandia y Zurbano entre ellos, para
conocer cuáles son las iniciativas que hoy luchan contra los prejuicios
racistas, que aseguran gozan de buena en la sociedad a pesar de
que la segregación fue eliminada en 1959 y el se proscribe en la
Constitución, vigente desde 1976 y reformada en 1992.

“Hay muchas más personas vinculadas al activismo pero de manera
desorganizada. No ha habido un liderazgo capaz de reunirnos a todas y
todos en una agenda común”, apuntó la educadora popular Maritza López,
que junto a Ildelisa Leal y Damayanti Matos, coordina desde 2012 la Red
Barrial Afrodescendiente (RBA).

Circunscrito a espacios académicos, esta red de voluntarios llevó por
vez primera el tema de la discriminación al lugar más cercano a la
gente: los barrios. Ahora llega a nueve comunidades desfavorecidas de La
Habana, que es la provincia con más población negra, seguida de Santiago
de Cuba, Guantánamo, Pinar del Río y Matanzas.

“Nuestro principal desafío es que no hay percepción de hasta dónde la
discriminación racial lastra a las personas, sobre todo después de la
crisis (que comenzó en 1991) y en el reordenamiento económico (reforma
iniciada en 2008)”, continúo López.

“Ese desconocimiento hace que mucha gente no se comprometa”, lamentó.

La coordinadora de la red sostuvo que “nos gustaría extendernos al resto
del país, pero hay muchos factores en contra. Los activistas somos gente
de la cotidianidad, que hacemos esto además de nuestros empleos, y no
llegamos a los medios de comunicación”.

La RBA se articula con otras similares y recibe apoyos de dos
organizaciones no gubernamentales, el Centro Oscar Arnulfo Romero y el
Centro Memorial Dr. Martin Luther King Jr, que sí cuentan con la
personalidad jurídica requerida.

En el mapa del activismo antirracista cubano asomó en 2011 la Alianza
Unidad Racial (AUR), un proyecto jurídico conformado por abogados,
fiscales y otras personas, que sin ánimo de lucro acompañan legalmente a
víctimas de discriminación racial, sexista, xenofóbica, por edad o
Deyni Terry, coordinadora de AUR, indicó que hasta ahora han logrado la
solución satisfactoria de cinco casos de personas afectadas y trabajan
en otros tres. Además, benefician con capacitación legal a proyectos
afines y participan en actividades conjuntas adonde colocan la
perspectiva de derechos ciudadanos.

A juicio de esta abogada, el activismo está frenado porque “faltan
espacios públicos donde elevar el discurso antirracista, existe
descontento y poca atención y apoyo gubernamental”. Consideró que
tampoco se “concreta la unidad de acción entre los diferentes proyectos
que trabajan estos temas”.

Entre las iniciativas que promueven la inclusión racial, los activistas
entrevistados señalaron los blogs, un fenómeno muy particular del
contexto cubano, entre los que destacan “Negra cubana tiene que ser”, de
la psicóloga Sandra AbdÁllah-Álvarez, y Afromodernidades, del escritor
Alberto Abreu.

El escritor, quien vive en la ciudad de Cárdenas, a 150 kilómetros al
este de la capital, valoró que, como el resto del activismo, la
vertiente antirracista “no es homogénea”.

“Está integrada por grupos y agendas plurales, con diferencias
generacionales, de credos políticos, religiosos, formación intelectual,
género e identidades sexuales”, explicó.

“En estos momentos está muy fuerte”, estimó el escritor Tomás Fernández
Robaina, uno de los fundadores en 1998 de La Cofradía de la Negritud, el
proyecto activo más longevo. “Pero no se siente más” porque solo una de
las organizaciones existentes ha logrado algún espacio en radio y
televisión, indicó.

Como otros activistas, Fernández Robaina participa en el capítulo cubano
de la Articulación Regional Afrodescendiente para las Américas y el
Caribe (Araac) y la Comisión José Antonio Aponte, dedicada a crear
espacios de participación social por la no discriminación racial y
monitorear sus manifestaciones en el país.

Las dos redes regionales que tienen capítulos en este país insular son
Araac, apoyada por el Ministerio de Cultura y la Red de Mujeres
Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora en Cuba, vinculada
a la Federación de Mujeres Cubanas.

Para los entrevistados, la Comisión Aponte, adscrita a la Unión de
Escritores y Artistas de Cuba, es la más escuchada por las autoridades,
aunque observan que su labor resulta desconocida por el ciudadano de a
pie y no ha logrado el ansiado debate público.

La revolución de 1959 barrió en sus primeros años con la segregación
racial e implementó políticas de igualdad para toda la población.
Especialistas consideran que las discriminaciones permanecieron
solapadas y se hicieron más visibles con la depresión económica surgida
en 1991.

Fue en aquella década que el sector intelectual comenzó a alertar sobre
la persistencia del racismo y la necesidad de políticas públicas
específicas. Las mayores actividades contra el racismo se produjeron en
2011, en el marco del Año Internacional de los Afrodescendientes de las
Naciones Unidas.

Incluso, en diciembre de ese año, el parlamento unicameral discutió por
vez primera sobre los prejuicios raciales. En 2012, el gobernante
Partido Comunista de Cuba acordó “enfrentar los prejuicios y conductas
discriminatorias por color de la piel” que son “contrarios a la
Constitución y las leyes” y atentan “contra la unidad nacional”.

Editado por Estrella Gutiérrez

Source: Activismo antirracista crece en Cuba pero falta debate público |
IPS Agencia de Noticias –
www.ipsnoticias.net/2016/07/activismo-antirracista-crece-en-cuba-pero-falta-debate-publico/

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