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Cuba y la transición española según Margallo: diferencias y coincidencias
DAGOBERTO VALDÉS HERNÁNDEZ, Pinar del Río | Noviembre 28, 2014

El canciller de España ha venido a Cuba y nos ha dejado una estupenda
conferencia magistral sobre la transición española, sus experiencias
junto al espíritu y las claves para el cambio.

Ya sabemos lo que todo el mundo nos recuerda: Cuba no es España, ni
Polonia, ni Sudáfrica. Ninguna transición se parece a otras, no se
pueden copiar las claves ni las fórmulas… Todos estos argumentos
tienen doble filo: sirven para bajar a la realidad o para obstruir el
intercambio de experiencias y el valioso testimonio.

Si ser pueblos diferentes, si tener historias diferentes, si tener
circunstancias diferentes, impidiera que lo que viven unos pueda servir
de experiencia y lección a otros, ¿para qué se escribe la historia
universal? ¿Para qué la estudiamos en la ? ¿De qué sirve el
intercambio cultural y las cumbres mundiales y regionales? ¿Para qué son
las relaciones internacionales y para qué la cooperación entre los países?

Creo que la respuesta a todas estas preguntas pudiera centrarse en lo
que tenemos en común todos los pueblos y culturas de la Tierra: todos
somos seres humanos y todos los seres humanos somos iguales en dignidad,
derechos y aspiraciones, aunque seamos todos diversos en lo demás.
Gracias a Dios, como el propio Margallo dice en su conferencia citando a
Marías:

“Es muy difícil convencerse de que el pluralismo es una riqueza, es muy
difícil darse cuenta de que otros puedan tener un punto de vista
distinto, del que se puede aprender y con el que hay que convivir…
Como dice Julián Marías con acierto: “Los españoles no estamos de
acuerdo -gracias a Dios-. Ningún pueblo lo está. El desacuerdo es
inevitable y maravilloso, siempre que no roce la concordia, la decisión
inquebrantable de no romper la convivencia.”

La enjundiosa disertación termina con una palabra clave que es el centro
y el fin de la vida social y política: la convivencia. “No romper la
convivencia”. Si el final se hace para resumir en una palabra la
intención y el propósito, creo que el canciller español lo bordó.

Claro que la experiencia de unos seres humanos puede y debe servir para
otros. No para copiar al calco sino para aprender y enmendar, para
encauzar y no repetir errores. La historia es maestra es inspiración y
todos debemos escucharla. Aún más cuando España y Cuba comparten
cultura, historia, religión, lengua, luces y sombras. Todavía más cuando
ahora nos tratamos como iguales en soberanía, derecho y cooperación.

Como cubano, he aprendido mucho de la transición española. Desde que el
proyecto y revista Convivencia nacieron hace ocho años estudiamos el
extraordinario serial de Victoria Prego sobre el cambio en la Península.
Tuve el honor y la dicha de conocer y compartir con protagonistas de la
transición como mi amigo y maestro Don Joaquín Ruiz-Giménez .

Ahora al leer y estudiar atentamente la conferencia magistral del
canciller Margallo aprecio su experiencia, admiro su poder de síntesis y
la vigencia del espíritu y las claves de la transición española y no me
cabe duda en decir que este testimonio es una excelente lección de
humanismo, educación cívica y visión política.

Al desgranar cada párrafo referido a España, no he podido como cubano
impedir que mi mente y mi corazón fueran haciendo los paralelismos, las
diferencias y las coincidencias. Respeto a cuantos puedan sacar
diferentes conclusiones a las mías y coincido con aquellos que deseamos
que el canciller español y demás visitantes de nuestro país se
encuentren aquí en nuestra querida tierra con los cubanos que son parte
del Estado y también los cubanos que forman parte de la sociedad civil.
Eso es encontrar a Cuba entera, plural y diversa. Y, lamentablemente,
eso no ha ocurrido tampoco en esta visita, como sí ha ocurrido cuando
los cubanos visitamos España u otros países. Esto también deja claro
dónde está el escollo.

