Facts, not fiction
Calendar
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for more powerful servers. Thank you.
EnglishFrenchGermanItalianPortugueseRussianSpanish

Servicio Militar Obligatorio, Represión

Los CEIS, campos de castigo militar en Cuba

Se dice que fueron muchos los jóvenes cubanos que no aguantaron las

barbaridades a que eran sometidos en los CEIS y se suicidaron

Andy P. Villa, Guadalajara | 11/07/2012 10:11 am

No hay una falta de ortografía en el título de este artículo. Así eran

conocidos los campos de castigo y trabajos forzados militares que tenían

(o tienen aún) las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) de Cuba: CEIS,

que son las siglas de: "Centro de Entrenamiento Intensivo del Soldado."

Lo curioso es que el entrenamiento intensivo al que eran sometidos allí

los reclutas del Servicio Militar General (SMG) no era para formarlos en

las técnicas de combate, o para especializarlos en el arte de "defender

a la patria", sino para "reeducarlos", o más bien para someterlos a la

obediencia cuando no cumplían a cabalidad con lo que se esperaba de

ellos. Este entrenamiento consistía en torturas basadas en el

agotamiento físico extremo y el dolor corporal.

Cuando los soldados cometían reiteradamente indisciplinas, como fugas de

la unidad militar, insubordinaciones, o incumplimiento en las guardias,

eran enviados como castigo a estos lugares, que se encontraban

diseminados por todo el territorio nacional. Si mal no recuerdo, algunos

cercanos a la capital se encontraban en lugares como: San José de las

Lajas, Managua, o Punta Brava, entre otros.

La decisión de mandar algún soldado a estos centros la tomaba su jefe de

pelotón o de compañía y debía ser avalada por el Jefe de Unidad. Cuando

esto ocurría, el soldado era apresado para que no escapara al conocer lo

que le esperaba, y conducido en un jeep militar hacia su destino.

Yo nunca fui a una de esas prisiones, pero sí tuve varios compañeros que

pasaron por allí (de los "llamados": 27, 271/2, 28 y 281/2, entre los

años 1991 y 1993) y escuché muchos relatos sobre lo que tuvieron que

soportar.

Los levantaban muy temprano en la mañana, entre gritos y ofensas. De

desayuno les daban un poco de con azúcar, que debían beber en menos

de un minuto, e inmediatamente empezaba el entrenamiento diario bajo el

fuerte sol, con casco, pechera con cargadores, fusil, careta antigases,

etc. Toda la mañana los mantenían haciendo ejercicios hasta el

agotamiento y sin descanso, por lo que muchos no lo soportaban y se

desmayaban, entonces eran conducidos a la enfermería y tan pronto se

recuperaban regresaban al entrenamiento.

La mayor parte de los días no se podían bañar porque los oficiales

decían que no había agua, y cuando sí había, solo disponían de diez

minutos para bañarse todos los reclusos juntos bajo unas pocas llaves de

salida del preciado líquido, o al menos mojarse un poco el cuerpo para

refrescarse y desprenderse de la tierra adherida al cuerpo durante días,

sin ninguna clase de jabón o champú. Lo que provocaba una fuerte

competencia por obtener el agua, riñas, y la humillación que caracteriza

a estos métodos de desmoralización del ser humano.

A los pocos días de estar allí, en los pies se formaban ampollas muy

dolorosas, pero eran obligados a ponerse las botas a como diera lugar y

cumplir con el entrenamiento diario de 12 horas. Para que un recluso

pudiera permanecer en la enfermería por algunos días completos, debía

estar realmente en muy malas condiciones, o porque las fingiera muy bien.

El horario de almuerzo duraba unos pocos minutos, que realmente eran más

que suficientes para consumir la poquísima que les daban y de muy

mala calidad, por lo que perdían peso muy rápidamente. Conocí personas

que regresaron a la semana de estar en un CEIS y era muy significativo

su adelgazamiento y las ojeras características. Si estaban allá por 15

días, o más, regresaban irreconocibles.

Normalmente, la primera vez que llevaban a un soldado a un CEIS era por

una semana y era más que suficiente para que aprendiera la lección y se

comportara de ahí en lo adelante "correctamente". Pero si eso no

ocurría, eran enviados por segunda vez y por 15 días. Si reincidían,

regresaban por tres semanas, o en el peor de los casos por un mes,

aunque era poco común. En estos lugares no había visitas, ni llamadas

telefónicas, ni ningún tipo de contacto con el exterior, hasta que

regresara el jeep de su unidad a recogerlo, cuando lo entendieran sus

superiores. Dicen que se sentía una gran alegría al ver a los oficiales

que venían a buscarlos, una mezcla de felicidad y odio.

Si en algún momento del entrenamiento no se rendía lo suficiente, eran

ofendidos por los sargentos instructores que dirigían el entrenamiento,

y en caso de que se negaran a obedecer eran golpeados por algunos de

ellos hasta que entraran en razones o terminaran en la enfermería. Se

dice que fueron muchos los jóvenes cubanos que no aguantaron estas

barbaridades y se suicidaron en aquellos famosos campos conocidos como

"CEIS".

En el caso de soldados indomables, que a pesar de visitar varias veces

los CEIS reincidían en su rebeldía, como también los desertores de las

FAR, eran juzgados ante un tribunal militar y condenados a cumplir sus

sentencias en la prisión conocida como: "Ganuza", por períodos de seis

meses, un año, año y medio, o hasta por la totalidad del tiempo que les

restara de Servicio Militar.

http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/los-ceis-campos-de-castigo-militar-en-cuba-278390

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>