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¿Denunciar o contemporizar?

Miércoles, Agosto 15, 2012 | Por René Gómez Manzano

LA HABANA, Cuba, agosto, www.cubanet.org -Se mantiene el interés

noticioso con respecto al accidente ocurrido el 22 de julio cerca de

Bayamo, en el cual perdieron la vida el líder opositor Oswaldo Payá y su

colaborador Harold Cepero. El chofer del vehículo, el español Ángel

Carromero, permanece encarcelado en La Habana.

Con respecto al delito que se le pudiera imputar al joven europeo, no es

razonable que haya duda alguna. Cualquiera versado en la legislación

cubana reconocerá que la única responsabilidad criminal que pudiera

exigírsele, tendría que basarse en el artículo 177 del Código Penal

vigente, que reprime el homicidio en ocasión de conducir vehículos por

la vía pública.

En cuanto a la sanción imponible, tampoco hay espacio para la

incertidumbre: el referido precepto prevé penas "de uno a diez años de

privación de ". El castigo, en su caso, tendría que estar

ajustado a ese marco: los preceptos de la Parte General del Código Penal

que contemplan posibles incrementos del límite máximo, no son

aplicables, pues ellos sólo rigen para los delitos intencionales.

Dejando a un lado el derecho puro, resulta imprescindible reconocer que

en este caso se repiten contradicciones y disyuntivas que han existido

con respecto a los órganos jurisdiccionales del castrismo desde el mismo

comienzo de la Revolución Cubana en 1959.

Ya en los años iniciales del régimen, ante los familiares de los

muchísimos sancionados por los tribunales de la Isla (algunos de ellos

por simples delitos de opinión enmascarados por las autoridades como

actos violentos) se planteó un dilema terrible: ¿Qué hacer ante los

atropellos que sufrían en las prisiones sus seres queridos?

Era la época en que nadie escuchaba, pero en que muchos intelectuales

relevantes del mundo (de modo especial en Europa y América Latina) sí

hablaban en abundancia, pero para defender al gobierno de La Habana, sin

prestar crédito alguno a los abusos que sus agentes cometían contra

quienes se le enfrentaban y permanecían encarcelados.

La dicotomía que se les planteaba a esas esposas, madres y otros

parientes era simple: ¿Callar ante las arbitrariedades que sufrían sus

familiares presos, o revelar esos excesos? (Como es lógico, esta segunda

opción implicaba la posibilidad de que se tomaran represalias contra los

cautivos políticos.)

En definitiva, los seres queridos de los reos optaron por la denuncia, y

los acontecimientos posteriores demostraron que actuaron con sabiduría:

gracias a sus declaraciones, se logró que entre los servidores del

régimen castrista el desenfreno fuese menor. Como resultado mejoró la

situación de los cubanos privados de libertad por motivos políticos.

El destino de aquellos compatriotas, que fueron los primeros en

enfrentarse al totalitarismo comunista, se ha repetido con

posterioridad, incluso con algunos ciudadanos de otros países. Los

cuerpos represivos del castrismo y sus obedientes tribunales han

dirigido sus acciones contra distintos extranjeros que en uno u otro

momento han incurrido en las iras del régimen.

Ejemplo actual de lo anterior es el norteamericano Alan Gross, encerrado

desde hace más de dos años por haber entregado a correligionarios suyos

equipos de comunicación cuya tenencia es lícita en cualquier otro país

del mundo. De inicio, los familiares del estadounidense —e incluso este

mismo— optaron por ajustar sus pronunciamientos a lo que deseaban oír

los autoridades de La Habana. No obstante, las esperanzas de ganar así

la benevolencia de estas últimas, se vieron defraudadas.

La presentación de excusas por los actos realizados (¡como si éstos

constituyesen delito!) no tuvo otro efecto que servir para que el

régimen totalitario se sintiera justificado en sus excesos. Al cabo del

tiempo, la esposa y parientes de Gross han convocado a la solidaridad de

sus correligionarios judíos y de todas las personas decentes del mundo,

con lo cual se abren nuevas posibilidades de solución para su caso.

Con respecto al accidente que nos ocupa, los posibles argumentos de

descargo del chofer fueron expuestos con brillantez por el colega Carlos

Alberto Montaner: En un país libre, Carromero y su defensor enrostrarían

a las autoridades el pésimo estado de la vía y la falta de señalización;

y a la empresa estatal que alquiló el auto, el no funcionamiento de los

air bags.

¿Será esa la línea que seguirán el presunto responsable y su

representante legal? A juzgar por lo que hemos visto hasta ahora, no

parece que sea así. Más bien la tendencia que se observa —no sólo en el

chofer, sino incluso en el pasajero sueco— ha sido la de presentar

disculpas por mantener contactos con opositores, como si un ,

para comunicarse con ciudadanos libres del país visitado, tuviese que

recabar un permiso especial. ¡Ojalá que esa actitud contemporizadora

surta efectos en esta ocasión!

http://www.cubanet.org/articulos/%c2%bfdenunciar-o-contemporizar/

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