Dicha esta medular diferencia, deseo destacar numerosas coincidencias
entre el espíritu y las claves de la transición española según la
conferencia del Sr. García-Margallo y las más legítimas aspiraciones de
los cubanos.

De los cuatro temas consensuados por una mayoría significativa, moderada
y creciente de la sociedad civil cubana pude encontrar tres diáfanamente
no solo mencionados sino declarados como presupuestos o claves para el
cambio pacífico:

1. La de todos los presos por razones políticas, incluyendo
aquellos que están bajo licencia extrapenal, dice el primer punto de la
sociedad civil cubana. Margallo dice:

“La elaboración de la Constitución tampoco hubiese sido posible sin
hacer tabla rasa de los delitos políticos cometidos durante el
franquismo. Por eso se aprueba una amnistía tan generosa que permite
que, por primera vez en nuestra historia democrática, no haya un solo
por razones políticas.”

2. Otro tema en el que existe consenso creciente en Cuba es la necesidad
de ratificar e implementar los Pactos de de la ONU y
los convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Margallo dice:

“El espíritu de la Transición va tomando cuerpo a través de las
siguientes medidas: La primera que resulta clave fue la firma en
septiembre de 1976, de los dos Pactos de Derechos Humanos de Naciones
Unidas: por un lado, el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y
Políticos, y, por el otro, el Pacto Internacional de los Derechos
Económicos, Sociales y Culturales. La firma -y posterior ratificación de
estos Pactos unos meses después- es fundamental para el reingreso pleno
de España en la comunidad de naciones. Estos instrumentos -junto a la
adhesión a la normativa de la Organización Internacional del Trabajo
(OIT)- son elementos imprescindibles, no solo para la defensa de los
derechos del ciudadano, sino también para marcar la pauta de la
actuación de las instituciones.”

3. Quizá uno de los más importantes temas de consenso en el tejido
independiente de la sociedad cubana es precisamente el reconocimiento de
la sociedad civil como interlocutor válido. Margallo lo señala como una
de las claves de la Transición:

“Un mandato social: establecer la concordia. Cuando hablo de un mandato
social, quiero expresar una realidad que era muy poderosa en aquellos
años: la sociedad civil toma la palabra prometida por el Rey y Suárez, y
se convierte en actor principal de la Transición, trasladando en todo
momento su deseo de concordia.

Es decir, la actitud aperturista y el reconocimiento por el gobierno del
papel de la sociedad civil como interlocutor se ven premiados por una
respuesta generalizada a favor del acuerdo, la reconciliación y la
concordia.

Lo sintetizó muy elocuentemente Adolfo Suárez, en 1976, al decir:

“Pertenezco por convicción y talante a una mayoría de ciudadanos que
desea hablar un lenguaje moderado, de concordia y conciliación”.

Pudiéramos mencionar otros temas en los que encontré coincidencias y
experiencias para el aprendizaje del grado de humanismo de inspiración
cristiana que resumen sus reflexiones. No quisiera dejar de mencionar
otros tres:

4. La clave primera y principal que debe ser acogida y acatada por
todos, Estado y ciudadanos: El principio del respeto a la legalidad, el
consenso y los métodos pacíficos: “La Transición española fue posible en
virtud de un principio (el respeto a la legalidad), gracias a un método
(el consenso) y, sobre todo, porque todos decidimos evitar la
confrontación y establecer la concordia civil.”

5. La importancia de la libertad de asociación y expresión como
presupuestos para que los ciudadanos puedan decidir por sí mismos con
formación ética y cívica e información plural: “Uno de los aciertos del
cambio en España fue que lo que primero se recuperó fueron las
libertades de asociación y de expresión. Esas libertades, ejercidas por
todo aquel que quisiera, durante el año y medio anterior a las primeras
elecciones democráticas, facilita un intercambio nacional de pareceres y
crea una opinión pública madura, que fue a votar luego con conocimiento
de causa. Es decir, primero llega la libertad y, luego, el ejercicio
democrático del voto.”

6. Y por último, pero no menos importante, el proceso para elegir un
parlamento plural, que buscara sanar las heridas, cerrar la etapa y
comenzar una nueva. Celebrar una Asamblea Constituyente y redactar una
nueva Constitución donde, como dijera José Martí, “quepamos todos”. Para
ello el Ministro de Exteriores de España cita largamente a una
reconocida filósofa y profesora cristiana, Adela Cortina, autora del
libro “La ética de la sociedad civil” (Editorial Anaya,1994) un texto
que invito a leer y que nos dice que ninguna de estas seis claves para
una transición pacífica sería posible sin una ética de mínimos y sin
educar en valores morales y cívicos. Así la presenta el Sr. Margallo:

“Se eligió un parlamento que elaboró una nueva Constitución… Los
líderes políticos buscaron el bien común. Renunciaron los que tenían la
mayoría a imponer a la minoría una Constitución partidista. Quisimos
hacer una Constitución para todos. Escogimos de la memoria y de la
historia aquello que favorecía la integración, no lo que dividía a la
sociedad. No quisimos convertir el parlamento en el lugar donde se
debatía la historia.

El siguiente texto de la filósofa Adela Cortina expone muy acertadamente
cómo es posible replicar esa tarea en cualquier punto de nuestro mundo
global:

“Todos los códigos morales realmente vivos consideran que es injusto que
las gentes mueran de hambre o de sed, cuando hay medios más que
suficientes para que todos vivan con dignidad. Que es injusto que
algunos carezcan de , que no tengan atención sanitaria, que no
reciban una educación de calidad, que queden abandonados cuando ya son
ancianos o están enfermos. Que es injusto que una persona no pueda
expresarse libremente, asociarse con quien lo desee, desplazarse por un
territorio, que nadie le defienda si es acusado. Que es injusto que unos
hombres hagan esclavos a otros, que unas personas sean consideradas
inferiores a otras por su religión, por su sexo o por su raza. Que son
injustos la del maltrato, los castigos físicos, la tortura y
el terrorismo.”

Naturalmente, la construcción de una ética cívica tiene grandes
dificultades. La tentación de monopolizarla o de imponer un proyecto
único a todos los ciudadanos es grande. Y lo es tanto por parte del
Estado como por parte de todos los grupos que creen tener algo que ofertar.”

Considero que en Cuba existen grupos y personas serias, competentes y
responsables, tanto en sus instituciones como en su sociedad civil, que
tienen mucho que ofertar a la reconstrucción del país según el alma
propia de la nación cubana. Debemos crear los espacios de libertad y
participación que recojan e institucionalicen todos esos proyectos y
sueños de paz, justicia, libertad y prosperidad para Cuba.

Todos estos temas en los que hemos encontrado coincidencias con la
experiencia española de la Transición han sido largamente estudiados,
consensuados y demandados por nosotros los cubanos y cubanas desde hace
muchos años. Salen de nuestras propias necesidades y aspiraciones. Nadie
ha venido a dictárnoslo, ni siquiera a sugerírnoslo. No sería ético ni
aceptable. Pero encontrar diferencias y puntos coincidentes con pueblos
hermanos es conveniente y sabio.

El respeto a nuestra identidad cultural y a la soberanía ciudadana y
nacional del pueblo cubano que ha demostrado el canciller español ha
sido paradigmático. Nadie puede ni debe hacer por nosotros lo que nos
toca hacer por derecho y por deber. Una vez más resuenan en nuestras
mentes y corazones aquellas repetidas palabras del Papa san Juan Pablo
II en su visita a Cuba en 1998: “Ustedes son y deben ser los
protagonistas de su propia historia personal y nacional”.

Hagámoslo.

Source: Cuba y la transición española según Margallo: diferencias y
coincidencias –

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